La memoria no es un lugar. Es un sonido. Una duración pequeña que se queda en el aire cuando todo lo demás se ha ido. Hoy desperté con esa vibración en el pecho. Como si alguien hubiera pronunciado mi nombre sin estar aquí.
Camine por mi cuarto, con el silencio pegado al cuerpo, Cada paso parecía rehacer una parte de mí que había olvidado de escuchar. No sé cuándo empecé a dividirme, a ser pedazos que flotan, ideas sueltas que no terminan de dividirse. Tal vez nunca lo supe. Tal vez siempre he sido así.
Me senté frente a la ventana y el mundo se veía como una fotografía que alguien dejó a medio revelar. Las calles respiraban lento, como si dudaran entre avanzar o quedarse quietas. Y yo, igual que ellas, preguntándome cuántas versiones de mí han vivido, sin que yo las alcance.
Pensé en los días donde la soledad no era una herida, sino un refugio; un lugar donde podía sentarme a revisar mis fracturas como quien examina un mapa antiguo, tratando de recordar dónde empezó el desvío.
En medio de esa calma inquietante apareciste tú - no en cuerpo, sino en presencia llena de gratitud. Una presencia que llega como un eco, como un reflejo que no se reconoce al principio pero que insiste en quedarse.
No te veía, pero te habias convertido en un momento en un nombre rozando la orilla de mis pensamientos. Un latido que no era mío pero que me acompañaba como si siempre hubiera estado ahí.
Y entonces lo entendí: hay personas que nacen dentro de uno mucho antes de tocar la puerta correcta. Hay encuentros que empiezan en silencio, en las sombras, en lo invisible, mucho mucho antes de hacerse reales.
Segui pensando en eso, en cómo a veces no sé quién soy, pero cuando pienso en ti, todo parece colocarse en su sitio. No porque me completes - porque no busco mitades - sino porque me recuerdas que no todo en la vida tiene que sentirse como un abismo.
A veces creo que mi historia ha sido un largo intento de aprender a ser humano: a reconciliarme con mis contradicciones, a aceptar que puedo amar y temer a la vez, que puedo avanzar con las manos temblando y aun así avanzar.
Y en ese aprendizaje lento, en ese reconstruirme sin manual, apareces tú como un faro que no exige llegar, ni estar, pero que quiero que se quede.
Y ahora, sin darme cuenta, esta reflexión sea ido convirtiendo en algo más íntimo, más directo, más sobre ti. Así que dejó de hablarle al vacío y comienzo a hablarte a ti.
El amor de la vida, no por destino, o por suerte, sino por la manera en la que tu breve existencia encaja sin pedir permiso en mis espacios más escondidos.
Quiero que sepas que antes de ti había ruido en mi mente, una multitud de pensamientos sin formas. Pero tú…. tu pareciste como un acorde claro y medio de una canción que no entendía y que ni siquiera estaba escuchando. No apareciste para salvarme, viniste a recordarme lo que podía ser.
Eres esa parte de mi historia en la que dejó vivir y empiezo a quedarme.Eres la forma que hace que mi voz por alguna extraña razón empiece a temblar. En un breve instante te convertiste en el lugar al que quiero regresar cuando me pierdo, aunque aún no lo sepas, aunque todavía no leas estas palabras.
Si alguna vez me pierdo, si alguna vez me deshago, te pido que no me busques en lo que fui: encuéntrame en lo que digo ahora, y en la manera en la que te nombro sin pronunciar tu nombre, en la manera en la que este escrito se torna en una carta que se escribe sola, para una persona, para ti.
Sé que el mundo es incierto, que nada está garantizado, pero hay certezas que no necesitan promesas. La mía es esta: te llevo conmigo incluso en los días en los que no se llevarme conmigo mismo ahora y si esta estrofa te confunde dejame aclararte que son todos los días.
Quisiera que pudieras verme hoy, no como una figura completa, sino como un proceso, como alguien que avanza despacio en dirección a un torbellino donde tú tienes que existir
Porque al final, cuando pienso en la posibilidad de un “nosotros” no imagino perfección, ni finales dorados, ni historia es impecables. Imagino un hogar. Un hecho de 2 presencias que se encuentran sin exigencias, sin máscaras, sin prisa.
Imagino tu sonrisa mezclándose con mi día, tu voz rompiendo mis silencios, tu mano en la mía como un recordatorio suave de que pertenecer no siempre duele.
Imagino un futuro que no asusta porque tú estarías ahí, y contigo nada parece un salto al vacío. Y por eso escribo, para que llegues a saber que cuando cierro los ojos por las noches, cuando el mundo vuelve a ser sólo un rumor lejano, mi alma se irá contigo, quieta, segura y agradecida.
Quizás este poema no llegue a tus manos hoy, quizás tarde un poco más. iIncluso tal vez no te des ni cuenta que es para ti. Pero cuando por fin lo leas, cuando estas palabras se encuentren en tu mirada, quiero que sientas lo que sentí al escribirlas.
Que, en este mundo inmenso, lleno de ruidos, decisiones, dudas y miedos, te elegiré a ti sin pensar si me das la oportunidad.
Con todo lo que soy y con todo lo que estoy aprendiendo a ser, escribo, te pienso y te espero.