Los Brazos de Morfeo.

49.

Skadi:

—Mamá, soy mamá, ¿no... No me recuerdas? —pregunto mientras cada centímetro de mí se rompe.

—No... Supongo que era muy pequeño cuando te fuiste.

— ¿Irme? —murmuro y siento una mano en mi muñeca, Lyell se acerca a Jasper y arquea una ceja, miden casi lo mismo, su padre es un tanto más alto.

—A mi directamente no me conociste, pero...

Me sorprende su silencio, parece que no sabe cómo encarar la situación. Se queda sin palabras, mirando a nuestro hijo a los ojos, como si buscara algo.

Retrocedo, soltándome de la mano del demonio y al borde del colapso, aparentemente el hechizo de guerra no me ha funcionado, estoy llorando, estoy sintiendo mi corazón quebrarse en miles de pedazos con cada centímetro del adolescente frente a mí.

—Skadi —dice Tsukuyomi a mis espaldas y me giro para mirarlo—, lo siento.

Me abraza y me quiebro, me quiebro de forma vergonzosa. He arruinado su vida, me he metido en la boca del lobo y él fue mordido en mi lugar, todo es culpa mía.  A pesar de que tan solo tenía cinco años, que no me recuerde me lastima.

—Ya veremos qué hacer —dice Apolo acariciando mi cabello—, debe haber algo que podamos intentar para devolverlo a su estado original.

Lyell me mira con el rostro desencajado, como si quisiera desaparecer, espera a que diga algo, pero, ¿qué decir?

Se aclara la garganta y se acerca.

—Primero necesito hablar contigo al privado —dice, recuperando la mueca de antes, su rostro socarrón de costumbre.

No quiero moverme, realmente dudo que pueda hacerlo, puesto que Tsukuyomi me aprieta un poco más contra él.

—Más le vale que no luchen otra vez —espeta soltándome.

—Ven, Jack, te llevaré adentro —dice Allen tocando el hombro de Jasper y él frunce el ceño.

— ¿Jack? —Ladea la cabeza.

—Jack Frost, duh —dice Zed caminando hacia el ascensor al final del lugar, seguido del otro agente.

—Jasper, tú también te quedas —espeta el demonio—. Los demás váyanse.

Esta tenso y se le nota demasiado. Los dioses intercambian fugaces miradas y finalmente se marchan también.

— ¿Para qué quieres a Jasper aquí también? —pregunto acercándome.

La mano de Lyell se aferra a la camiseta blanca de nuestro hijo y lo arroja al suelo.

Mi hielo escala por sus piernas y lo inmoviliza rápidamente.

— ¡¿Qué crees que... ?!

—Deja de gritar, estúpida —Me espeta deshaciéndose de mi hielo—. Esconde algo.

— ¿Que escondo algo? —ríe él mientras se levanta y se limpia el polvo de la ropa—, ¿por qué lo haría?

—Porque alguien que estuvo con Zeus no estaría tan tranquilo en el bando enemigo.

—Estás paranoico —digo parándome en medio de los dos—, ¿cómo te atreves a hacerle eso?, ¿es que no ves que está confundido?, ¿tú no lo estarías?

—Es peligroso, ¿no viste lo que es capaz de hacer? —exclama Lyell—, no puede estar tan tranquilo, ¡acabas de decirle que eres su madre de la nada y está como si nada hubiese sucedido!

— ¿Y qué se supone que haga?, ¿llorar?, ¿gritar? —exclama Jasper.

—Si llegas a hacer algo raro, me conocerás de verdad, y créeme, no quieres hacerlo —Lo amenaza—. Y no te pongas muy cómodo, no te quedarás aquí mucho tiempo.

—No vas a llevarlo ante ese monstruo —espeto dándole un empujón para alejarlo un poco de mí—, no lo permitiré, te lo advierto.

Alza las cejas con incredulidad y se cruza de brazos.

— ¿Y qué vas a hacer?, Creo que te dejé muy en claro que conmigo no puedes, Skadi, deja de intentar hacerte la fuerte y supéralo, ¿quieres?, Tus días de gloria pasaron hace mucho tiempo. Este mocoso nació para el infierno, no para tu mundo ni el humano, no permanecerá aquí —dice volviéndose a acercar, lo tengo tan cerca que un centímetro más y nuestras narices podrían rozarse—. Tranquila, te compraré un pasaje si quieres venir a visitarlo de vez en cuando.

Me revuelve el pelo como si fuese un perro y se marcha.

La furia e indignación no hacen más que burbujear dentro de mí.

Miro a Jasper a los ojos y él posa sus manos en mis hombros.
Se inclina hacia mi rostro y siento su aliento en mi oído.

—No iré a ninguna parte.

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Morfeo​:

—Ouch —mascullo mientras Tamara, la curandera de la organización, utiliza su poder sobre mi mano para cerrar la herida.

Arde bastante, más de lo que creí.

—Lo siento —ríe con nerviosismo—, ¿qué te sucedió?, Creí que los dioses regeneraban sus heridas.

—Es una larga y dramática historia que no tengo ganas de contarte —digo desviando la mirada hacia Freya, quién está convertida en gato, durmiendo plácidamente sobre la camilla de al lado.

—Bien, pues ya terminé —dice guiñándome un ojo y se levanta de la cama—, si necesitas hablar de algo, estaré por aquí, luces algo... Tenso.

Arqueo una ceja y asiento lentamente sin decir nada.

Tamara se marcha y cierra la puerta de la enfermería tras de sí. Suspiro y me acuesto, supongo que ahora que soy mortal podré dormir.

Aunque no quiero hacerlo, por primera vez en mi eterna vida no puedo fantasear con dormir.

—Ay, Morfi, Morfi, Morfi —dice alguien quitándome de mis pensamientos.

Hipnos se arroja a la cama, junto a mí, realmente me termina aplastando, puesto que es un colchón pequeño.

—Hipnos —gruño cerrando los ojos—, no quiero ni verte.

—Que cruel eres... Yo que te aprecio tanto —dice abrazándome—. Además debo marcar territorio, no pienso regalarte a cualquiera.

— ¿Regalarme? —Frunzo el ceño y la miro.

—Nunca te das cuenta de estas cosas —Rueda los ojos—, tienes a medio edificio enamorado de ti. Aunque no es de extrañar, eres uno de los más bellos de nosotros —Bosteza—. Cuidadito, no te atrevas a ir por alguna de esas... Iugh, no. Yo ya te he reservado para alguien especial.




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