Lo que sobrevivió en mi

Capítulo 18- El festejo

El día había amanecido hermoso. Se escuchaban los pajaritos cantar y, a través de la ventana, podía verse un amanecer cálido y brillante.

Camila se estiró y se levantó de un salto de la cama. Era sábado, así que no tenía que ir al centro.

Hacía ya dos semanas que podía dormir tranquila. Las pesadillas habían disminuido de forma gradual y los ataques de pánico ya no eran tan intensos ni tan frecuentes. Tampoco tenía que despertar a Sebastián en mitad de la noche, y eso la hacía sentir aliviada, porque le daba mucha pena tener que molestarlo.

Pero hoy era un día especial.

23 de octubre. El cumpleaños de Delia.

Sebastián había preparado una reunión sorpresa para ella. Sus amigas, Cora y Mónica, la llevarían al spa para pasar la tarde y, cuando regresara a casa, todos estarían esperándola.

Camila sonrió emocionada.

Nunca había participado en algo así.

Tenía que ir al mediodía para ayudar con las decoraciones. Sebastián estaría junto a Leandro y la novia de este, a quienes Camila había conocido días atrás en el centro y que le habían caído muy bien.

La novia de Leandro se llamaba Oriana, una muchacha alegre y simpática que logró que Camila se integrará rápidamente al grupo de amigos de Sebastián. Se notaba que eran muy unidos y que apreciaban de verdad a Sebas.

El grupo estaba compuesto por Lean y otros tres amigos: Ulises, Joaquín y Uriel, junto a sus respectivas novias, Yamila ,Lorena y yesi

Ese grupito era increíblemente divertido.

Camila podía quedarse callada durante horas y aun así terminar riéndose todo el tiempo gracias a las ocurrencias constantes del grupo. Y Sebastián tampoco se quedaba atrás.

A ella le gustaba observarlo cuando estaba con sus amigos. Se lo veía relajado, feliz, completamente distinto. A veces le lanzaba miradas que la hacían sentir especial, aunque todavía no sabía cómo nombrar todo aquello que él despertaba en ella.

Por momentos, Camila le agradecía a Dios por haber encontrado a esas personas. Sabía que, si Él existía, había sido quien puso a Sebastián en su camino aquella noche.

Tenía mucho que agradecer.

Sentía que Delia se había convertido en una madre para ella y Sebas....

Él despertaba sentimientos que jamás creyó sentir.

Por la tarde, el grupo de bochincheros se encontraba preparando todo para la fiesta sorpresa en el jardín trasero.

En la parrilla se cocinaban carnes asadas que olían para chuparse los dedos, mientras las chicas organizaban mesas hermosamente decoradas.

Yamila y Lorena armaban un arco de globos con flores, mientras Camila y Ori acomodaban unas cortinas de fondo doradas que combinaban perfectamente con el enorme cartel que decía "Feliz cumpleaños, Delia".

En la cocina, Teresa y Carmen preparaban ensaladas y distintas salsas ayudadas por Oriana ,
todos colaboraban en algo

Faltaban apenas dos horas para el regreso de Delia y el ambiente era cálido y festivo. Parecían una familia de verdad: todos trabajando juntos solo para hacer feliz a otra persona.

Según había contado Sebas, siempre se reunían así para cumpleaños y celebraciones. Cada uno tenía su rol ya aprendido con los años.

Eran una gran familia, incluso sin compartir lazos de sangre.

Y eso se notaba.

Los amigos de Sebastián recordaban anécdotas de cuando eran niños y pasaban las tardes en su casa después de la escuela. Hablaban de travesuras, accidentes y bromas pesadas mientras las chicas rodaban los ojos entre risas.

-Son las mismas historias de siempre -se quejó Lorena divertida.

-Sí, no hacen otra cosa que repetirlas cada vez que se juntan -agregó Yamila.

Entonces los chicos comenzaron a tirarles snacks acusándolas de ser "malas novias" y "unas envidiosas".

Las carcajadas no tardaron en llenar todo el jardín.

Por un instante, Camila sintió deseos de llorar.

Pero no de tristeza.

Era felicidad.

Sebastián lo notó enseguida.

Se acercó a ella preocupado.

-¿Qué pasa?

Camila negó suavemente con la cabeza.

-Estoy bien... estoy feliz.

Luego levantó la vista y lo miró directo a los ojos.

-Estoy agradecida por poder vivir esto.

Sebastián sonrió con ternura y le dejó un beso en la frente.

Después la abrazó suavemente por la cintura mientras observaba a sus amigos reír y discutir alrededor de la parrilla.

Y, en ese momento, él también se sintió dichoso.

Delia soltó una pequeña risa mientras bajaba del auto junto a sus dos amigas.

El día de spa había sido idea de ellas y, aunque al principio se negó, terminaron obligándola a relajarse "aunque fuera por una tarde".

-Admitilo, te hacía falta salir un poco -dijo una de ellas.

-Sí, sí... tenían razón -respondió Delia acomodándose el cabello-. Pero mañana no me sacan de casa ni aunque me paguen.

Las tres caminaron hacia la entrada entre bromas, completamente ajenas a lo que ocurría del otro lado del jardín.

La casa estaba extrañamente silenciosa.

-¿Sebastián? -llamó Delia apenas abrió la puerta.

No hubo respuesta.

Frunció el ceño.

-Qué raro...

Una de sus amigas sonrió disimuladamente.

-Capaz salió.

-¿Y dejó todas las luces apagadas y l a puerta abierta? Imposible.

Delia avanzó unos pasos dentro de la casa hasta notar algo: una tenue iluminación entrando desde el jardín trasero.

-¿Qué...?

Caminó confundida hacia la puerta ventana.

Y apenas la abrió-

-¡SORPRESAAAAA!

Las luces del jardín se encendieron de golpe.

Delia dio un pequeño salto llevándose una mano al pecho mientras las risas llenaban el aire.

Todo el jardín estaba decorado con guirnaldas cálidas colgadas entre los árboles, flores sobre las mesas y fotografías repartidas por distintos rincones. Había música suave, comida preparada y decenas de personas importantes para ella esperándola con sonrisas enormes.




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