Los Brazos de Morfeo.

47.

Noah:

Un bostezo me asalta luego de que abro los ojos. Me siento entorpecida por el sueño. Miro a mi alrededor para encontrarme en la misma habitación de los últimos días, con ventanas enormes, tapadas por cortinas de color Burdeos.

La misma telaraña en una esquina del techo, cuya dueña no muestra rastros. Las mantas no parecen ser suficientes para mantenerme caliente durante las noches gélidas. La sudadera azul que llevo por suerte cubre mis manos, gracias a que su propietario tiene brazos más largos que los míos. Mi cabello está todo enmarañado y algo sucio.

No he querido salir de aquí desde que entré. Siento que si salgo voy a quebrarme en mil fragmentos irreparables. He recuperado la consciencia, pero mi mente me ha enseñado lo que sucedió mientras estaba en aquel modo zombie.

Me han hecho cosas horribles, tal y como imaginé que sería. Pero intento no pensar en ello, me esfuerzo por olvidar semejantes cosas tan espantosas. Trato de no compadecerme de mí misma, en estos tres años han pasado tantas cosas... No quiero seguir recordando todo eso y que las ganas de matarme superen a la sed de venganza que tengo contra Zeus y los suyos.

¿Quién sabe?, Tal vez luego de acabar con él decida liberarme del peso de mi memoria para siempre. Después de todo, debo morir para cumplir la promesa que le hice al Espíritu Santo.

Debo resistir... Debería ser fuerte, debería ir y luchar como lo he hecho desde que toda esta tortura comenzó. Pero, ¿cómo?, Si Zeus me busca, podría encontrarme al instante, es un dios después de todo.

Mi orgullo no me permite salir y buscar a Morfeo luego de lo que hizo, luego de usarme y dejarme tirada. Pero he recuperado mi poder, lo siento fluir a través de mí, incitándome a hacer algo, dándome una vitalidad que antes no tenía.

No me atrevo a indagar en lo que sucedió entre Emeraude y Thor, ni siquiera sé si puedo creer algo tan absurdo como aquello, ¿cómo puede ser posible?, ¿cómo puede ser que no me lo haya dicho de ser verdad?

¿Cómo pudo engañar a Nale?
¿

Cómo pueden nuestros mundos mezclarse de esa forma sin que nadie se entere?

No quiero confiar en él. No quiero tratar de entenderlo... Le debo la vida y soy consciente de ello, me ha salvado dos veces. Pero no puedo comprender su amabilidad, ¿es que tanto amaba a mi prima?, ¿es que tuvo que esperar tanto tiempo para salvarme del sufrimiento en el que me metió en primer lugar?

Dios, de tan solo recordar aquello...

Estoy tan harta de llorar, de lamentarme, de confiar y ser arrastrada hacia la mentira y sufrimiento. Parezco una niña pequeña llorando todo el tiempo en lugar de actuar... Me es imposible evitarlo.

Unos golpes tímidos se oyen desde la puerta, pero no contesto. Miro hacia el gran ventanal en la habitación, que da directo a un bosque extraño y misterioso que no quisiera aventurar. De vez en cuando se ven algunos destellos de luz o movimiento de algún tipo de animal. Aunque según entendí, nadie puede vernos. 

Paso las manos por mi cabello y vuelvo a dejarme caer contra la almohada. La primera y última vez que lo dejé entrar fue cuando fui víctima de un ataque de estrés y llanto, con todo lo que había sucedido y lo que había descubierto, sentí como la poca resistencia que me quedaba se hacía pedazos.

Él parecía igual de destruido que yo, parecía tan vulnerable, tan... Humano mientras lloraba y sollozaba en mis brazos. Sentí su calidez a través de ese traje de combate que siempre llevaba. La suavidad de su rubio cabello y sus lágrimas empapar lo que traía puesto.

Cuando se calmó le dije que se fuera y lo hizo sin decir más nada. Me ha dejado comida frente a la puerta desde entonces, pero no ha entrado ni ha pedido pasar. Me reconforta que entienda mis ganas de estar sola.

Realmente apenas pude comer un bocado de todo, el apetito se ha desvanecido por completo de mi sistema. Comer parece una obligación que no me ayuda en nada.

Cuando me levanto y me estiro, siento un tiró extraño. Algo revolotea dentro de mí, un gusto a miel aparece en mi boca y un escalofrío demasiado intenso me hace resolverme en mi lugar. Me doblo al medio, consumida por arcadas extrañas y mis piernas se aflojan.

De repente, algo sale de mi boca. Una pequeña luz verde sale flotando de mis labios y las arcadas se detienen. Parpadeo varias veces, tratando de entender lo que estoy viendo.

— ¿Thor? —exclamo asustada retrocediendo, la luz comienza a seguirme y escalofríos recorren mis extremidades.

Tropiezo con una manta que se había caído en el suelo y caigo de culo en el suelo. Maldigo para mis adentros y la lucesita se acerca aún más, quedándose justo sobre mi nariz.

— ¿Thor? —Levanto más la voz.

La puerta se abre y el rubio frente a mí entra en un estado deplorable. Su cabello está despeinado, una ligera capa de vello rubio cubre su rostro y su sudadera está sucia.

Las bolsas bajo sus ojos le dan un aspecto envejecido. ¿Qué le sucede?

— ¿Qué es esto? —exclamo retrocediendo nuevamente.

—La razón por la que estás viva —dice con voz ronca acercándose.

— ¿Disculpa?

—Es un Vætir, un espíritu del bosque, tranquila, no te hará daño —explica agachándose junto a mí—. Hazte corpóreo, vamos.

La luz se aleja y comienza a crecer hasta tomar la forma de una persona, de una niña.

La pequeña no parece tener más de diez años, su cabello anaranjado está trenzado sobre su cabeza, envuelto por lianas con hojas en tonos dorados, sus ojos celestes se ven inocentes, trae puesto un vestido compuesto por hojas verdes enormes y unas zapatillas compuestas por unas lianas y flores.

—A su servicio, joven dios —dice haciendo una reverencia—. Mi nombre es Fiore.

— ¿Ella estaba dentro de mí?, ¿qué diablos está sucediendo? —exclamo levantándome torpemente.

Thor se sienta en la punta de la cama y suspira con cansancio.




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