Los Brazos de Morfeo.

12.

Noah:

Caminamos por los pasillos del enorme palacio submarino, por cada lado que mires, hay más oro y perlas. Pinturas extrañas y coral tallado.

Hades va caminando por delante de mi, mirando a su alrededor como si tratara de recordar algo.

—Debemos encontrar una forma de salir de aquí sin que nos persigan y nos maten —dice él mirándome—, si es que salimos vivos...

—Morfeo y yo vimos un ángel caer desde el cielo, fue por eso que él fue a buscarlo, yo no sé nadar y sino el ángel moriría ahogado... —explico mientras caminamos.

—¿Un ángel? —exclama sorprendido—. Entonces debe estar encerrado en el calabozo... Dudo que mi hermano lo haya asesinado sin el consentimiento de Zeus —dice fascinado—. Ese ángel será nuestra salida de aquí.

—¿Cómo? —Frunzo el ceño—, él no podría ayudarnos...

—Él tienen poderes aquí, yo no, eso puede ayudarnos —exclama como si fuera obvio.

—Entonces vamos por él.

Comenzamos a correr por los pasillos, esquivando a aquellas criaturas de agua que están casi por todos lados, parece que corremos durante una hora, hasta que finalmente bajamos por unas escaleras que dan al comienzo del calabozo.

Pero está lleno de guardias de Oro custodiando cada puerta.

—Escúchame, Noah —Me susurra Hades mientras nos escondemos tras las escaleras—, puedo abrir un portal que te lleve directo a la celda del ángel, ¿pudiste verlo bien?

—No, cayó muy lejos de donde estábamos...

—Bien, entonces iré abriendo portales a lo largo de las celdas, debes ir pasando, una por una lo más rápido que puedas, hasta que lo encuentres, luego deberás volver por el mismo camino, ¿me entiendes? —susurra mirándome fijo a los ojos y yo asiento.

Se separa de mi para acercarse a una pared y trazar unos símbolos raros con su dedo índice, el tacto de su dedo se torna violeta y se forma el portal con forma de un gran óvalo en aquél tono morado que parece tener su magia.

—¿Lista? —me pregunta y asiento.

Dejo escapar aire y sin pensarlo demasiado, atravieso el portal. 
Todo se vuelve negro unos instantes y luego mis pies descalzos conectan con un suelo frío y húmedo. Hay barrotes en un lado.

Es la celda.

Pero esta vacía. Entonces otro portal se abre del lado derecho de la celda, y corro hacia él. Por suerte las celdas están mal iluminadas, por lo que los guardias no me ven bien, además de que están distraídos hablando sobre idioteces.

Voy pasando, celda por celda, están todas vacías. 
Hasta que llego a una bastante grande, pero siento la adrenalina estallar dentro de mi cuando mi mirada se fija en la de uno de los guardias frente a mi.

Me han visto.

—¿La nefilim? —exclama uno y al quitarse el yelmo lo noto, es el general. El mismo al que asesiné en la casa de Apolo, con el único detalle de una gran cicatriz se encuentra en su cuello.

«¿Cómo puede estar aquí?»

El portal desaparece a mis espaldas y siento el terror apoderarse de cada fracción de mi cuerpo.  
Mi mirada se encuentra con la del ángel encadenado en la pared y la suya se fija en mi.

Crysanthe —El nombre por el que todos en el Cielo me conocían sale de sus resecos labios y parpadea varias veces, como si no pudiera creerlo.

Mi cuello es estrujado por la fuerte mano del general, sus ojos fríos puesto en mi, ésta vez no hay lujuria en ellos, solo sed de sangre.

—Te mataré asqueroso pedazo de mierda —Me espeta y me da un puñetazo que llena mi visión de puntos negros mientras la sangre se siente en mis mejillas y mi nariz.

Caigo al suelo y su bota se entierra en mi abdomen con brutalidad.

—¿Creíste que te habías librado de mi? —dice golpeándome nuevamente—. Jamás te dejaré ir, Nefilim asquerosa.

Cierro los ojos con fuerza mientras la impotencia y el miedo se pelean por tomar el control de mi mente.

«¿Por qué no puedo ser fuerte?, ¿por qué no puedo defenderme?»

Porque soy débil.

Y los débiles como yo no deberían vivir...

—Te enseñaré lo que es sufrir de verdad —dice él en mi oído mientras me jala del cabello con brutalidad.

Los otros guardias miran como su general me golpea una y otra vez, hasta que apenas puedo moverme, hasta que mi garganta quema de tanto gritar por dolor, hasta que ya apenas escucho los gritos del ángel pidiendo clemencia en mi nombre.

Indago en mi mente, rebobinando los recuerdos de lo que mi padre me enseñó sobre los Nefilims, sobre lo que soy capaz de hacer. Y me encuentro con lo que Emeraude me dijo: Enójate, déjate llevar por la furia y acaba con el objetivo.

Dejo la furia deformar cada pensamiento en mi mente, mientras es alimentada por los tortuosos recuerdos vividos a manos de estos tipos.

Siento otra patada y mi cuerpo es elevado unos segundos antes de estrellarse duramente contra la pared a unos metros del ángel. Puedo sentir el profundo dolor de mis huesos volviéndose a unir, y de mis heridas cerrándose. La curación está yendo más rápido.

—Le llevaré tu cabeza a Zeus, Nefilim, estará conforme; claro que antes voy a follarte hasta que sangres —Sonríe de lado mientras me toma por el cabello para arrojarme boca abajo al piso—, tus gritos son música para mis oídos.

Mis ojos se cierran con fuerza y mis puños se aprietan con tal brutalidad que mis uñas se entierran en mi carne, haciéndola sangrar. Mi mirada es azotada por el pánico y la impotencia.

Pero es entonces cuando en la oscuridad de mis ojos cerrados, aparece una luz blanca, tan potente que al abrir mis ojos, puedo sentir la energía fluir a través de mi cuerpo como torrentes imparables de choques eléctricos. Intenta golpearme de nuevo, pero mi mano reacciona enseguida, atrapando su puño en el aire.

Su mirada de sorpresa recae en mi.

Déjate llevar...




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