Lo Que El Dinero No Compro

CAPÍTULO 29

Nicole

Cuando David regresa al comedor, el ambiente ya no es el mismo.

Los niños han dejado de hablar tanto. Ethan juega distraídamente con su tenedor mientras Liam mueve su vaso de jugo sobre la mesa haciendo pequeños círculos.

Yo intento parecer tranquila, pero no puedo evitar mirar hacia la puerta por donde Cassie salió.

David entra con paso firme, aunque algo en su expresión es diferente. Su mandíbula está tensa y sus hombros parecen rígidos, como si estuviera conteniendo algo.

—¿Dónde está la tía Cassie? —pregunta Liam.

David se sienta lentamente.

—Tu tía tenía que salir un momento.

Su voz es calmada, pero sé reconocer cuando alguien está ocultando algo y David claramente lo está haciendo.

Liam frunce el ceño.

—¿Pero por qué se fue tan rápido?

David toma su vaso de agua.

—A veces los adultos tienen cosas que resolver.

Liam no parece satisfecho con la respuesta.

—¿Está enojada?

El silencio dura un segundo demasiado largo.

David finalmente suspira apenas.

—No.

Luego cambia el tema con naturalidad.

—¿Quién ganó el partido esta mañana?

Ethan levanta la cabeza inmediatamente.

—¡Yo!

—¡Mentira! —protesta Liam—. Nicole ganó.

David me mira entonces y durante un segundo olvidamos completamente que los niños están sentados con nosotros. Su mirada se suaviza apenas.

—¿Eso es cierto?

—No exactamente —respondo con una pequeña sonrisa—. Solo corrí más.

Liam asiente con convicción.

—Eso significa que ganaste.

David deja escapar una pequeña risa, pero aun así algo sigue pesando en el aire. Nadie vuelve a mencionar a Cassie y el día transcurre como cualquier otro.

Ya en el silencio de mi habitación el teléfono vibra sobre mi mesa de noche.

Abro los ojos de inmediato.

La pantalla del celular ilumina la habitación.

00:03

Y un número desconocido.

Mi corazón se acelera incluso antes de contestar.

—¿Hola?

—¿Nicole Miller?

La voz del otro lado es profesional.

—Sí.

—Le llamamos del hospital San Gabriel, soy el doctor Myers.

Mi respiración se corta.

—¿Lucas?

—Su hermano tuvo una descompensación hace aproximadamente treinta minutos.

El mundo parece detenerse.

—¿Qué… qué pasó?

El doctor mantiene un tono calmado, clínico.

—Lucas sufrió un episodio de taquicardia ventricular, lo que significa que su corazón comenzó a latir demasiado rápido e irregularmente.

Aprieto el teléfono con fuerza.

—¿Está…?

—Logramos estabilizarlo —continúa—. El episodio provocó una caída en su presión arterial y dificultad para mantener una oxigenación adecuada.

Siento que me falta el aire.

—Actualmente está siendo monitoreado constantemente.

—¿Está consciente?

—Sí.

Mis ojos se llenan de lágrimas.

—Pero fue un episodio serio, Nicole —agrega la doctora con suavidad—. Sería bueno que viniera.

No necesito que me lo diga dos veces.

—Voy ahora mismo.

Salgo de mi habitación prácticamente corriendo con el rosto cubierto en lágrimas y mente en todas partes al mismo tiempo.

Lucas.

Lucas.

Lucas.

Doblo el pasillo con rapidez y choco casi de frente con alguien.

—Nicole, cuidado.

David está parado en medio del pasillo, todavía vestido con una camisa oscura y los primeros botones abiertos, como si tampoco hubiera podido dormir. Sus ojos se fijan inmediatamente en mi rostro.

—¿Qué pasó?

Intento hablar, pero las palabras se quedan atrapadas en mi garganta.

David frunce el ceño.

—Nicole —da un paso hacia mí— ¿Qué sucede?

Y entonces algo dentro de mí se rompe porque llevo demasiado tiempo sosteniendo todo sola.

—Mi hermano… —la voz me tiembla—. Está en el hospital.

David se queda inmóvil.

—¿Tu hermano?

Asiento rápidamente mientras las lágrimas comienzan a caer sin control.

—Lucas… tiene una enfermedad cardíaca —decirlo en voz alta duele más de lo que esperaba—. Una cardiopatía congénita —continúo—. Su corazón no funciona correctamente —David no dice nada, solo me escucha y esa simple atención hace que todo salga de golpe—. Necesita una cirugía muy costosa —susurro—. Una que podría salvarle la vida —mis manos tiemblan—. Por eso tomé este trabajo, el dinero… —continúo—. Todo lo que gano es para pagar la operación —respiro temblorosamente—. Pensé que tendría más tiempo —la imagen de Lucas en esa cama de hospital atraviesa mi mente—. Pero ahora me dicen que su corazón se descompensó. Que tuvo una arritmia grave.

David finalmente habla.

—Nicole… no sabía…

Su voz es suave.

—Necesito verlo —digo desesperada—. Necesito ir al hospital.

Él no duda ni un segundo.

—Te llevo.

Levanto la mirada.

—David, no tienes que.

—Ahora.

Su tono es firme, decidido y por alguna razón eso me hace sentir menos sola.

Asiento.

—Gracias.

El trayecto al hospital se vuelve un borrón de luces y sombras.

No recuerdo exactamente cómo llegamos al auto. Solo recuerdo el sonido de la puerta cerrándose, el motor encendiéndose y mis manos temblando sobre mis piernas como si no me pertenecieran.

Las luces de la ciudad pasan rápidas por la ventana, difuminadas por las lágrimas que no dejo de limpiar con el dorso de la mano. Intento respirar profundo, pero el aire no parece llegar a mis pulmones. Siento como si algo invisible estuviera apretando mi pecho, como si el miedo tuviera peso.

—Va a estar bien —dice David con voz firme mientras conduce.

Quiero creerle. Dios, quiero creerle tanto que me duele, pero mi mente no me deja porque la última vez que el hospital me llamó en medio de la noche recuerdo haber corrido por los mismos pasillos blancos mientras un médico nos explicaba que su corazón no latía como el de los demás niños. Que cada día que respirara sería un pequeño milagro si no le realizaban una operación.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.