Lo Que El Dinero No Compro

CAPÍTULO 21

Nicole

El camino de vuelta a la casa fue demasiado tranquilo después de lo ruidosa que había sido la salida.

Liam se había quedado dormido primero, con la cabeza apoyada contra la ventana del coche. Ethan resistió unos minutos más, como si dormir fuera una derrota, pero al final también cayó rendido.

Cuando estacionamos frente a la casa de playa, el sonido del motor apagándose pareció llenar todo el lugar.

El mar se escuchaba a lo lejos.

Cassie apagó el auto y suspiró.

—Misión cumplida —murmuró.

Miré hacia atrás. Los dos niños dormían profundamente.

—Están agotados —dije.

Cassie sonrió.

—Eso es lo bueno de llevarlos a correr todo el día.

Salimos del coche en silencio, cerrando las puertas con cuidado.

El aire del atardecer estaba más frío que en la mañana, y el cielo comenzaba a teñirse de tonos naranjas y rosados que parecían irreales.

Cassie abrió la puerta trasera y miró a los niños.

—Yo me encargo de ellos —dijo en voz baja.

—Puedo ayudarte.

—No, en serio. —Me dedicó una sonrisa cómplice— Ve a descansar un poco.

Cassie tomó a Liam con cuidado y luego a Ethan, como si llevara haciendo eso toda su vida. Después se perdió en los pasillos de la casa, silenciosa y segura, mientras yo me quedaba en la entrada unos segundos más escuchando el mar.

Entonces lo vi.

David estaba en el deck de espaldas a la casa, inmóvil con las manos en los bolsillos del pantalón mirando el horizonte como si el mundo entero estuviera allí, frente a él.

El viento movía ligeramente su camisa, y por un momento pareció una figura sacada de un cuadro.

No tenía ninguna razón para ir hacia él y aun así cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo, ya estaba caminando en su dirección. Mi cuerpo había tomado la decisión antes que mi cabeza.

—Genial, Nicole —murmuré para mí misma—. Muy profesional.

Pero ya era tarde.

Cuando llegué al deck, David giró levemente la cabeza al escuchar mis pasos.

No pareció sorprendido de verme.

—Volvieron —dijo.

—Sí.

Me apoyé en la baranda de madera, mirando el mar para no mirarlo directamente.

—Los niños se durmieron en el coche.

—Eso significa que el día fue un éxito.

Sonreí un poco.

—Cassie se los llevó a sus habitaciones.

Hubo un pequeño silencio, pero no era incómodo sino todo lo contrario, era tranquilo. El sonido de las olas llenaba los espacios entre nuestras palabras.

David volvió a mirar el mar.

—¿Les gustó el pueblo?

—Mucho. —Sonreí recordando— Liam quiere volver para comprar cinco sombreros que no necesita.

—Eso suena a él.

—Y Ethan fingió que no se estaba divirtiendo, pero se rió más que todos.

David soltó una pequeña risa por la nariz.

—También suena a él.

Por un momento solo nos quedamos allí, observando el océano.

El viento levantó algunos mechones de mi cabello y tuve que apartarlos de mi cara. David me miró un momento más largo de lo normal luego preguntó:

—¿Tu hermano también es así?

Sentí un pequeño golpe en el pecho.

—Somos bastante unidos —continué, y eso no era una mentira.

—¿Vive contigo?

—No ahora mismo.

Otra media verdad.

David asintió lentamente.

—Debe ser importante para ti.

Lo miré de reojo.

—Lo es.

Y eso sí era completamente verdad.

El silencio volvió, pero no se sintió pesado.

—¿Y usted? —pregunté después de un momento.

David levantó una ceja.

—¿Yo?

—No todo puede ser trabajo y… —hice un gesto hacia el mar— contemplar el horizonte de forma dramática.

David soltó una risa baja.

Una risa real.

—A veces también contemplo balances financieros.

Sonreí.

—Qué emocionante.

—Lo es cuando hay millones en juego.

—Supongo que sí.

David apoyó los brazos en la baranda del deck.

—Mi vida es bastante simple en realidad.

Eso me sorprendió.

—No lo parece.

—Lo sé —miró el mar por un momento más—. Trabajo, mis hijos, mi hermana cuando aparece como un huracán.

Sonreí.

—Esa es una buena descripción.

—Sí.

Hubo un pequeño silencio.

Luego David me miró otra vez.

—¿Y tú, Nicole?

Mi estómago se tensó apenas.

—¿Qué hay conmigo?

—Siento que no sé casi nada de ti.

Sentí el peso de esa frase porque tenía razón y tenía que seguir siendo así.

Si David Cooper supiera quién era yo realmente… Lo más probable era que todo esto terminara en ese mismo instante y no podía permitirlo.

No ahora, no cuando Lucas todavía estaba esperando.

Así que sonreí un poco.

—Soy bastante aburrida.

David no pareció convencido.

—No lo creo.

—Lo soy.

Sostuvo mi mirada.

—Hay algo en ti.

Sentí que el corazón me daba un pequeño salto incómodo.

—¿Algo?

—Sí.

—Eso suena sospechoso.

David sonrió apenas.

—Misterio.

Tragué saliva.

—Creo que ve demasiadas películas.

—Tal vez.

Pero su mirada decía que no, que realmente lo pensaba, que estaba tratando de descifrarme y eso era peligroso.

Muy peligroso.

Así que desvié la conversación.

—El mar es distinto en la tarde —dije mirando el horizonte—. Parece más tranquilo. Podría quedarme aquí horas.

—Yo también.

Y por primera vez desde que conocí a David Cooper no sentí que estaba hablando con mi jefe ya que solo éramos dos personas frente al mar conversando con verdades a medias y silencios que decían demasiado.




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