Lo Que El Dinero No Compro

CAPÍTULO 35

David

El alta de Lucas debería haber sido un momento simple.

Firmar papeles, agradecer al equipo médico, llevarlos a casa. Pero nada en esta historia ha sido simple desde que Nicole entró en mi vida.

Estoy revisando por tercera vez las indicaciones cuando el cardiólogo termina de hablar, no porque no entienda, sino porque necesito asegurarme de no pasar nada por alto.

—Durante las próximas semanas —dice—, lo más importante es el reposo relativo. Nada de esfuerzos físicos, nada de juegos bruscos. Caminatas cortas, progresivas y mucha observación.

Asiento.

—¿Riesgos inmediatos?

—Infecciones, sobre todo en la herida esternal —responde—. Fiebre, enrojecimiento, secreción. También arritmias, fatiga excesiva o dificultad para respirar. Cualquier cambio, vuelven de inmediato.

Miro a Lucas a través del vidrio. Está sentado, con esa sonrisa que no le cabe en la cara, como si todo esto fuera una aventura.

—La esternotomía tarda en consolidar —continúa el médico—. Entre seis y ocho semanas. Nada de cargar peso, ni movimientos bruscos del torso. Necesita un ambiente limpio, controlado y alguien que esté pendiente de él las veinticuatro horas.

Alguien.

Aprieto la mandíbula.

—¿Medicamentos?

—Analgésicos, posiblemente un antiinflamatorio, y en algunos casos anticoagulación temporal o medicación para el ritmo. Todo está detallado aquí. —Me pasa los papeles—. Y controles frecuentes.

Lo tengo claro, y también sé algo más.

Que el pequeño departamento de Nicole no cumple ni la mitad de esas condiciones.

Salimos del hospital y el aire de afuera golpea distinto.

Nicole sostiene la mano de Lucas con cuidado, como si aún temiera que pudiera romperse. Yo voy a su lado, observando cada detalle.

Como camina él, como respira, como ella lo mira cada dos segundos.

—Vamos a casa —dice Nicole en voz baja.

Casa.

Sé a cuál se refiere y no… no va a pasar.

—No —digo.

Se detiene para girarse hacia mí.

—¿Cómo que no?

Lucas nos mira, confundido.

—¿Pasa algo?

Nicole se agacha de inmediato.

—No, amor. Ve con calma al auto, ¿sí?

Él asiente y camina despacio, dándonos un poco de espacio. Espero a que esté lo suficientemente lejos antes de hablar.

—No vas a llevártelo a tu departamento.

Nicole parpadea, como si no pudiera creer lo que acaba de escuchar.

—Perdón… ¿qué?

—No es seguro.

—Claro que lo es —responde, a la defensiva—. He cuidado de él toda mi vida.

—Antes no tenía el esternón abierto —replico, sin suavizar nada—. Antes no venía saliendo de una cirugía cardíaca mayor.

Eso la hace tensarse.

—David…

—Escúchame —la interrumpo, acercándome un poco—. Necesita un ambiente controlado, limpio, sin riesgos de infección. Necesita espacio, reposo, seguimiento médico inmediato si algo pasa.

Se cruza de brazos.

—Puedo hacerlo.

Niego.

—Tu departamento es pequeño, Nicole. No tienes personal, no tienes acceso rápido a atención si se complica algo. No puedes estar despierta veinticuatro horas al día controlando cada síntoma.

—Lo he hecho antes y lo puedo seguir haciendo, por favor no soy una inútil.

—Sé que no eres una inútil, pero esto es diferente.

Silencio.

Uno tenso y pesado.

—No voy a ser una carga para ti —dice finalmente, con la voz más baja pero firme.

Ahí está el verdadero problema.

—Esto no es sobre ser una carga —respondo, pero ya sé que no me cree.

—Sí lo es —insiste—. Ya hiciste demasiado. Pagaste la cirugía, estuviste aquí, ayudaste en todo, no puedes simplemente…

—Sí puedo… —a interrumpo otra vez y esta vez no hay espacio para discusión—. Puedo, y lo voy a hacer.

Nicole me mira, molesta ahora.

—No tienes derecho a decidir eso por mí.

Doy un paso más hacia ella.

—Desde el momento en que te dije lo que siento por ti… —mi voz baja, pero se vuelve más firme— decidí que iba a estar en tu vida. Y que iba a hacer todo lo necesario para protegerte.

Traga saliva, pero no aparta la mirada.

—David…

—No voy a dejar que te vayas —continúo—. No tú, no Lucas y menos ahora —se queda en silencio y sé que estoy llegando—. Él me importa —añado, mirando hacia donde está Lucas—. Y necesita cuidados que tú sola no puedes darle en este momento — vuelvo a mirarla—. Pero yo sí.

Silencio.

—Tengo espacio —digo—. Tengo personal médico si es necesario. Tengo todo lo que él necesita para recuperarse bien. Además… —agrego— a Ethan y Liam les alegrará al fin conocer a tu hermano. —bajo la voz—. Y quiero que se quede conmigo.

No como un favor.

No como obligación.

Sino como algo natural.

Como lo que ya somos, aunque no lo hayamos dicho en voz alta.

Nicole baja la mirada, la veo luchar contra el orgullo, contra el miedo y contra todo lo que la ha mantenido sola tanto tiempo.

—No quiero parecer que me estoy aprovechando de ti —susurra.

Doy un paso más, lo suficiente para que no haya distancia entre nosotros.

—No te estas aprovechando de mí. Si lo piensas, soy yo quien está sacando provecho y no al revés, porque así puedo tenerte bajo mi techo veinticuatro siete —levanto suavemente su mentón—. No estoy haciendo esto para que me debas algo —hago una pausa—. Lo hago porque te quiero —sus ojos brillan—. Y porque no pienso dejarte ir —añado en voz baja.

Un segundo.

Dos.

Y entonces…

Nicole cede.

—Está bien… —murmura con ese suspiro de derrota.

Cierro los ojos un segundo como si acabara de ganar algo que llevaba tiempo peleando.

—Bien —respondo.

Cuando llegamos, ya he dado instrucciones:

Habitación preparada.

Ambiente limpio.

Sin corrientes de aire.

Temperatura controlada.

Todo lo que el médico indicó y Nicole lo nota, pero no dice nada, lo veo en su expresión. En cómo mira alrededor, en como parece soltar un poco el peso que siempre lleva encima. Y eso para mí es más que suficiente porque mientras Lucas se recupera voy a asegurarme de algo más.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.