Lo Que Nos Faltó Decir

Capítulo 3: Se Rompió La Paz.

El gran salón permanecía en silencio.

Los representantes de ambas familias esperaban la decisión de Ashmed.

El anciano dio un paso al frente y habló con solemnidad:

—Si hay alguien que se oponga a este matrimonio... que abandone la sala.

Nadie se movió.

Los presentes entendían que aquella boda no era una celebración de amor.

Era un sacrificio para terminar con décadas de sangre.

Todos los ojos se posaron sobre Ashmed.

Él permanecía inmóvil.

Por fuera parecía sereno.

Por dentro, cada palabra era una puñalada.

Porque mientras aquellos hombres hablaban de paz, él solo podía pensar en Victoria
.
En su sonrisa.

En el anillo que llevaba en el dedo.
Y en la promesa que le había hecho antes de partir.

Las puertas del salón se abrieron lentamente.

Una joven entró acompañada por su familia.

Era hermosa y elegante.

Se llamaba Elif.

Desde niña había amado a Ashmed en silencio.

Para ella, el hombre que tenía delante era el primer amor de su vida.

Pero cuando sus miradas se cruzaron, comprendió que algo había cambiado.

Los ojos de Ashmed no brillaban al verla.

Brillaban con la ausencia de otra mujer.

Elif sintió un dolor silencioso.

No quería casarse con un hombre cuyo corazón ya pertenecía a alguien más.

Uno de los líderes golpeó la mesa.

—¿Qué estás haciendo, Ashmed?

Su voz resonó con fuerza.

—Estás echando gasolina al fuego que todos intentamos apagar.

Otro intervino.

—Todo el esfuerzo de estos años nos ha traído hasta este momento.

El anciano añadió con severidad:

—¿Quieres otra guerra?

Ashmed respiró profundamente.

—No.

—Entonces acepta.

—Necesito tiempo.

—No lo tienes.

El silencio volvió a envolver la sala.

Mientras tanto, Victoria había logrado escapar de la casa donde la retenían.

Corrió desesperada bajo la lluvia.

No sabía hacia dónde.

Solo quería alejarse.

Los hombres comenzaron a perseguirla.

En su huida cruzó una carretera sin mirar.

El sonido de unos frenos rompió el silencio.

El impacto la lanzó varios metros.

Cuando abrió los ojos, todo era blanco.

El olor a desinfectante llenaba la habitación.

Un médico revisaba sus heridas.

Airé estaba a su lado, llorando.

—¿Cómo está? —preguntó con la voz quebrada.

El médico suspiró.

—Tiene algunas lesiones en el brazo y la espalda.

Airé respiró aliviada.

—¿Y el bebé?

El doctor bajó la mirada.

—El embarazo continúa... pero es muy delicado. Necesitará reposo absoluto.

Victoria cerró los ojos y rompió a llorar.

Llevó una mano a su vientre.

Aún estaba allí.

Su hijo seguía luchando.

Y ella haría lo mismo.

Horas después, la noticia llegó hasta Turquía.

Uno de los hombres de confianza de Ashmed entró apresurado en la sala.

—Necesito hablar contigo.

Ashmed salió de inmediato.

—¿Qué ocurrió?

—Victoria escapó.

El mundo pareció detenerse.

—¿Qué?

—Sufrió un accidente.

Ashmed sintió que las piernas dejaban de responderle.

—¿Está viva?

—Sí...

El hombre dudó unos segundos.

—Está herida.

Ashmed respiró por primera vez desde que escuchó la noticia.

—¿Y el bebé?

Su amigo lo miró sorprendido.

—¿Lo sabías?

Ashmed frunció el ceño.

—¿Qué bebé?

El hombre comprendió que nadie le había contado la verdad.

—Victoria estaba embarazada.

El corazón de Ashmed dejó de latir por un instante.




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