Estaba tan metido en sus pensamientos que apenas prestaba atención al camino, cuando de pronto una silueta se cruzó frente al auto.
Clavó los frenos.
El chirrido de las ruedas le retumbó en el pecho. Se quedó unos segundos inmóvil, con las manos tensas sobre el volante.
—¡¿Pero qué hacés?! ¿Estás loca? —soltó, bajándose de golpe diciendo malas palabras
La vio mejor entonces. Empapada, temblando, respirando con dificultad. No parecía una loca más bien un animalito
Camila lo miró fijo, con los ojos llenos de lágrimas.
—Por favor… necesito ayuda por favor
Sebastián desvió la mirada, incómodo. Se pasó una mano por el pelo, fastidiado o mas bien dudando en qué hacer
—AHHH no… —murmuró—. Uno se mete y después…¿Diosss diosa ? en que me metes ahora!!!!!! exclamó
No terminó la frase. Volvió a mirarla.
Recién ahí notó la panza , los brazos ,los moretones.
Apretó la mandíbula.
No te metas”, pensó. “No es tu problema”.
Pero otra voz, más vieja, más insistente, le resonó en la cabeza. La voz de su madre quisas.
Soltó un insulto por lo bajo.
—Subí —dijo al fin, seco, abriendo la puerta—. Solo te acerco a algún lado y nada mas
Camila asintió rápido y subió sin decir nada más.
El auto volvió a ponerse en marcha.
Sebastián manejaba con la vista al frente, rígido cada tanto la miraba de reojo analizandola no debía de tener más de veintiún años , veintitrés quizás , a pesar del barro y las prendas tan sencillas por no decir feas descoloridas y viejas ; parecía bonita
Tenía un hematoma con corte en el ojo izquierdo , el labio partido y un resto de sangre proveniente del cuero cabelludo recorría por su su mejilla estaba hecha pipa como decían en la jerga de su edad .
—¿Te estás escapando o me parece ? —preguntó, sin mirarla.
Ella tardó en responder.
—Sí.por favor por favor no me bajes
Sebastián apretó el volante.
—Qué quilombo… —murmuró lamentándose con miedo a lo que suponía podía pasar y a lo podia traerle futuros problemas
Cuando llegaron, apagó el motor pero no bajó enseguida. Se quedó quieto, mirando al frente.
Después giró la cabeza para observarla
Los golpes eran peor que la primera impresión que salvaje la habría dejado así
—¿Quién te hizo eso? —preguntó, más serio ahora.
no le respondió , no podía , solo secó las lágrimas que se negaban a no caer