David
La casa vuelve a estar en orden cuando regresamos de la playa.
Las maletas desaparecen, los niños corren por los pasillos como si el fin de semana hubiese sido solo un paréntesis alegre y Cassie se encierra en una llamada interminable con alguien de su estudio de moda.
Todo está exactamente como debería estar.
Excepto por un detalle: Nicole no está.
Fui yo quien le dio dos días libres. Lo hice casi de manera automática, como una compensación lógica por haber trabajado todo el fin de semana, por haber aceptado acompañarnos cuando claramente podía haber dicho que no.
Fue una decisión racional. Y, sin embargo, ahora camino por la casa como si hubiese cometido un error de cálculo.
No es algo que pueda explicar con facilidad, pero la ausencia de Nicole tiene peso.
Lo noto en cosas pequeñas.
En el silencio distinto del comedor cuando desayuno con los niños.
En la manera en que Liam pregunta dos veces cuándo vuelve.
En cómo Ethan mira la silla donde ella suele sentarse antes de recordar que ya no está.
Pero lo que realmente me inquieta es que yo también lo noto.
Intento concentrarme en el trabajo. Mi oficina en la casa es un espacio diseñado para eso: orden absoluto, pantallas encendidas, informes abiertos, números que siempre tienen sentido.
Los números no mienten, las personas sí y, sin embargo, hoy ni siquiera los números logran mantener mi atención porque mi mente vuelve, una y otra vez, al mismo lugar.
A la playa.
A la manera en que el viento movía el cabello de Nicole cuando estaba en el agua al atardecer.
A la forma en que hablaba de su hermano durante el desayuno esa mañana, como si el mundo entero se redujera a él.
A esa conversación en el deck, cuando me habló con medias verdades y aun así sentí que estaba escuchando algo importante.
Y luego está la llamada.
Ese nombre.
El que escuché mientras fingía darle privacidad.
No logro recordarlo con claridad, pero sé que lo he oído antes.
No es un nombre cualquiera.
Hay algo en él que me resulta familiar, incómodo… como un eco que todavía no puedo ubicar.
Me levanto de la silla.
No es la primera vez que lo hago en los últimos diez minutos.
Camino hasta la ventana que da al jardín donde Nicole solía sentarse ahí con los niños después de la merienda. Liam llevaba siempre un libro, Ethan fingía no escucharla, pero terminaba quedándose. Y ella…
Ella parecía diferente en esos momentos.
Más ligera.
Como si por un rato dejara de cargar algo que todavía no entiendo.
Aprieto la mandíbula.
Esto es ridículo.
No es la primera vez que alguien se ausenta de mi casa.
No es la primera vez que una niñera trabaja aquí.
Y definitivamente no debería importarme.
Pero Nicole no es como las demás.
Lo supe desde el primer día.
Desde el momento en que entró en la sala y no intentó agradarme. Desde la forma en que respondió cada pregunta como si no tuviera nada que demostrar.
Desde la manera en que me miró sin miedo y aun así manteniendo distancia.
Me apoyo en el marco de la ventana y entonces lo admito, aunque sea solo para mí. Nunca había pensado en alguien de esta forma.
En las conversaciones que nunca terminamos.
En esa tensión constante que existe cuando está cerca.
No con esta insistencia absurda.
Intento recordar cuándo fue exactamente el momento en que esto empezó a volverse personal.
Quizá fue cuando Liam enfermó y ella no se movió de su lado en toda la noche.
Quizá fue cuando la escuché hablar de su hermano como lo más valioso.
O tal vez fue antes.
Tal vez fue desde el principio.
Desde esa mirada cargada de misterio que me advirtió que debía mantener distancia.
Y aun así aquí estoy pensando en ella como si hubiese dejado algo atrás en esta casa. Camino por el pasillo del segundo piso sin darme cuenta. Mis pasos me llevan hasta la puerta de la habitación que ocupó durante el fin de semana anterior al viaje.
Me detengo.
No debería hacer esto, pero lo hago igual.
Abro la puerta.
La habitación está ordenada, impecable, como si nunca hubiese estado aquí. Sin embargo, hay algo, ese leve aroma que todavía permanece en el aire.
No es perfume exactamente, es algo más suave. Y por un instante absurdo tengo la sensación de que Nicole podría aparecer en cualquier momento, mirándome con esa mezcla de calma y cautela que siempre tiene cuando estamos solos.
Cierro los ojos un segundo.
Esto no es normal. No debería estar reaccionando así, no por alguien que apenas conozco, no por una mujer que claramente guarda secretos, no por alguien que probablemente desaparecerá de mi vida cuando termine este trabajo.
Y sin embargo no puedo evitar pensar en la llamada que escuché en la playa.
En la frialdad con la que habló.
En lo profesional que sonó.
Como si esa versión de Nicole no tuviera nada que ver con la mujer que cuida a mis hijos o con la que me miró bajo la tormenta esa noche.
¿Quién eres realmente, Nicole Miller? Porque cada día que pasa tengo más claro algo.
No eres solo una niñera, no eres solo una mujer que intenta mantener distancia. Y definitivamente no eres alguien fácil de entender.
Cierro la puerta de la habitación, pero mientras camino de vuelta por el pasillo, una idea se instala en mi cabeza con una claridad inquietante.
Faltan dos días para que vuelva y por primera vez en mucho tiempo, dos días me parecen demasiado.
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Editado: 29.03.2026