Lo Volvería a Intentar (borrador)

Siete

Yo todavía tenía cierto grado de desconfianza con Pablo. Creía que era posible que él hubiese estado en ese edificio el año pasado mientras yo lo frecuentaba en mis días de descanso o a la salida de los trabajos que tuve e incluso cuando no tenía, pero también era posible que estuviese mintiendo por alguna razón que no me hacía sentido. Ahí estaba el punto de mi frustración, si era mentira que estuvo ahí en esas fechas, ¿por qué mentiría con eso?, ¿qué ganaba exactamente? Si su objetivo fuera, en el peor caso, hacerme daño, lo habría hecho ya hace rato sin tanto rodeo ni charla, arriesgándose a que viniera alguien que sirviese de testigo… o que le sirviera de ayuda. Comencé a ponerme paranoica y a pensar en muchas cosas.

Me imaginé lo fácil que sería empujarlo por el agujero… también conocido como ventana. Estaba pegado a lo que se supone que debería ser un alféizar, si tuviese algún problema y Pablo resultara ser un loco enfermo que quería lastimarme, escapar era la primera opción, [?] era la segunda en caso de que me bloqueara el acceso a las gradas. No sería difícil porque el borde no era demasiado alto, apenas le llegaba a la cintura. Ni siquiera presté atención a lo que dijo después, lo escuché, pero mi mente lo borró por completo al ver cómo se apartó de la ventana con rapidez para caminar hacia mí, pasar por mi lado generando un viento que movió levemente mi cabello, y seguir hasta las gradas.

Primero pasó por mi cabeza la idea de que él había percibido mi intención de empujarlo, pero entonces, justo al lado del ventanal de la parte occidental, Pablo hizo un movimiento con la pierna para subir al cuarto piso como si nada, sin mediar más palabra después de la pregunta psicológica y de eso otro que no recuerdo.

¡NO! ¿A DÓNDE VA? —me pregunté en mi cabeza aterrorizada, me quedé paralizada del miedo con los hombros tensos y levantados.

Él se dio la vuelta bruscamente y me miró, tenía un pie en la primera grada, subió el otro, pero en lugar de seguir subiendo se giró del todo para observarme con ambos pies en la primera grada, luego de un incómodo instante de mirarnos en silencio bajó y se me acercó con la misma actitud con la que se acercó antes pero más serio.

—¿Qué carajos te pasa?, ¿estás bien? —me dijo muy de cerca.

Pablo me miró con los ojos entrecerrados, me analizó de pies a cabeza con curiosidad, —sin morbo, estaba atenta a esos detalles— luego empezó a rodearme lentamente sin dejar de verme, yo le seguí con la mirada e iba girando mi cuerpo a medida que él se movía, acabó en el lado opuesto a las gradas, nuevamente, quedando a solo un par de metros de la ventana a su espalda y con las gradas en frente, conmigo en medio obstaculizando su visión.

—Estoy bien, pero mejor no subas, puede haber indigentes allá.

—Ajá, y… ¿por qué gritas? —preguntó con tono sarcástico levantando los brazos para formar con ellos una línea horizontal, sentí que se estaba burlando de mí y que la pregunta fue retorica.

—No grité, no dije… Dios, ¿vamos a hablar de la iglesia sí o no?

Estaba molesta, tenía sueño, realmente todo el tiempo estaba molesta y tenía sueño. Pablo provocó en mí una mezcla extraña de sentimientos, quería estar con él y a la vez no, esa contradicción que le caracterizaba también caracterizó lo que sentía con él… por él, o lo que fuera. La bola blanca giraba y giraba y yo no había hecho ninguna apuesta. La bola gira en dirección opuesta a la ruleta, a diferencia de la bala en el tambor.

—Claro, puedo ignorar el hecho de que me hablaste de usted por primera vez y que eso sonó muy extraño, —dijo mientras permitía que la gravedad hiciera lo suyo con sus brazos, generando un ruido seco y único por debajo de sus caderas tras un solo movimiento— o puedo asumir que hablaste en tercera persona como si le preguntaras al alguien más hacia donde iba yo.

—Pero… ¿qué mierda estás diciendo? No estoy hablando con nadie más, no te grité, no te hable de usted y no le pregunté nada a nadie, ¡no abrí la maldita boca! —dije levantando la voz, sin llegar al grado de gritar.

No abrí la maldita boca, pensé en mi cabeza que no debía subir al cuarto piso, me lo pregunté a mí misma. Pablo no podía meterse en mi cabeza como si nada, no podía escuchar lo que hablaba conmigo misma ni saber que había pensado en la posibilidad de empujarlo por el agujero rectangular. Mi pésimo horario de sueño, las largas siestas y los dos, a veces tres días seguidos despierta me estaban afectando demasiado. Nunca en mi vida llegué a gritar, alguna vez de adolescente lo intenté y mi voz se quebró, hice un ruido patético, ridículo, seco y deforme. Mi voz no era lo suficiente fuerte para tal cosa, ni siquiera para dejar salir un grito agudo de niña malcriada, por eso estaba segura de que no le había gritado a Pablo, por eso y porque me lo pregunté a mí misma.

Pensé que la situación iba a volverse incomoda otra maldita vez, pero justo cuando comencé a estresarme por la idea de que él comenzara a indagar en el asunto y a hacer un montón de preguntas simplemente me dijo:

—Está bien, si tú lo dices… no pasa nada —levantó las manos en señal de tregua y sentí un gran alivio.

—Perfecto… gracias. Perdón por alzar un poco la voz —dije llevando las manos a mis sienes, intentando procesar todo.

Cerré los ojos y dejé salir un fuerte suspiro. Pablo evitó que habláramos más del asunto. Aquello me recordaba la incómoda cita con la psicóloga en la que me pasó por primera vez. Yo no quería tocar ese tema con nadie, quería dejarlo pasar hasta estar segura de las cosas. Pospuse tanto el problema que nunca supe por qué hablaba dentro de mí y la gente me escuchaba afuera. Era extraño y preferí evitarlo porque mi cabeza ya estaba muy en el fondo de otros asuntos… las pesadillas, la iglesia, la muerte de papa, la actitud de mamá, yo misma… yo misma, yo fui siempre el verdadero problema, por eso la ruleta sigue girando.

—No te preocupes, te entiendo perfectamente.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.