Lo Que Nadie Sabe De Ti

45: El bolígrafo

 

—Vamos a pedir los horarios, espero tengamos muchas clases juntas —Anthony admite cuando se estaciona en la escuela.

Veo el edificio por afuera, está pintado de un amarillo muy feo. Personas de mi edad caminan con los hombros caídos y bostezando, algunas chicas llevan café y un par de personas más se abrazan entre ellos.

Sé que Anthony está bromeando pero yo también espero tener muchas clases con él. Ya me acostumbré a ser la nueva pero ahora que él está aquí, no me molestaría tener a alguien que sí conozco cerca.

—Bien, vamos —pide—. Hugo debe de estar por allá, suele estacionarse ahí —señala el lado contrario.

Hugo. Cada vez que pienso en él recuerdo ese momento, el beso. Quiero decírselo a Anthony pero no sé cómo lo tomaría y ahora mismo no es el momento apropiado. Es solo que, si hubiera sido al revés sé que no lo estaría ocultando.

Yo tomo de su mano para evitar que salga, debería explicarle todo y hacerle entender que solo fue un momento vulnerable de Hugo. Que no significo nada, en especial para mí.

Pero, ¿Estoy segura que para Hugo no significó nada? Recuerdo la noche de la fiesta, él besó mi barbilla. ¿Y si quería besarme desde ese momento?

—Isabelle, ¿Qué pasa? —me pregunta ajustándose las gafas.

Quiero demasiado a Anthony, él es uno en un millón, no voy a perderlo. —Solo… tengo que decirte algo.

Asiente, una pequeña sonrisa está en sus labios. —Dime.

No puedo hacerlo, no ahora. —Me alegra que estés aquí, te quiero Anthony.

—Ven aquí —él me abraza por sobre los hombros—. Sabes que estoy muy feliz que estés conmigo, algo me dice que eres el amor de mi vida.

Nos separamos y yo resoplo. —No exageres.

Abre sus ojos. — ¿Crees que no? El primer amor nunca se olvida, jamás te olvidaré —acomoda el cabello detrás de mi oreja—. Pero no importa, nos casaremos así que no te olvidaré porque ahí estarás.

Respiro profundo.

Cuando pienso en el matrimonio no me emociona mucho. Nunca he querido casarme, no después de ver el terrible desastre entre mis padres, y, ¿Tener hijos? No puedo hacerlo. No quiero traer personas a que sufran, que se sientan insuficientes y que tengan la necesidad de alejarse de las personas por miedo de ser lastimadas.

Nunca había deseado casarme y aun no lo hago. Anthony y yo solo tenemos dieciséis y diecisiete años, yo estoy a unos meses de los diecisiete. ¿Qué personas duran tanto? Se supone que las relaciones entre adolescentes acaban tan rápido como empezaron.

Pero, aun si somos jóvenes, no quiero pensar en un final. No sé qué rayos pueda suceder, solo quiero vivir esto por ahora. Espero que duremos más de lo que esperábamos.

Rayos, realmente estoy enamorada de él. Al menos ya no lo intento reprimir, me gusta sentir que él no se siente abrumado por mis sentimientos y sobre todo, que él me quiere tanto como yo.

—Vamos —le muestro una sonrisa.

Abro la puerta y salgo, este es el comienzo de algo nuevo. Un año escolar donde personas de todo tipo me rodearan, ¿Qué cambiará ahora? Estar con Anthony me enseñó a que todo puede cambiar rápidamente.

Anthony toma mi mano y yo le sonrío. No estoy totalmente molesta con Hugo por besarme pero me molesta saber que alguien más aparte de Anthony me besó. Sé que soy la única que él ha besado, y esa una estupidez pero me parecía lindo que tuviéramos eso. Que solo hayamos besado a una persona, él a mí y yo a él.

Suspiro, ¿Desde cuándo soy tan cursi? Bueno, es fácil saberlo. Desde que conocí al chico más interesante del mundo.

Entramos a la escuela y pasamos a una oficina por nuestros horarios. Estoy agradecida que Anthony esté conmigo, me ha ahorrado todo eso de caminar incómodamente por los pasillos, buscando la puerta correcta. Él y yo comparamos los horarios, tengo seis clases con él.

Me pregunto si tendré alguna con Hugo.

—Ahora no tenemos clase juntos —suspira—. Pero al menos nuestros casilleros no están muy lejos, vamos primero al tuyo —sugiere.

Asiento y lo sigo. Veo las paredes pintadas de un verde limón muy claro, los casilleros son negros y algunos grises, no hay un patrón específico, creo que solo han cambiado algunos dejando los del color anterior ahí.

Las personas a mi alrededor son ordinarias. Chicos altos, algunos no tanto, chicas con cabello corto, largo, rizado, rubio, oscuro. Nada nuevo que ver por aquí, nadie resalta entre estas personas.

Cuando cruzamos un pasillo vamos de frente a dos chicas, una parece ser tan alta como Anthony. Es delgada, el cabello le llega a la cintura, lleva una blusa rosa de manga corta y una falda por encima de las rodillas blanca. La otra chica es pelirroja, no es tan alta y está mostrando el ombligo con esa blusa de mezclilla. Por alguna razón me da la impresión que es una vaquera.

Anthony camina con mi mano entrelazada mientras sigue leyendo la hoja que nos dieron, no sé qué tanto ve ahí pero no nota cuando la chica alta lo mira con una pequeña sonrisa en su rostro, luego mueve sus ojos a nuestras manos y su expresión cambia.

Pensé que se moverían pero al estar a unos cincuenta centímetros, se detienen frente a nosotros y yo dejo de caminar. Anthony me mira levantando las cejas y muevo mis ojos a ellas para señalarle que dos personas nos han bloqueado el camino.

Anthony ajusta sus gafas con el dorso de su mano. —Ah, Sierra, hola —mira a la pelirroja—. Hola Bonny, ¿Qué tal?

Es Bonny quien habla. —Hola Tony, ¿Qué tal tu verano?

Anthony sonríe cuando me voltea a ver. —Muy divertido.

Sierra aclara su garganta. —Um, ¿No nos vas a presentar a tu…?

—Novia —aclaro sin pensarlo, ¿estoy celosa? Ay no, relájate Isabelle—. Hola, soy Isabelle, soy la novia de Anthony.

Bonny sonríe ampliamente y se acerca a él. — ¿Tienes novia? ¿No pudiste decirme?

Se encoje de hombros. —Perdón, estabas ocupada en tu viaje, ¿no? ¿Qué tal Colombia?




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