La tarde en el centro había sido más tranquila de lo habitual.
Camila había logrado concentrarse en sus tareas sin demasiadas interrupciones, incluso había sentido que el día avanzaba con una normalidad que le resultaba cada vez menos ajena.
Sebastián pasó a saludarla en un momento, pero no se quedaron mucho tiempo hablando; había trabajo, pacientes, rutina.
Todo parecía encaminarse hacia una calma estable.
Hasta que Mirian apareció.
Camila la vio apenas cruzó la puerta y algo en su estómago se tensó de inmediato. No era sorpresa del todo, pero sí una incomodidad que no había terminado de desaparecer con el tiempo.
-Cami... -dijo Mirian, acercándose con cuidado-. Necesitaba verte.
Camila dudó un segundo, pero asintió.
-¿Pasa algo?
Mirian bajó la mirada un instante, como si lo que traía consigo pesara más de lo que quería admitir. Buscó en su bolso y sacó un sobre.
-Esto... me llegó hace un tiempo. No sabía si dártelo o no.
Camila frunció apenas el ceño, sin tocarlo.
-¿De quién es?
Mirian la miró directo, con cierta tristeza.
-De Marcos.
El nombre cayó entre las dos con una densidad inmediata.
Camila no se movió, pero su expresión cambió.
Mirian extendió el sobre un poco más.
-sigue preso... y me escribió a mí primero. Me pidió que... si algún día te veía, te lo diera.
Camila sintió cómo el aire le cambiaba de ritmo.
-No tenías que venir con esto... -murmuró.
-Lo sé -respondió Miriam rápido-. Pero pensé que tenías derecho a decidir qué hacer con esto.
Hubo un silencio breve.
Finalmente, Camila tomó el sobre.
No lo abrió.
No todavía.
Más tarde, ya en su casa, el sobre seguía sobre la mesa.
Intacto.
Camila lo miraba como si fuera algo más grande que un simple papel. Sebastián estaba ahí, sentado cerca, sin presionarla, solo acompañando.
-No tenés que leerlo si no querés -dijo él después de un rato.
Camila negó apenas.
-No es eso...
Sus dedos tocaron el borde del papel, pero no lo abrió.
-Es que... no sé qué voy a encontrar ahí.
Sebastián la observó en silencio.
-Sea lo que sea... no cambia lo que viviste.
lo leyó primero para ella luego en voz alta
Carta de Marcos:
Camila...
No sé bien cómo escribir esto, pero me dijeron que lo haga igual.
No sé si vas a querer leerlo, y la verdad lo entiendo si no querés.
Te escribo porque estoy preso y acá tuve mucho tiempo para pensar en todo lo que hice.
Me di cuenta de que estuve muy mal con vos. No solo mal, te hice daño.
Vos eras muy chica y yo era un adulto. Tenía que cuidarte y no lo hice. Hice las cosas mal desde el principio.
Me comporté de una forma que no estuvo bien. Te controlé, te saqué libertad, te hice vivir con miedo. Y eso no tendría que haber pasado nunca.
Ahora lo veo claro, pero antes no quería verlo.
Acá empecé a acercarme a Dios, me hice cristiano. Estoy hablando con un pastor que viene a la cárcel. No te lo digo para justificarme, porque nada de eso cambia lo que hice.
Solo me ayudó a entender lo que fui.
No te escribo para que me perdones ni para que me respondas.
No espero nada de vos.
Solo quiero que sepas que reconozco todo el daño que te hice, y que lo lamento de verdad.
Ojalá puedas estar en paz algún día. Eso es lo único que deseo ahora.
Perdón.
- Marcos
Se le quebró apenas la voz en la última parte, no por emoción religiosa, sino por el impacto de lo irreal que le resultaba todo eso.
-Como si eso pudiera... cambiar lo que pasó -agregó en voz baja.
Sebastián no respondió de inmediato.
-No tenés que perdonarlo para seguir adelante -dijo finalmente.
Camila cerró los ojos un segundo.
Pero el daño ya estaba hecho.No en la carta.
Sino en lo que reabrió dentro suyo.
Esa noche, el sueño no tardó en volver.
Pero esta vez fue distinto.Más intenso.
Y cuando despertó sobresaltada, con el corazón golpeándole fuerte en el pecho, el presente no alcanzó de inmediato para calmarla.
Se sentó en la cama, respirando agitada, mirando alrededor sin ubicarse del todo.
La carta seguía ahí, en la mesa del living.
Y eso bastaba.
Sebastián apareció casi de inmediato, como si lo hubiera sentido, no preguntó demasiado.
La vio sentada, tensa, y entendió.
-Vení -dijo simplemente.
Camila lo miró apenas.se refugio en sus brazos ,su lugar seguro
Sebastián la sostuvo sin apuro, sin invadir, solo dejándola estar ahí, con él.respirando el aroma de su pelo