David
En el momento en que Cassie se levanta de la mesa sé que algo no está bien.
Mi hermana no es una mujer dramática. No se levanta abruptamente ni deja conversaciones a medias. Por eso, cuando la veo caminar rápido por el pasillo con el teléfono todavía en la mano, me levanto sin pensarlo.
—Sigan comiendo —digo antes de salir del comedor.
No espero respuesta.
La alcanzo justo cuando está llegando al vestíbulo.
—Cassie.
Ella se detiene, pero no se gira inmediatamente. Puedo ver cómo aprieta el teléfono con fuerza, como si estuviera tratando de no romperlo entre sus dedos.
Camino hasta quedar frente a ella.
—¿Qué pasó? —pregunto.
Cassie levanta la mirada y el golpe de ver su expresión me atraviesa el pecho.
No está llorando, eso sería más fácil. Está furiosa y profundamente herida.
—¿Qué te dijeron en esa llamada? —insisto.
Durante unos segundos parece debatirse entre responder o no. Finalmente deja escapar una risa corta, amarga.
—Nada que no supiera ya.
La miro con el ceño fruncido.
—Cassie.
Suspira.
—Una mujer.
Eso tampoco me sorprende. Cierro los ojos un segundo, intentando controlar la irritación que ya empieza a crecer dentro de mí.
—¿Qué mujer?
Cassie se encoge de hombros, pero el gesto es tenso.
—No lo sé. No dijo su nombre —hace una pausa—. Solo dijo que estaba en mi casa.
Mi mandíbula se tensa.
—¿Qué?
—Dijo que estaban juntos.
Siento cómo algo oscuro empieza a moverse dentro de mi pecho.
Cassie continúa hablando, cada palabra más fría que la anterior.
—Que estaban en ¡mi cama!
El silencio que sigue es pesado. No estoy sorprendido, ese es el problema. No es la primera vez, pero eso no significa que no me enfurezca.
—Ese hijo de puta… —murmuro.
Cassie suelta otra risa amarga.
—Sí. Exactamente.
Paso una mano por mi cabello, tratando de controlar la rabia que empieza a hervirme bajo la piel.
—Voy contigo.
Cassie levanta la mirada inmediatamente.
—No.
—Cassie.
—No, David.
Su voz es firme. Más firme de lo que la he escuchado en mucho tiempo.
—Esto es un asunto entre él y yo.
—Ese tipo está en tu casa con otra mujer.
—Lo sé perfectamente.
—Entonces no vas a ir sola.
Ella da un paso atrás. Sus ojos brillan con algo que no había visto antes.
Cansancio.
—Estoy harta, David —las palabras salen en un susurro quebrado—. Estoy tan cansada.
Me quedo en silencio.
—Lo amo —continúa, mirando el suelo—. Dios sabe que lo amo.
Su voz se vuelve más dura.
—Pero ni con todo el amor que siento por él merezco que me humillen de esta manera.
Siento cómo se me aprieta el pecho. Cassie levanta la mirada otra vez.
—No merezco que me engañen en mi propia casa.
Aprieta el teléfono con más fuerza.
—En mi propia maldita cama.
No digo nada porque no hay nada que pueda decir que arregle esto.
—Voy a ir a verlo —añade finalmente.
—Entonces voy contigo.
—No.
Su respuesta vuelve a ser inmediata.
—Cassie.
—David.
Esta vez dice mi nombre con esa voz que usaba cuando éramos niños y yo estaba a punto de meterme en problemas.
La voz que significa no insistas.
—Esto lo tengo que hacer yo.
La observo unos segundos.
—Si ese imbécil te levanta la voz…
—No lo hará, no lo permitiré. Confía en mí.
Cassie toma su bolso del aparador y camina hacia la puerta. Se detiene un momento antes de abrirla.
—Gracias por preocuparte.
Luego agrega algo más bajo.
—Pero esta vez necesito enfrentarlo sola.
La puerta se abre y el aire del exterior entra en el vestíbulo. Cassie sale sin mirar atrás. Y cuando la puerta se cierra detrás de ella, me quedo ahí de pie sintiendo cómo la furia todavía me arde bajo la piel. Porque si ese idiota piensa que puede seguir tratando a mi hermana de esa manera está muy equivocado.
#1282 en Novela romántica
#489 en Novela contemporánea
romance, traicion abandono dolor, embarazo inesperado con millonario
Editado: 19.04.2026