David
No sé en qué momento dejé de pensar o de resistirme, solo sé que sus labios están sobre los míos y que todo lo demás deja de importar.
Es un beso lento, cálido y real. Nada que ver con lo que he tenido antes, nada que ver con nada. Mi mano sigue en su mejilla, sintiendo el calor de su piel, la forma en que se entrega sin decirlo y por un segundo absurdo, egoísta, perfecto, quisiera quedarme ahí.
Solo ahí.
Con ella.
Pero entonces…
—¡A cenar!
La voz de Liam rompe el momento como un trueno.
Nicole se separa de golpe, respirando agitada. Yo tardo un segundo más en reaccionar y cuando lo hago sonrío porque claro, así es esto por ahora.
—Nos llaman —dice ella, intentando recomponerse.
—Lo sé.
Pero no me muevo de inmediato.
La miro un segundo más.
Solo uno y luego asiento.
—Vamos.
Ya en el comedor la mesa está llena de ruido, de vida, de algo que no sabía que necesitaba.
—¡Yo me comí uno de diez bolas! —dice Liam, levantando ambas manos como si aún estuviera contando.
Nicole se ríe.
—No eran diez.
—¡Sí eran!
—Eran cinco —interviene Ethan, con calma—. Pero pidió repetir.
—Eso cuenta como diez.
Lucas suelta una risa.
—Eso es trampa.
—No lo es —grita Liam con un exagerado puchero.
—Sí lo es.
—¡Que noo!
—Liam —digo, apoyándome en el respaldo de la silla—. Si comes diez bolas de helado de verdad, te hospitalizarían.
—Pero sería feliz —responde muy serio.
Nicole niega con la cabeza, divertida.
—Definitivamente no aprendiste nada —respondo derrotado.
—Aprendió que el chocolate es mejor que la vainilla —se burla Ethan.
Las risas llenan el comedor y por un momento me quedo mirando a los cuatro, Nicole incluida.
Hablando, sonriendo, viviendo como si siempre hubiera sido así. Como si encajaran, como si fueran míos.
La idea me golpea de forma inesperada, pero no la rechazo.
Ya no.
—¿Se acuerdan de la playa? —pregunta Liam de pronto.
—¡Oh! —suelta Ethan—. Cuando el viento casi se lleva el sombrero de la tía Cassie.
Nicole sonríe, pero algo cambia en su expresión.
—Es verdad… —dice—. Cassie.
Levanta la vista hacia mí.
—¿Qué pasó con ella?
Silencio.
Miro a los niños y luego a Nicole.
Ella lo entiende.
—Bueno… —empiezo, apoyando los codos en la mesa—. Digamos que su tía Cassie descubrió que su esposo no estaba portándose muy bien.
Liam frunce el ceño.
—¿Cómo no muy bien?
Busco una forma simple.
—Haciendo cosas que no se hacen cuando quieres a alguien.
Ethan asiente levemente, entiende más de lo que dice. Nicole no aparta la mirada de mí.
—¿Y qué hizo ella? —pregunta Liam.
—Lo que tenía que hacer —respondo—. Decidió que ya no quería seguir con alguien así.
—¿Lo castigó? —pregunta Liam, interesado.
No puedo evitar una pequeña sonrisa.
—Algo así.
Nicole baja la mirada un segundo, comprendiendo todo lo que no estoy diciendo.
—Está iniciando el proceso de divorcio —añado—. Por eso ha estado ocupada estos días.
Silencio breve.
—¿Va a volver? —pregunta Liam.
Lo miro.
—Sí.
Una pausa.
—Cuando termine todo va a volver para quedarse con nosotros.
—¿En serio? —Liam abre los ojos como si le hubieran prometido el mejor regalo del mundo.
—¿De verdad? —añade Ethan, más contenido, pero igual de expectante.
Asiento.
—De verdad.
Los dos intercambian miradas y luego sonríen, Nicole los observa, luego me mira a mí y en sus ojos hay algo más. Algo que se siente peligrosamente cercano a hogar.
La conversación sigue, las risas también, pero yo ya no estoy pensando en lo que digo. Estoy pensando en esto, en ellos, en ella, en lo fácil que sería no dejarlos ir nunca.Principio del formulario
Final del formulario
La cena se disuelve poco a poco, como suelen hacerlo los momentos buenos. Entre risas, vasos vacíos y comentarios sueltos.
—Ya es hora de dormir —dice Ethan, estirándose.
—No tengo sueño —miente Liam, bostezando en el mismo segundo.
Lucas se ríe.
—Sí tienes —se burla.
—No.
—Sí.
—No.
—Chicos —interviene Nicole, con esa mezcla de paciencia y firmeza que ya domina—. A la cama —y sorprendentemente, obedecen.
Los veo desaparecer por el pasillo mientras sus voces se van apagando, llevándose con ellas el ruido, la energía.
Nicole se levanta.
—Voy con Lucas.
Asiento.
—Claro.
La observo alejarse, y por un momento me quedo ahí, solo en el comedor repasando todo lo que ha cambiado, todo lo que ella trajo y todo lo que ahora no quiero perder.
La encuentro unos minutos después, en el pasillo. La puerta de la habitación de Lucas ya está entrecerrada.
—¿Se durmió? —pregunto.
Nicole asiente, apoyándose levemente contra la pared.
—Sí… cada día le cuesta menos descansar. El dolor ha bajado bastante.
Su voz es suave, algo cansada, pero tranquila.
—La herida está cerrando bien —añade—. Ya no se ve inflamada y puede moverse un poco más sin molestias.
La escucho, pero también la miro.
Cómo se ve bajo la luz tenue, cómo respira, cómo, incluso en silencio llena el espacio.
—Eso es bueno —digo finalmente.
Asiente.
—Sí… lo es.
Silencio.
Uno distinto.
Más cargado.
Más consciente.
Ella levanta la mirada y en ese instante todo vuelve. El beso interrumpido, la cercanía, lo que quedó pendiente.
No lo pienso, no esta vez.
Doy un paso, y luego otro hasta que estoy frente a ella.
—David…
No la dejo terminar y la beso.
Esta vez no es lento ni contenido, es todo lo contrario. Es urgente, como si hubiera esperado demasiado tiempo.
Como si cada segundo sin hacerlo hubiera sido un error.
Siento cómo se sorprende apenas y luego responde. Sus manos suben hasta mi pecho, aferrándose, acercándome más.
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Editado: 10.05.2026