Nicole
Salí del restaurante con las piernas temblando y una sonrisa que ya ni siquiera sabía cómo mantener en mi rostro. Noah caminaba a mi lado satisfecho, hablando de la cena, del avance de las negociaciones y de lo impresionado que había quedado con David Cooper. Yo apenas era capaz de asentir de vez en cuando. Sentía el pecho tan apretado que respirar se había convertido en una tarea difícil.
Como siempre, al llegar al estacionamiento se ofreció a llevarme a casa.
—Te dejo en tu departamento —dijo mientras buscaba las llaves del coche—. Ya es tarde.
Por un segundo me invadió el pánico.
Ya no vivía allí.
Mi hogar estaba con David, o al menos lo había estado hasta aquella noche.
—Olvidé algo dentro del restaurante —mentí rápidamente—. No te preocupes por mí, pediré un Uber después.
Noah frunció el ceño.
—Puedo esperarte.
—No hace falta.
—Nicole...
—En serio, Noah. No te preocupes.
Insistió varias veces, como siempre hacía, pero finalmente logré convencerlo. Nos despedimos y observé cómo su automóvil se alejaba por la salida del estacionamiento hasta desaparecer completamente de mi vista y fue entonces cuando lo escuché.
—Vaya… qué considerada.
Mi corazón se detuvo por aquella voz grave y profunda que habría reconocido entre miles.
Me giré de inmediato y allí estaba David de pie a pocos metros de mí.
Sus manos estaban en los bolsillos del pantalón y sus ojos… Dios mío aquellos ojos.
Jamás los había visto así, ya no había dolor, ya no había amor. Solo había una frialdad que me heló hasta los huesos, pero no me importó porque por fin estaba frente a él. Porque por fin podría explicarlo todo.
—David…
Pero no me dejó continuar.
—No te atrevas —su voz fue tan dura que me hizo guardar silencio—. No pronuncies mi nombre como si tuvieras derecho a hacerlo.
Sentí que algo se rompía dentro de mí.
—Por favor, déjame explicarte…
—¿Explicarme qué? —preguntó con una sonrisa cargada de desprecio—. ¿Qué eres una prostituta de lujo? Porque créeme, Nicole, eso ya lo entendí perfectamente.
Abrí los ojos, incapaz de creer las palabras que acababa de escuchar.
—David…
—¿Qué parte es la que debo entender? —continuó—. ¿La parte en la que te acuestas con hombres ricos? ¿O la parte en la que sonríes mientras ellos creen que eres su novia?
—¡Nunca me he acostado con nadie! —exclamé con lágrimas acumulándose en mis ojos, pero él ni siquiera pareció escucharme.
—Qué curioso. Porque el espectáculo que acabas de dar ahí dentro era bastante convincente.
—Por favor…
—¿Por favor qué? —soltó con amargura—. ¿Quieres convencerme de que casi un año con Noah Harris ha sido una simple amistad?
—¡No es así te lo juro!
—¡Entonces explícame qué demonios es!
Las lágrimas comenzaron a deslizarse por mis mejillas.
—Si me dejas hablar puedo explicarte, no es lo que crees, yo jamás…
—No —su respuesta fue inmediata, brutal—. No quiero escuchar más mentiras.
Aquellas palabras me golpearon con una violencia insoportable.
—David, jamás he vendido mi cuerpo.
Su mirada se endureció todavía más.
—Ah ¿no?
—No. Nunca lo hice, solo vendí mi tiempo —mi voz se quebró—. Todo fue por Lucas…
Pero no me dejó terminar.
—¡Deja de usar a tu hermano como excusa! —su grito me hizo retroceder un paso— ¡Deja de mentir, Nicole! —sus ojos estaban llenos de rabia— ¿Por Lucas? ¿En serio? ¿Todavía tienes el descaro de decir eso?
Yo apenas podía respirar.
—David…
—¡Lucas está vivo! —su voz se quebró por primera vez—. ¡Lucas está sano! —las lágrimas comenzaron a caer también por sus ojos, pero ni siquiera hizo el intento de ocultarlas—. La cirugía ya estaba pagada.
—David…
—¡La pagué yo maldita sea! —aquellas palabras me dejaron inmóvil— La maldita operación la pagué yo, Nicole. Hace meses que Lucas dejó de necesitar ese dinero.
Sentí que la sangre abandonaba mi cuerpo.
—No…
—Sí —su voz estaba cargada de una furia tan profunda que dolía escucharla—. Así que deja de esconderte detrás de él. Deja de convertir a tu hermano en la justificación de todas tus decisiones porque fui yo quien le salvo la vida.
Cada palabra era una puñalada, y entonces algo dentro de mí se apagó. Me sequé las lágrimas, enderecé la espalda y levanté la barbilla.
—Entonces te devolveré cada peso.
David se quedó inmóvil, pero solo unos segundos después se echó a reír.
Aquella risa… jamás en mi vida había escuchado algo tan cruel. Una risa que me hizo sentir más pequeña que nunca.
Me observó como si no pudiera creer lo que acababa de oír.
—¿Devolverme el dinero? —sus ojos se llenaron de un desprecio que me hizo sentir enferma— ¿Y cómo piensas hacerlo?
No respondí.
No pude.
—¿Vas a seguir prostituyéndote para reunirlo?
Aquellas palabras me atravesaron el corazón.
—No te atrevas…
—No te molestes.
Su voz volvió a ser fría.
Terriblemente fría.
—Porque a quien le hice el favor fue a Lucas y no a ti.
Sus ojos se clavaron en los míos y jamás olvidaré aquella mirada. Porque fue la primera vez desde que lo conocí que David Cooper me miró como si yo no valiera absolutamente nada.
Yo seguía inmóvil, sintiendo cómo aquellas palabras terminaban de destruir lo poco que quedaba de mí, cuando él dio media vuelta y comenzó a alejarse en dirección a su automóvil.
—David… —mi voz salió tan rota, tan débil, tan llena de desesperación. Pero no se detuvo—. David, por favor…
Entonces se detuvo.
Por un segundo, mi corazón volvió a latir porque pensé que iba a escucharme. Pensé que iba a darse la vuelta y permitirme explicarlo todo. Pensé que, a pesar de todo, aún quedaba algo del hombre que me abrazaba por las noches y me decía que no importaba cuán roto estuviera mi pasado, él siempre me elegiría.
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Editado: 21.06.2026