Lo Que El Dinero No Compro

CAPÍTULO 19

Nicole
Noah Harris, ese era el nombre del hombre que más solicitaba mi compañía y con quien más ingresos de dinero obtenía. Y me necesitaba para este fin de semana.

Este viaje con los Cooper no hiso más que complicarlo todo, no pude estar con Lucas y tuve que rechazar a uno de mis mejores clientes. Me pidió que mañana en la noche hiciera lo posible por estar disponible y espero que mi demandante jefe no me salga con otra sorpresa. Este viaje fue suficiente.

No creo que sus horas extras compensen lo que Noah Harris me paga por unas dos horas de mi tiempo.

El domingo amaneció y la luz entraba por la ventana de mi habitación en una mezcla suave de dorado y azul, y por un momento me quedé mirando el techo, escuchando el sonido del mar a lo lejos. El aire olía a sal y madera húmeda, y todo parecía demasiado tranquilo.

Demasiado normal.

Lo cual era extraño, considerando que dentro de mí no había nada normal.

Pensé en la noche anterior, en la caminata con David, en la llamada, en la forma en que lo había visto mirarme después.

Suspiré y me obligué a levantarme pues hoy al fin terminaba el fin de semana y yo necesitaba volver a mi normalidad.

Me arreglé con calma, intentando ordenar mis pensamientos. Cuando salí de la habitación, el aroma a café y pan tostado ya llenaba la casa.

El desayuno estaba listo.

Las voces venían desde el comedor entonces respiré hondo antes de entrar.

Todos estaban ya sentados alrededor de la mesa grande de madera. Los niños hablaban al mismo tiempo, Cassie reía mientras servía jugo, y la cuidadora terminaba de poner platos sobre la mesa.

Y David…

David ya estaba mirándome.

Lo supe incluso antes de verlo directamente.

Cuando levanté los ojos, ahí estaba, y esta vez no era como antes. No era una mirada casual… era intensa.

Algo en mi estómago se tensó.

—Buenos días —dije, intentando sonar normal.

—¡Nicole! —exclamó Liam—. Siéntate aquí.

Me acomodé en la silla que me señalaba, entre los niños, agradecida por la pequeña barrera que eso representaba.

Pero no ayudó demasiado porque David no dejó de mirarme y mientras intentaba concentrarme en servirme café, sentía su atención como si fuera algo físico.

Caliente.

Persistente.

¿Por qué me mira así?

Traté de ignorarlo.

—¿Dormiste bien? —preguntó Cassie con una sonrisa suave.

—Sí, muy bien —respondí.

Mentira.

Pero sonó convincente.

La conversación comenzó a fluir de manera natural: el clima, lo despejado que estaba el día después de la tormenta, los planes para aprovechar las últimas horas en la playa.

Ethan contaba una historia exagerada sobre un castillo de arena que pensaba construir.

Cassie hablaba de llevar frutas a la playa.

Todo era normal.

Excepto que cada vez que levantaba la vista…

Ahí estaba David observándome con más atención que el día anterior. Con más preguntas en los ojos y eso me estaba poniendo nerviosa. De repente, bajo la mesa, escuché un pequeño golpe seco.

David hizo una leve mueca.

Cassie, sin mirarlo siquiera, tomó un sorbo de café con absoluta calma.

Tardé un segundo en entenderlo.

Le había pisado el pie.

Tuve que morderme el interior de la mejilla para no sonreír y David finalmente desvió la mirada hacia su plato.

Gracias, Cassie.

La conversación continuó, ligera, hasta que Liam, con la naturalidad de un niño curioso, hizo una pregunta que me tomó por sorpresa.

—Nicole —dijo—, ¿y tu familia? ¿A qué se dedican?

La mesa quedó en silencio un segundo.

Sentí la mirada de David regresar a mí.

Respiré con calma.

—Bueno… —dije—. En realidad, mi familia es pequeña. Tengo un hermano menor.

Eso era verdad, pero no dije más.

No mencioné hospitales.

No mencioné operaciones.

No mencioné el motivo real por el que estaba ahí, solo sonreí ligeramente.

—Se llama Lucas.

Los niños parecieron satisfechos con la información.

Pero David no.

—¿Cuántos años tiene? —preguntó.

Levanté la mirada hacia él.

Había algo en su tono.

No era curiosidad superficial.

Era interés real.

—Dieciséis.

—¿Y qué le gusta hacer?

La pregunta me tomó desprevenida y algo dentro de mí cambió porque cuando pensé en Lucas… todo lo demás se volvió menos importante.

—Le encantan los videojuegos —dije, sonriendo sin darme cuenta—. Y los documentales de animales. Puede pasar horas viendo videos sobre el océano, tiburones, ballenas…

Hice una pequeña pausa.

—Nunca ha visto el mar en persona.

No sé por qué dije eso.

Tal vez porque todavía tenía la conversación del sábado en la cabeza.

Pero cuando levanté la vista David me estaba mirando de una manera distinta.

No como antes.

No con sospecha.

Con algo más.

—Es muy inteligente —continué—. Y hace mil preguntas todo el tiempo. A veces siento que sabe más cosas que yo.

Los niños rieron.

—Ethan también hace muchas preguntas —dijo Cassie.

—Sí, pero Lucas tiene… —me detuve, buscando la palabra correcta—. Una forma de ver el mundo que te obliga a mirar más lento.

Y entonces me di cuenta de algo.

Estaba hablando de él con demasiado cariño.

Demasiada emoción.

Pero no pude detenerme.

—Es mi persona favorita en el mundo.

Cuando terminé de hablar, el comedor estaba en silencio.

No incómodo.

Solo… atento.

Y David…

David parecía sorprendido.

Como si no esperara ver esa parte de mí, como si estuviera conociendo a alguien completamente diferente lo cual, en cierto modo, era verdad porque la Nicole que hablaba de Lucas…

No era la misma que él había visto en su oficina ni la que había escuchado hablar por teléfono.

Era otra.

Más real.

Y por alguna razón, eso parecía haberlo dejado sin palabras.




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