Lo que sobrevivió en mi

Capítulo 10-Nueva vida

El tiempo había pasado con una rapidez desconsertante.Camila había comenzado a ir a terapia por recomendación de Delia , quien en muy poco tiempo se había convertido en un pilar fundamental en su vida y ni hablar de sebastian no sabía que lugar ocupaba en su mundo pero sabía que era un lugar muy importante

El visitaba la casa con frecuencia casi siempre después del trabajo .El era kinesiologo y trabajaba en un consultorio junto a dos colegas ,con el paso de los meses el centro no había dejado de crecer .Sebastián insistía en llevar a Camí al centro ya que tenía la idea de que ver a otras personas en situaciones difíciles y en rehabilitación podría ayudarla a procesar aunque sea un poco sus traumas.Una mañana despues de la terapia de Camí , Delia tubo la idea de caer de sorpresa al centro y así ver a Sebastián

El centro era sencillo y discreto por dentro el decorado era modesto aunque cuidada con detalles que demostraban el esfuerzo y el cariño que le habían puesto.

Todo había sido construido poco a poco .Al principio tenían. Pocos pacientes y pocos recursos pero ahora eso había crecido ,desde hacía muy poco habían empezado a atender obras sociales y la demanda era tanta que no daban a basto con los turnos , se estaban planteando trabajar por la tarde algo que habían acordado no hacer. Querían tener tiempo para preservar sus propias vidas Ese día Sebastián estaba atendiendo a Braian, un joven de veinticuatro años que padecia adrenoleucodistrofia, una enfermedad degenerativa que, con el tiempo, iba afectando progresivamente sus capacidades motoras.

—Eh, campeón, dale que vas bien... ¿Aguantás un round más? ¿Molesta esto? —le preguntó al chico mientras le hacía movimientos circulares con la pierna.

Él solo sonreía; esa era su manera de expresarse. Su rostro era el reflejo de sus estados de ánimo, por lo que Sebastián seguía trabajando con él. Estaba tan relajado, tan amistoso y, a la vez, tan profesional...

Camila lo miraba a través de la puerta sin que él se percatara. Le parecía apuesto; las prendas de trabajo le asentaba bien. Era un ambo de color celeste y azul, que combinaba con el celeste de sus ojos. Nunca había visto a alguien morocho con ese color de ojos; era más común ver rubios de ojos azules, pero nadie tan apuesto como él, con rostro de persona buena.

—Hola, Sebas. Pasábamos por aquí y quisimos visitarte —interrumpió de pronto Delia, sin anunciarse, sobresaltando a los que estaban en el consultorio.

—Hola, madre, ¿cómo estás? —saludó Sebas, mirándola de manera retadora—Disculpen, es mi madre, siempre tan políticamente correcta ...Ella es Patricia y él es Braian —los presentó— Ma, espérenme en mi oficina, en un rato estoy con ustedes. Pedile a Flor que te lleve café, ¿sí? -les habló de manera más conciliadora.

—Claro, hijo, solo quería verte en acción. Disculpen, ya nos vamos. Te esperamos en tu oficina —dijo Delia, disculpándose con la madre del chico.

Más tarde esa mañana, los tres estaban tomando café en la oficina de Sebastián. Él les contaba sobre Braian, su caso, y que era paciente suyo desde hacía tres años.

—¿Pero no tiene posibilidad de cura o algún tratamiento? —preguntó Delia.

—No, en este caso no. Son muchos los casos así... no podemos hacer nada, solo acompañar y tratar de darles una mejor calidad de vida.

—Qué pena... —dijo Camila, sinceramente apenada.

—Bueno, nuestra visita duró mucho. Es hora de que vayamos de compras con esta muchachita. ¿Nos vamos, Cami?

Ella asintió en silencio salieron luego de despedirse.

—Bueno, señorita, vamos al centro. Te voy a renovar ese guardarropa. Después me vas a acompañar a la peluquería, ¿te parece?

—Yo la acompaño donde usted diga, pero por favor no gaste en mí... ya hace mucho por mí —se negó Camila, avergonzada por tanta amabilidad.

—Nooo otra vez! Tutéame, no me trates de usted. Creí que ya habíamos pasado esa etapa.

—Perdón, perdón... —se disculpó Cami, sonrojada.

—Además, no tenés nada nuevo y necesitás actualizarte un poco. Vos no te preocupes, que ayer cobré mi jubilación y la pensión que me dejó mi difunto marido -que descanse en paz—Era un muy buen hombre, gracias a Dios. Sebas y Sonia salieron buenos chicos, como él. Además... dame ese gusto. Ahora ya sos como mi hija.

Esas palabras se clavaron en el corazón de Cami. Por un instante, no supo qué decir. Solo sintió algo , cálido, creciendo en el pecho... una emoción que nunca antes había experimentado.

El centro estaba lleno de gente, negocios abiertos y vidrieras que brillaban con ropa de todos los colores. Camila caminaba al lado de Delia, un poco tímida, mirando todo con curiosidad, ya que era la primera vez que salía de compras al centro , o a algun lado asi

Entraron a un local y Delia, decidida, comenzó a elegir prendas sin dudar.

—Esto te va a quedar hermoso —dijo, acercándose una blusa—Y esto también... ay, Cami, mirá este vestido.

—Es muy lindo... pero no sé si es para mí —respondió ella, dudando.

—¿Cómo que no? Claro que es para vos. A veces hay que animarse un poquito. Andá, probátelo.

Camila tomó la ropa y fue hacia el probador. Cerró la cortina despacio y, por un momento, se quedó quieta, mirando las prendas en sus manos. No estaba acostumbrada a que alguien eligiera cosas para ella.....mucho menos con tanto cariño.

Se cambió lentamente. Cuando salió, lo hizo con cierta inseguridad, bajando la mirada.

—Bueno... ya está... —dijo en voz baja.

Delia se giró y, al verla, sonrió con orgullo.

—¿Ves? Yo sabía. Estás hermosa.

Camila levantó apenas la mirada, como buscando confirmar esas palabras. Se miró en el espejo que tenía enfrente... y por primera vez en mucho tiempo, se detuvo a observarse de verdad.

Algo había cambiado. No era solo la ropa. Era la forma en que se veía a sí misma.

Más tarde, ya en la peluquería, el sonido de los secadores y las conversaciones llenaba el lugar. Camila se sentó frente al espejo mientras una de las estilistas comenzaba a trabajar en su cabello.




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