Camila corría descalza, embarazada. La dificultad de su estado le pesaba en cada movimiento. El aire le quemaba los pulmones; cada inhalación era más corta, más desesperada.
El suelo era irregular, traicionero. Piedras filosas se clavaban en las plantas de sus pies, la tierra húmeda se pegaba a su piel, haciéndola resbalar. Aun así, no se detenía.
El pavor le oprimía el pecho. Cada paso era más lento que el anterior
El camino, oscuro y sinuoso, parecía cerrarse sobre ella. Las ramas bajas le arañaban los brazos, el viento le azotaba el rostro mezclándose con sus lágrimas
Entonces lo escuchó.Los gritos de Marcos, cada vez más cerca. Su nombre, repetido una y otra vez, deformado por la furia .Quiso correr más rápido... pero también esconderse, desaparecer, volverse tan pequeña que nadie pudiera encontrarla.Su corazón golpeaba con violencia en su garganta.
Dios... por favor... un poco más...Tropezó. Apenas logró sostenerse. El dolor en el vientre la atravesó como un latigazo, obligándola a encorvarse un instante.
Los gritos ya no venían de un solo lugar. La rodeaban.No encontraba una salida. Los gritos de Marcos dejaron de escucharse ....en su lugar se escuchaba el llanto de su bebé , un llanto desgarrador que le atravesaba el alma
El miedo le cayó encima como un golpe seco en el estómago. El aire dejó de entrar. Sus piernas ya no respondian .Y aun así trataba de dar otro paso, pero una voz diferente la llamaba...
¿desconocida? No!. La había escuchado antes.
El llamado era insistente .Sintió cómo su cuerpo comenzaba a sacudirse, presa de los espasmos del llanto, pero no abrió los ojos de inmediato sino lentamente dejándose llevar por esa voz no tan desconocida
cuando al fin abrió los ojos se encontró con el rostro de sebastián tan cerca de ella ;lo miró confundida ,le costó un momento volver a la realidad ;las pesadillas cada vez eran más vividas .
Sebastián la miraba entre asustado y desesperado ya que los gritos de ella eran desesperantes , creyo que despertaria a media clínica .
Delia entró desesperada a la habitación imaginando todo tipo de atrocidades , se detuvo al ver que era un mal sueño de camila , Pobrecita —pensó, con un nudo en el pecho-. Había algo en esa chica que le despertaba una ternura inmediata... y una preocupación difícil de ignorar
Camila se quedó en silencio después de regular la respiración. Sus dedos seguían aferrados a la sábana... y a la mano de Sebastián, casi sin darse cuenta.
Cuando lo notó, dudó un segundo en soltarlo. Finalmente no lo hizo.
—Perdón... -murmuró, bajando la mirada—Yo... no quise hacer tanto escándalo
Sebastián negó enseguida, casi cortándole la idea
—No fue nada -respondió-fue un mal sueño , solo nos asustaste
Delia le acarició el brazo con suavidad.
—No tenés que disculparte por tener miedo —dijo con calma.
Camila tragó saliva, todavía algo avergonzada, pero menos tensa.
—Es que... —dudó— Parecía tan real... creí que...
Las palabras se le quedaron atascadas. Bajó la mirada y se acarició el abdomen, casi de forma inconsciente, como aferrándose a una certeza que todavía le costaba tener.
—No te preocupes... estamos acá para vos -dijo Sebastián con suavidad—Siempre que lo necesites.
—Así es —agregó Delia, con una sonrisa cálida-. No tenés que pasar por esto sola
Camila bajó la mirada, como si le costara sostener esas palabras.
—Gracias... —murmuró, en voz baja-. Yo... no estoy acostumbrada a esto—hizo una pequeña pausa. Respiró hondo, todavía algo inestable.—A que alguien... este...
Sebastián no respondió enseguida. No hizo falta. Ajustó apenas la mano sobre la de ella, firme, sin apretar
—Bueno... —dijo al final, con calma—Podés empezar a acostumbrarte—este
No sonó como una promesa exagerada. Más bien, como un hecho simple.
Delia observó con suavidad, sin invadir.
—De a poco -añadió-. No hace falta que confíes todo hoy—continuo
Camila levantó la vista, primero hacia Delia, después hacia Sebastián. Algo en su expresión había cambiado: el miedo seguía ahí, pero ya no estaba sola.
Los días siguientes transcurrieron con una calma extraña. Camila no volvió a tener pesadillas tan intensas, aunque el recuerdo seguía ahí, latente, como una sombra difícil de ignorar.
Sebastián pasó a verla más de una vez. A veces hablaban. A veces el silencio bastaba.
Delia, por su parte, le había dado tiempo la visito todos los días mientras estubo internada. No insistió. La decisión ya estaba en sus manos
Cuando finalmente llegó el momento del alta, Camila ya lo había pensado lo suficiente.No fue una decisión fácil, pero sí una que entendía necesaria, en la clínica le habían entregado los documentos y un bolsito feo que fue lo único que se llevó de su infierno.
—Entonces... voy a ir —dijo, más para confirmarlo que para anunciarlo.
Delia asintió con una sonrisa tranquila, sin sorpresa. Sabía que ella razonaria
—Va a ser solo por un tiempo —aclaró Camila, como si necesitara recordarlo.
—Por el tiempo que necesites —respondió Delia, con suavidad
Sebastián la observó un instante, sin intervenir. Solo asintió, como validando su decisión.
Camila ajustó la correa del bolso. El aire fuera de la clínica se sentía distinto, más abierto...y al mismo tiempo incierto.
—ahi vamos —pensó Camí parecía , tranquila pero su corazón latía a mil tenía miedo de lo que le deparará el destino de ahora en más