CAPÍTULO 1
Antes fue mejor
Antes de que sus nombres aparecieran juntos en encuestas, titulares y videos comparativos, Sarah y Noel se conocían de los lugares donde casi nadie miraba: salas de ensayo alquiladas por hora, estudios pequeños, pasillos detrás de escenarios improvisados y cafeterías que cerraban antes de que terminaran las pruebas de sonido.
No trabajaban para la misma agencia ni tenían el mismo estilo. Coincidían porque ambas estaban en la misma etapa de sus carreras: demasiado visibles para ser completamente desconocidas y demasiado pequeñas para poder elegir dónde presentarse. A veces una cantaba antes que la otra. A veces esperaban juntas durante horas para una entrevista de tres minutos. Con el tiempo dejaron de saludarse por educación y comenzaron a buscarse cuando coincidían.
Sarah improvisaba con facilidad. Si algo salía mal en un ensayo, encontraba una forma de seguir y luego preguntaba qué había pasado. Noel hacía lo contrario: repetía una entrada hasta que dejaba de existir la posibilidad de equivocarse. Aquella diferencia les daba material para molestarse mutuamente.
—Si ensayaras una vez más, podrías cobrar entrada para los ensayos —le dijo Sarah una tarde.
—Si ensayaras una vez, quizá descubrirías para qué sirven —contestó Noel.
Se rieron. Era una clase de conversación que se repetiría muchas veces.
Esteban llevaba la carrera de Sarah. No tenía una oficina grande ni un equipo detrás. Trabajaba con un teléfono que sonaba demasiado, una libreta llena de horarios corregidos a mano y la costumbre de aceptar oportunidades antes de tener resuelto cómo cumplirlas. Sarah se quejaba de eso con frecuencia; también sabía que muchas de sus mejores presentaciones habían comenzado con Esteban diciendo que ya había confirmado algo que todavía parecía imposible.
John administraba la carrera de Noel de una forma casi opuesta. Revisaba contratos dos veces, confirmaba horarios por escrito y prefería perder una oportunidad antes que aceptar una condición que no entendiera. Él y Esteban no eran amigos íntimos, pero llevaban suficiente tiempo encontrándose en los mismos lugares como para llamarse sin intermediarios.
—Llegan cuarenta minutos tarde —dijo John la primera vez que Esteban contestó una llamada suya.
—Treinta y siete.
—Eso no mejora nada.
—Mejora tres minutos.
John cortó. Años después todavía recordaba aquella conversación.
La primera vez que Sarah y Noel aparecieron juntas ante un público numeroso no estaba planeado que ninguna destacara sobre la otra. Compartían una presentación especial con varios artistas jóvenes. La coreografía estaba medida por segundos y cada una tenía una entrada breve.
Noel llegó tarde a la suya.
Fueron apenas unos instantes. El retorno de audio había fallado y ella perdió la referencia. Sarah, que estaba a pocos pasos, entró antes de tiempo, ocupó el silencio con una variación de su propia parte y se desplazó hasta darle a Noel una nueva marca. Noel retomó la canción. Desde el público, casi nadie entendió que algo había salido mal.
Al bajar del escenario, Noel encontró a Sarah bebiendo agua junto a una caja de equipos.
—Gracias.
—¿Por qué?
—Sabes por qué.
—Entonces no preguntes.
Noel le dio un golpe corto con el hombro. Sarah casi dejó caer la botella. Cinco minutos después estaban discutiendo sobre quién había desafinado primero durante el ensayo de la mañana.
Esa misma noche alguien publicó un video de la presentación. El fragmento mostraba exactamente el momento en que Sarah entraba antes y Noel retomaba la canción. No tenía contexto. Tampoco lo necesitó.
A la mañana siguiente el video estaba acompañado por una frase sencilla: “Sarah salva la presentación de Noel”. Antes del mediodía había versiones más cortas, repeticiones en cámara lenta y comparaciones que ninguna de las dos había pedido.
Esteban se lo mostró a Sarah en el teléfono.
—No lo leas.
—Me lo estás mostrando.
—Te estoy mostrando el video. No los comentarios.
—Están debajo del video.
—Entonces mira hacia arriba.
Sarah leyó algunos de todos modos.
John llamó a Noel antes de que ella alcanzara a responder a uno de los mensajes que había recibido.
—No publiques nada.
—Sólo iba a decir que no pasó nada.
—Eso también es responder.
—Porque pasó exactamente eso: nada.
—Mañana seguirá siendo nada. Déjalo morir.
No murió.
Durante las semanas siguientes los nombres de ambas empezaron a aparecer juntos con una frecuencia que no dependía de ellas. Las invitaban a los mismos programas. Les hacían las mismas preguntas. Si Sarah anunciaba una presentación, alguien preguntaba dónde estaría Noel. Si Noel publicaba una fotografía, aparecían comentarios comparando hasta la ropa.
La exposición también trajo trabajo. Las dos comenzaron a recibir ofertas mejores. Ninguna podía fingir que la rivalidad inventada no estaba ayudando a sus carreras.
Una productora invitó a Sarah a una entrevista individual. El programa había crecido mucho en pocos meses y Esteban aceptó el mismo día. Cuando Sarah leyó la pauta preliminar, levantó el teléfono desde el otro extremo de la mesa.
—Van a preguntarme por Noel.