Los Brazos de Morfeo.

11.

Noah:

Cuando pierdo de vista a Morfeo, es cuando miro nuevamente hacia el punto desde donde cayó el ángel.

Un resplandor dorado aparece y luego veo la tropa de carrozas de los guardias de Oro descendiendo hacia el mar.

De repente siento que no puedo moverme. Mis piernas no responden, me quedo helada mientras veo como ellos van directo hacia Morfeo.

«Lo van a matar... »

Quiero correr hacia él, quiero meterme en el agua y advertirle, pero no sé nadar.
Las carrozas se hunden entre las olas y yo corro hacia la chaqueta de Morfeo.

Busco en sus bolsillos con desesperación, hasta que encuentro su celular. Por suerte no tiene contraseña, voy directo a contactos. Mis manos parecen gelatina y temo que se me vaya a caer.

Encuentro el contacto de Apolo y lo llamo.

No contesta.

—¡Mierda! —exclamo y marco el de Hades, quien luego de dos timbres, contesta—, ¡Hades debes ayudarnos!

¿Nefilim? —Suena confundido y no lo culpo—, ¿qué pasa?

—Los Guardias de Oro, ellos van tras Morfeo... Necesito que vengas. Yo no puedo entrar en el agua...

¿Cómo que agua?, ¡¿dónde están?! —Ahora suena extremadamente preocupado.

—Estamos en una playa de Los Ángeles...

¿Y Morfeo se metió en el mar?

—Sí... —digo y entonces lo veo.

Es como si el mar se dividiera al medio, dejándome ver a lo lejos la silueta de Morfeo con el ángel, pero entonces vuelve a cerrarse violentamente. Unas olas de ochenta metros elevan al dios en el aire y lo vuelven a hundir.

Siento que se me va a caer el celular. Simplemente no puedo creer lo que sucede.

¡Noah!, ¡¿Noah, qué está pasando?!

—El mar... El mar se lo tragó...

Mierda. —exclama y la llamada se corta.

Luego de unos segundos, el mar se calma. Demasiado.

Ni siquiera hay olas, es como si fuera una piscina, en calma. El silencio que hay tan solo me pone más nerviosa.  
No hay señales de Morfeo o del ángel, ni siquiera de los guardias de Oro.

«Mierda, no... No puede estar pasando esto. Él sabe nadar... Él saldrá de ahí.»

—Aquí estoy —La voz de Hades me saca de mis pensamientos y me giro para mirarlo, su cabello rizado está mojado, parece como si se hubiese vestido a toda prisa, su camiseta de los Rolling Stones está al revés, su chaqueta está mal puesta y tiene sus zapatillas son de pares diferentes, una es negra y la otra roja con azúl—. Debemos ir por Morfeo, ahora.

—Pero no sé nadar...

—Yo te ayudaré; escucha, Noah —dice tomándome por los hombros—, Poseidón tiene a Morfeo. Al pisar el mar el idiota puso un pie en la tumba. Mi hermano va a matarlo si no nos apresuramos...

—Oh, mierda...

—Sí, "Oh, mierda". Ahora vamos —dice quitándose sus zapatillas y la chaqueta—, no es necesario que te quitas más que las zapatillas.

Me lo quedo mirando unos segundos, hasta que finalmente me saco mi calzado y lo sigo. 
El agua helada envía escalofríos a través de mi cuerpo a medida que nos adentramos en el mar.

—Mírame —dice y lo hago, pasa su dedo índice por mis labios y por el tabique de mi nariz, haciendo que éstos desprendan una luz violeta—. Bien, ahora podrás respirar ahí abajo —asiente soltando aire—. Sujétate de mi, debo ir rápido porque sino no los alcanzaremos.

Se da la vuelta y yo rodeo su cuello con mis brazos.

—No te sueltes. —dice y entonces se sumerge a toda velocidad.

Cierro los ojos mientras me aferro a Hades aún más fuerte. Siento la frialdad del agua inundando cada espacio entre mi ropa y mi cuerpo. Es impresionante la velocidad con la que Hades está nadando, pero supongo que para un Dios es normal.

Noto que puedo respirar aquí, es como si el agua simplemente no pudiera entrar en mi boca o mi nariz. No sé de dónde saco el aire que respiro, pero no me estoy asfixiando.

"Ya estamos cerca, abre los ojos." Oigo su voz en mi mente y mis ojos se abren, sobresaltados.

«¿Qué haces en mi mente?»

"¿Acaso crees que puedo hablar en el agua?"

Mis ojos arden mientras el agua los golpea y parpadeo varias veces hasta acostumbrarme a la sensación.

Entonces lo veo.

Un enorme palacio en el fondo del océano, con torres blancas de mármol y esculturas preciosas, con bancos de coral de diversos colores alrededor y peces de todos los tamaños.

El palacio gigante está rodeado por algo que parece ser una barrera traslúcida, parece no haber agua dentro de ésta.

"Atravesaremos la barrera, sujétate bien, Noah." Advierte y me agarro mejor.

Atravesar esa barrera parece la nada misma, como si no estuviesemos atravesando nada, con la diferencia de que la presencia de agua, desaparece. Hades toma mis muslos para que no lo ahorque debido a la gravedad que nos atrae hacia el suelo.

El Dios del Inframundo simplemente está volando.

—Bien, ésto no será bonito... Nada bonito —masculla mientras descendemos.

Puedo divisar unas criaturas que parecen estar hechas de agua, tienen forma humana y  van de un lado al otro, como si efectivamente fuesen mundanos.

Mis pies conectan con el terreno irregular de un banco de coral cuando Hades me suelta. Me escurro el cabello y miro a mi alrededor con curiosidad.

Estamos a varios metros del palacio, es hermoso.

Múltiples esculturas de sirenas, delfines y orcas se extienden a lo largo de la entrada al palacio frente a nosotros.
Una más hermosa que la otra, con arreglos en coral y perlas.

—Poseidón le dijo específicamente: "No te atrevas a entrar en mis dominios." ¡¿Qué hace ese idiota?!, ¡se mete en el mar!, ¡y ahora yo tengo que rescatarlo de sus mierdas!, Como siempre... —Comienza a quejarse Hades mientras peina su rizado cabello con sus dedos.




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