David
Cuando cierro la puerta de la habitación de Lucas detrás de mí, el pasillo del hospital se siente extrañamente silencioso. El doctor Myers camina a mi lado revisando algunos documentos en su tablet. Las luces frías del techo hacen que todo parezca aún más clínico, más distante.
Nos detenemos cerca de la estación de enfermería y el médico levanta la mirada.
—Señor Cooper, antes de continuar necesito saber exactamente cuál es su relación con el paciente.
No me sorprende la pregunta.
—Un amigo que quiere ayudar.
El doctor me observa con atención.
—La cirugía que necesita Lucas no es un procedimiento simple.
—Lo imaginé.
El médico asiente lentamente.
—Se trata de una corrección quirúrgica de su cardiopatía congénita. Su corazón presenta una malformación estructural que ha obligado al músculo cardíaco a trabajar bajo presión durante años —cruzo los brazos mientras escucho—. La operación implicará abrir el tórax para acceder al corazón. Durante la intervención utilizaremos una máquina de circulación extracorpórea, que se encargará de mantener la sangre oxigenada mientras el corazón se detiene temporalmente para poder repararlo.
Mi mandíbula se tensa apenas.
—¿Qué probabilidades tiene?
El doctor guarda silencio unos segundos.
—Altas… si se realiza pronto —suspira levemente—. Pero el estado actual de Lucas ya muestra signos de descompensación cardíaca progresiva. El episodio de esta noche fue una advertencia.
—¿Advertencia de qué?
—De que su corazón está llegando al límite.
Asiento despacio.
—Entonces no perdamos tiempo, quiero al mejor cirujano disponible.
—El doctor Wilson es uno de los mejores cirujanos cardiovasculares del país.
Nos despedimos poco después y vuelvo a caminar por el pasillo hacia la habitación, cuando abro la puerta, me detengo en seco.
Nicole está sentada junto a la cama mientras sostiene la mano de Lucas entre las suyas, inclinada hacia él como si quisiera protegerlo incluso mientras duerme.
—…vas a poder correr —susurra, su voz es suave, casi un secreto—. Vas a poder gritar cuando tu equipo gane un partido, vas a poder enamorarte y vamos a ir al mar.
Mi pecho se aprieta porque entiendo algo muy simple. Todas esas cosas que para otros son normales para ella siempre fueron sueños frágiles.
Nicole inclina la frente hasta rozar los dedos de Lucas.
—Te prometí que algún día te llevaría.
En ese momento Lucas se mueve ligeramente y Nicole levanta la cabeza de inmediato.
—¿Lucas?
Los ojos del chico se abren lentamente.
—¿Nic…?
Su voz suena débil, todavía pesada por los medicamentos, ella se inclina enseguida hacia él.
—¡Hola!
Lucas parpadea varias veces mirando la habitación.
—¿Qué pasó?
Nicole acaricia su cabello con cuidado.
—Tu corazón tuvo un susto, pero fue la última vez.
Lucas frunce el ceño.
—¿Por qué?
Ella lo mira durante unos segundos antes de hablar.
—Porque te van a operar.
El silencio llena la habitación.
Lucas parpadea.
—¿Operar…?
Nicole asiente con suavidad.
—Van a arreglar tu corazón.
Por un momento parece que Lucas no sabe qué sentir, luego su mirada se oscurece ligeramente.
—¿Y si…?
No termina la frase, pero entiendo perfectamente lo que iba a decir.
Nicole aprieta su mano.
—Todo va a salir bien.
Lucas no parece convencido.
—¿Y si no despierto?
Las palabras caen pesadas en la habitación y Nicole se queda sin respuesta, puedo verlo en su rostro, hay miedo. Es ese miedo que lleva años escondiendo así que doy un paso hacia la cama.
Lucas levanta la mirada hacia mí por primera vez.
—Hola, Lucas.
—Hola amigo de mi hermana.
No puedo evitar sonreír un poco, pero noto que Lucas guarda silencio unos segundos antes de hablar.
—¿Las operaciones del corazón duelen?
Me acerco un poco más a la cama.
—Cuando despiertes tal vez te sientas cansado.
—¿Mucho?
—Un poco.
Lucas piensa unos segundos.
—¿Pero después podré correr?
La pregunta es tan directa que me golpea más fuerte de lo que esperaba.
—Sí.
—¿De verdad?
—Sí.
—¿Y nadar?
—También.
—¿Y jugar fútbol?
—Probablemente mejor que antes.
Los ojos de Lucas se iluminan apenas, pero el miedo todavía está ahí.
—¿Y si algo sale mal?
No le miento, no le hablo como a un niño pequeño.
—Las cirugías siempre dan miedo.
Lucas asiente despacio.
—A mí me da mucho.
—Eso es normal —me inclino un poco hacia él—. Pero también hay algo importante que debes saber —Lucas me mira con atención—: Los doctores que te van a operar llevan toda su vida aprendiendo a arreglar corazones —señalo su pecho con suavidad—. Y el tuyo tiene muchas ganas de seguir latiendo.
Lucas baja la mirada hacia su propio pecho.
—Nicole dice que soy fuerte.
—Y lo eres.
—Pero a veces me canso.
Mi voz sale más suave.
—Los valientes también se cansan.
Lucas vuelve a mirarme.
—¿Tú te has asustado alguna vez?
Sonrío apenas.
—Muchas veces.
—¿Y qué haces?
—Sigo adelante de todas formas.
Lucas parece pensar en eso, luego mira a Nicole.
—¿Te quedarás aquí?
Ella aprieta su mano.
—Siempre.
Lucas vuelve a mirarme.
—¿Y tú?
No esperaba esa pregunta, pero respondo sin dudar.
—También.
El chico asiente lentamente como si esa respuesta fuera suficiente. Unos minutos después vuelve a cerrar los ojos, agotado. Su respiración se vuelve profunda otra vez y Nicole permanece en silencio mirando su rostro.
—Gracias —susurra finalmente, la palabra apenas se escucha—. Por hablar con él así.
Me siento en la silla junto a ella.
—Es un buen chico.
Nicole asiente.
—Es lo único que tengo.
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Editado: 19.04.2026