Ella
La lluvia le golpeaba la cara como si quisiera devolverla a la casa.
Camila avanzaba sin mirar atrás. Cada paso le ardía en los pies, pero no se detenía. No podía. Respiraba hondo, tragando aire frío que le raspaba la garganta.
Detrás de ella, la casa seguía en silencio ... .Demasiado silencio.
Ese pensamiento era lo único que la mantenía en movimiento.
Había perdido minutos valiosos buscando las llaves. Siempre estaban escondidas. Nunca en el mismo lugar. Era una costumbre suya, casi un juego. Un recordatorio de que nada en esa casa le pertenecía del todo.
Ni siquiera la salida.
El dolor en su cuerpo seguía ahí, constante, profundo. la golpiza de esa tarde todavía le pesaba en la piel. Había sido por la cena, por algo que no alcanzó a terminar a tiempo.
De igual manera el siempre encontraba un motivo
El cielo empezaba a oscurecer. Eso era bueno. La lluvia y la falta de luz jugarían a su favor. La ruta no estaba lejos. Si lograba llegar, podría tomar cualquier colectivo, cualquier dirección, cualquier lugar que no fuera ese.
Cualquier lugar donde él no estuviera.
Sintió las lágrimas mezclarse con el agua de la lluvia, pero no se detuvo. El pecho le dolía, no solo por el esfuerzo. También por el miedo… y por algo más difícil de nombrar: la certeza de que ya no había vuelta atrás.
Durante años había pensado en irse;Pero siempre había algo que la detenía. No era solo el miedo a lo desconocido. Era el miedo a lo que venía después.
A lo que él haría después.
Porque Marcos no gritaba todo el tiempo.
A veces no decía nada.Y eso era peor.
Habían pasado ocho años desde que su vida dejó de ser suya. Desde que su padre la dejó siendo una niña de doce años, y terminó bajo el cuidado de ese hombre al que todos llamaban su esposo,pero quien ella no eligio