Lo que quedó de nosotros

Capítulo 2: Nada grave

CAPÍTULO 2

Nada grave

La selección final para la campaña se hizo en un estudio demasiado blanco, con una mesa larga, botellas de agua sin abrir y seis personas que sonreían antes de hacer preguntas que ya habían hecho muchas veces. Sarah llegó primero. Noel apareció diez minutos después acompañada de John.

No podían participar juntas. Las entrevistas eran por separado y la prueba de cámara también. Aun así, antes de que llamaran a Noel, Sarah le acomodó con dos dedos una cinta que se había doblado en la manga.

—Está torcida.

—Lo sé.

—Entonces arréglala.

—Estaba esperando a que lo hicieras tú.

Sarah retiró la mano.

—Pierde, por favor.

—Tú primero.

John las miró desde el otro lado del pasillo. Esteban, sentado junto a él, seguía corrigiendo algo en su teléfono.

—Se llevan demasiado bien para lo que venden de ellas —dijo John.

—Dales tiempo.

—Eso no sonó bien.

—Era una broma.

—Por eso no sonó bien.

La decisión llegó dos días después.

Noel obtuvo la campaña.

John recibió la llamada primero. Esteban la recibió doce minutos más tarde. Sarah estaba en una prueba de vestuario cuando él entró con el teléfono todavía en la mano.

—Eligieron a Noel.

Sarah dejó de mirar el espejo.

—Ah.

No dijo nada durante unos segundos.

—¿Estás bien?

—No.

Esteban esperó.

—Pero voy a estarlo.

Tomó nuevamente la chaqueta que estaba probándose y miró su reflejo.

—¿Era mejor que yo?

—Para esa campaña, sí.

Sarah lo miró con una expresión ofendida.

—Qué pésimo manager.

—Me preguntaste.

—Se supone que tenías que mentir.

—No estaba en el contrato.

Sarah terminó riéndose. Le dolía perder. No necesitaba fingir lo contrario.

Esa noche le escribió a Noel antes de que la noticia fuera pública.

“Felicitaciones. Te odio.”

Noel respondió casi de inmediato.

“Gracias. Ensaya más.”

La campaña se anunció a la mañana siguiente. En menos de una hora comenzaron los titulares: “Noel derrota a Sarah”, “La rivalidad tiene ganadora”, “La elección que cambia la carrera de ambas”. Sarah leyó el tercero y cerró la aplicación.

La semana siguiente quedaron de comer después de un ensayo. No hubo cámaras, managers ni maquilladores. Compartieron una mesa pequeña al fondo de un local que ambas conocían desde antes de que alguien les pidiera fotografías.

—Me molestó que ganaras —dijo Sarah.

—Ya lo sabía.

—No por ti.

—También lo sabía.

Sarah movió los fideos con los palillos sin comerlos.

—Durante como cinco minutos sí fue por ti.

Noel sonrió.

—Eso sí no lo sabía.

—Después se me pasó.

—Qué alivio.

Siguieron hablando de la campaña, de las grabaciones que Noel tendría que hacer y de un director que Sarah conocía de otro trabajo. En algún momento la conversación volvió a los titulares.

—Si algún día me meto en un problema de verdad, no salgas a defenderme sin preguntarme primero qué pasó —dijo Sarah.

Noel dejó los palillos sobre el plato.

—¿Eso de dónde salió?

—De imaginarte dando una conferencia de prensa por alguna estupidez mía.

—Yo jamás haría eso.

—Por eso te lo estoy diciendo.

Noel pensó un momento.

—Está bien. Pero tú tampoco.

—¿Tampoco qué?

—No me defiendas sin preguntarme.

—Trato.

Sarah levantó su vaso.

—Qué amistad tan poco romántica.

—Mejor.

Chocaron los vasos y cambiaron de tema.

Ninguna de las dos volvió a mencionar aquella conversación durante mucho tiempo.

La campaña de Noel funcionó mejor de lo que John esperaba. Llegaron nuevas propuestas, entrevistas y eventos. También aparecieron cláusulas de exclusividad que obligaban a revisar con cuidado dónde podía aparecer, con quién y en qué contexto. John empezó a rechazar invitaciones que seis meses antes habría aceptado sin pensarlo.

Sarah, en cambio, quedó en una posición extraña. No había perdido trabajo, pero durante varias semanas cada propuesta parecía llegar acompañada por la misma pregunta: si Noel estaría involucrada.

Esteban empezó a buscar algo que pudiera separarla de aquella comparación. Encontró una oportunidad en un especial musical llamado Vértice Live: actuaciones en directo, entrevistas breves y segmentos grabados entre bastidores. No tenía el presupuesto de la campaña que había ganado Noel, pero sí una audiencia grande y una promesa clara de mostrar a los artistas fuera del formato habitual.

Sarah leyó la propuesta en la oficina improvisada de Esteban. Había una taza vacía sobre el contrato y dos páginas impresas en un tamaño que ninguno de los dos agradecía.

—¿Qué tiene de malo? —preguntó Sarah.

—Varias cosas.

—Entonces ¿por qué quieres hacerlo?

—Porque también tiene varias cosas buenas.

Esteban señaló una cláusula.

—Pueden usar material grabado dentro del recinto para promoción del programa. Escenario, backstage, entrevistas, ensayos. Está escrito demasiado amplio.




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