Los Brazos de Morfeo.

21.

Skadi:

Hace tres horas que estamos paseando por Disney, Jasper me hizo subirme a unas diez atracciones. Está feliz con su gorro de Mickey Mouse y el peluche de Nemo que me obligó a comprarle.

Estoy cansada de estar aquí, ni siquiera sé porqué sigo esperando a Hades, es obvio que no volverá.

Pero no sé abrir portales, es una habilidad que nunca me resultó. Así que lo único que puedo hacer es esperarlo, lo he llamado más veces de las que mi orgullo quiere admitir.

—¡Mamá!, ¡¿podemos entrar ahí?! —exclama Jasper señalando una cabina de fotos a lo lejos, luce tan emocionado y feliz, nunca lo ví así.

Le sonrío y asiento.

—Luego de esto iremos por algo de comer, ¿eh?, Los pies me están matando... —digo mientras caminamos hacia la cabina.

—Genial, yo también tengo hambre —musita.

Estoy por entrar, cuando una pareja sale de adentro. Mis ojos se fijan en otros café oscuro y mi mundo se cae a pedazos.

—¿Skadi? —exclama la última persona que quisiera volver a ver en mi vida.

Me quedo sin habla, mis ojos viaja de él a la mujer pelirroja a su lado y al bebé que ella carga en sus brazos. Ella es hermosa, cabello anaranjado y rizado, ojos azules, pecas y unos labios perfectos. Es una beba lo que sostiene entre sus flacuchos brazos, no parece tener más de unos meses.

Siento el impulso casi incontrolable de congelarlos y salir corriendo con mi hijo, pero no puedo moverme.

—No puede ser... —Sonríe incrédulo—, ¿cómo...?

Y entonces su mirada baja hasta donde está Jasper.

—¿Vamos a la cabina, mami? —pregunta él mientras se esconde tras mi pierna.

—¿Mami? —repite Lyell frunciendo el ceño.

Levanto a Jasper en brazos y salgo corriendo de ahí, ignorando los quejidos del niño y a su padre cuando grita mi nombre.

Una parte de mi ruega que me siga, mientras que la otra es capaz de congelarlo si lo hace.
Pero no miro atrás.

Me escondo tras unos arbustos y dejo a Jasper a mi lado.

—¿Por qué lloras, mami? —Me pregunta tocando mi mejilla con su manita, ni siquiera había notado que las lágrimas descendían por mi rostro.

De todas las cosas que pudieron haberme pasado...
De todas las personas que me pude haber cruzado en éste maldito lugar, tenía que ser justo Lyell.

La única persona de la que realmente me he escondido. El rostro que no quería volver a ver en mi maldita vida.

vio al niño, maldita sea, vio al niño.

—Toma, deja de llorar —musita Jas dándome el muñeco de Nemo y abrazándome.

Lo abrazo tan fuerte como puedo, mientras las lágrimas caen calientes contra mi helada piel. El calor corporal de Jasper es incomparable, es el único que quiero sentir contra mi cuerpo.

—Te amo, Copito —digo en su oído—, te amo, ¿sí?, Nunca dejaré que alguien te haga algo...

—Yo también te amo —dice dándome un beso en la mejilla, lo que me da más ganas de llorar.

«¿Qué haces llorando por esto, Skadi?, Debes dejar de ser tan débil...» Me digo antes de levantarme.

—¿Vamos a comer algo? —Le pregunto, pero mi voz se oye inestable.

—¡Sí! —exclama y le doy la mano mientras salimos del ridículo escondite, para volver a meternos entre la gente.

Comienza a oscurecer notablemente.

—¡Skadi! —gritan a mis espaldas y una mano se aferra a mi brazo.

Al ver que es Lyell, reacciono y su mano comienza a congelarse.

—No... —Comienzo alzando a mi hijo entre mis brazos.

—Mierda —espeta frotando la zona donde mi frío lo atacó—. Solo quiero hablar contigo...

—No tengo nada que hablar contigo, Lyell —digo fría—. Vuelve con tu familia.

—Creo que merezco una explicación, ¿no lo crees?, Diablos, Skadi, te fuiste de la nada, ¿tienes idea de lo preocupado que estuve durante tres años?, Sin saber dónde estabas, si estabas bien... —exclama, su cabello está algo más largo de lo que solía ser y tiene una fina capa de vello cubriendo su mentón y el área del bigote, pero sus ojos siguen siendo igual de cálidos—. Te amaba, maldita sea, necesito saber porqué te fuiste.

—Yo dejé de quererte. —Es la mentira más estúpida que dije en toda mi vida—. Tan simple como eso, encontré a alguien mejor que un humano —Quiero herirlo, herirlo y que se marche. Que me odie si quiere, pero que se vaya.

—Eso no es verdad. —espeta cruzándose de brazos—. ¿Y quién es él, eh?

—Me llamo Jasper —exclama mi hijo con entusiasmo.

—¿Y cuántos años tienes, Jasper? —pregunta sin dejar de mirarme a los ojos.

—Cinco años —contesta él levantando su mano izquierda con sus dedos extendidos.

—Cinco años, el tiempo que estuviste desaparecida, qué coincidencia —exclama—, ¿te fuiste porque te embarazaste?, ¿de quién?

No soporto ésta situación, no sé qué mierda decirle.

—De... —murmuro, su penetrante mirada tan solo me hace recordar los momentos en los que estuvimos juntos, esos hermosos y cálidos momentos en los que me sentía realmente viva. Pero la imagen de su nueva familia arruina esos recuerdos.

—¡Hey, amor! —dice alguien a mis espaldas, una mano me toca el hombro y cuando me giro, unos labios depositan un rápido beso en los míos—, ¿la estás pasando bien con mami, hijo? —dice Hades tomando a Jasper de mis brazos, mira a Lyell como si no fuese más que un bicho en su camino—. ¿Y tú eres?

—¿Tú quién eres? —ataca él mirándome a mi—, ¿por éste te fuiste?

Hades y yo cruzamos miradas, siento mis ojos llenarse de calientes lágrimas que odio con todo mi ser. Pero encaro al chico que alguna vez amé mucho y suelto las palabras que necesito para mantenerlo a salvo.

—Es mi marido, y sí, me fui con él, ahora desaparece —Le espeto y doy media vuelta para marcharme, con el corazón en la boca y las lágrimas escapándose de mis ojos.

«¿Por qué lloras, estúpida?»

—Skadi... —Comienza Hades tomando mi hombro, pero lo aparto.




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