Lo que habita en mi

El amor que no me alcanza

A veces me pregunto en qué rincón de tu corazón guardas lo que dices que sientes por mí.
Lo escucho en tu voz, lo leo en tus gestos, lo veo en la forma en que intentas acercarte,
pero algo en mí queda siempre a mitad del camino, como si tu amor viniera en un idioma
que entiendo apenas lo suficiente como para reconocerlo, pero nunca para habitarlo sin duda.
No es que no me quieras. Es que tu manera de hacerlo no sabe llegar hasta donde yo espero.

Me dices que me amas, y a veces lo creo.
Lo creo porque no tendría sentido que inventaras ternuras que no te nacen, ¿o sí?
Pero cuando las recibo, siento un frío suave detrás de los huesos, una carencia pequeña
que se hace grande cuando intento convencerme de que debería bastarme.
Te abrazo en mi mente, y es como si la mitad del abrazo se quedara suspendida en el aire,
buscando un lugar en ti que no existe, o que no tiene la forma que soñaba.

He intentado que tu amor me llene, te lo confieso sin rencor.
Me he moldeado a tus silencios, he aprendido tus horarios,
he aceptado la manera en que dices las cosas, como quien aprende a escuchar
un instrumento distinto, afinado en otra frecuencia.
Pero hay noches en las que me pregunto si esta sensación de incompletud
también forma parte del amor, o si es apenas la sombra de lo que nunca será suficiente.

A veces pienso que lo nuestro es una casa construida en dos materiales distintos:
el tuyo liviano, flexible, hecho para no romperse;
el mío sólido, intenso, hecho para sostener lo que pesa.
Y mientras tú floreces en lo simple, yo me hundo en lo profundo,
buscando un eco que tu forma de querer no puede producir.
No es culpa tuya. Tampoco es culpa mía.
Es el choque de dos necesidades que no saben comprometerse.

Lo sé: que, si tú estás leyendo, tú me amas a tu modo, creo.
Un modo que no es malo, que no es frío, que no es falso hasta cierto punto.
Es simplemente un modo que no alcanza mi piel ni mis vacíos.
Y yo, que necesito un amor que arda,
me descubro tratando de aprender un cariño que apenas tibia mis manos.

Y, aun así, sigo aquí.
Porque me pregunto si algún día tu manera de querer pueda tocar el lugar exacto
donde yo me siento vivo;
o si algún día yo pueda aprender a respirar en la medida justa
de tu afecto más tranquilo.
No sé cuál de los dos deberá cambiar primero,
ni si eso sería amor o renuncia.
Solo sé que te amo, aunque tu amor —el tuyo, tan tuyo—
no me alcance del todo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.