Los Brazos de Morfeo.

60.

Pandora:


El Kitsune me suelta, estamos frente a un gran edificio, la gente se nos queda viendo y quisiera desaparecer, lo último que nos falta son los humanos mirándonos.

El zorro se queda mirando el edificio con una mueca que no logro comprender. Como si lo hubiesen herido.

-Aquí estaba mi casa -dice-, ahora... Ahora no hay nada.

-Debemos irnos -digo tirando de su brazo-, la gente...

Entonces algo impacta contra mi cabeza, una lata de gaseosa.

- ¡Ustedes son parte de esos monstruos! -espeta uno de los humanos, comienzan a cerrarse en un tumulto, nos acorralan.

De repente nos llueven cosas, botellas, piedras, papeles... Nos insultan y graban como si fuésemos un espectáculo.

Rei parece a punto de estallar...

- ¡Apártense! -espeto tratando de abrirme paso entre ellos, pero un hombre me propina un fuerte empujón que me hace caer sentada al suelo.

Otro de sus proyectiles impacta contra mí y el Kitsune me ayuda a levantarme.

- ¡Asesinos! -grita una mujer.

-Zorro, debemos irnos -musito tratando de que me preste atención-, ¡Kitsune!

Su vista va y viene entre los humanos, como enfureciendo cada vez más, sus puños se aprietan, su mandíbula se tensa.

-No podemos hacer ningún escándalo -Le recuerdo-, vamos...

Sigue sin prestarme atención.

- ¡Rei! -chillo y me mira como si hubiese reaccionado.

Me toma de la mano y trata de abrirse paso entre el gran grupo de personas que nos rodea.

- ¡No irán a ninguna parte! -espeta otro hombre empujándolo, pero él lo toma del cuello y lo levanta.

-Si no quieren terminar como todos los demás, más vale que nos dejen irnos -espeta en voz alta-, no se atrevan a seguirnos -Sus ojos brillan en dorado con cólera y cuando yo creo que al fin soltará al humano, quiebra su cuello con un apretón.

Lo ha asesinado.

El cuerpo sin vida cae a un lado y las personas se callan.

-Les dejo una pequeña advertencia de lo que les haré si se atreven a arrojarnos una sola cosa más -espeta y comienza a caminar entre el sendero que la gente abre, arrastrándome en el proceso.

No puedo creer que en verdad lo haya asesinado.

- ¿Qué es lo que acabas de hacer? -exclamo una vez que nos escabullimos en un callejón.

-No quiero ni oírte -masculla apretando mi mano-, detesto a los humanos.

Se deja caer sobre el sucio suelo, a pesar de que su ropa es blanca y cubre su rostro con sus manos.

- ¿Qué te sucede? -pregunto cruzándome de brazos-, ¿por qué asesinaste a ese hombre?

- ¿Acaso importa?, ¿acaso esa mínima cantidad de vida desperdiciada te importa? -masculla sin mirarme-, Pandora, los humanos son como hormigas para mí.

-No sales hace seiscientos años de esa pradera y una vez que lo haces, ¿matas?, No puedes hacer eso, Kitsune.

- ¡Llámame por mi maldito nombre! -espeta penetrándome con su intensa mirada-, vuelve a hacerlo. No soy un animal.

-No hagamos un escándalo de esto, Rei. -mascullo y carraspeo-. Debemos irnos, Tsukoyomi está solo, Hades irá por él y yo necesito estar con esos dioses, he perdido de vista a Hefesto nuevamente.

-Lo que tú tengas que hacer realmente no me interesa.

-Eres una mierda, ¿sabías? -Ni siquiera intento contenerme con mis palabras-, gracias a mí, tú saliste de ahí.

-Y gracias a mí, tú también -refuta-, si te encerrara por seiscientos años y descubrieras que todo lo que conociste ya no existe, ¿qué pensarías?

-No es motivo para asesinar personas, yo no vengo a hacer paz, zorro, no necesitamos la mirada de los humanos sobre nosotros. No puedo llamar la atención, no volveré al Olimpo por un capricho tuyo.

-Dije que te protegería, ¿acaso dudas de mi capacidad de hacerlo? -exclama-, si quieres puedo probarlo.

-No necesito que lo pruebes, necesito ir con los dioses, es importante -exclamo.

Necesito un lugar donde descansar, he abierto la caja dos veces casi seguidas. Eso me costará muy caro...

-He utilizado la caja demasiadas veces en poco tiempo -explico con resignación-, mi cuerpo no es capaz de sobrellevar eso, en cualquier momento tendré una recaída y es muy doloroso, se supone que la caja no es mi arma de defensa, realmente no debo usarla para eso y por esto es el castigo -musito tocando la caja que está en el bolsillo de mi abrigo-, necesito al menos estar a solas cuando suceda.

- ¿Cuáles son los síntomas?

Me quedo callada, como si no pudiera hablar, un horrible escalofrío me recorre, seguido de un fuerte mareo, de repente siento como si flotara. Como si miles de voces me gritaran. Me aferro a la pared, mientras un miedo irracional se infiltra en mis venas.

-N-No me siento bien -Logro decir y el Kitsune se levanta-, c-creo que es un ataque de pánico.

Los he sufrido desde que me dieron ésta basura, es el primer síntoma.

-Sácame de aquí -espeto-, esto va a matarme.

Todo me da vueltas y un pinchazo comienza a vagar por mi abdomen, mientras que mi cabeza duele y las manos de Rei me toman por la cintura.

-Hey, ¿me escuchas? -Logro leer en sus labios, pero realmente no lo oigo, mis oídos pitan.

-Pandora -Una voz ajena al Kitsune se filtra por mis oídos y una máscara aparece en mi campo de visión, mientras que unas manos cálidas reemplazan las del zorro.

Mis ojos se cierran y me siento caer nuevamente.

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Lentamente abro los ojos, me encuentro en una habitación que no reconozco, tapada con cobertores beige y mantas.
Mi cabeza duele y mi mente es una laguna de pensamientos inconexos.

-Pandora -dice Hefesto a mi lado, su máscara de perro me impide ver bien sus ojos, pero no suena enfadado ni nada así-, me alegra saber que estás bien.

-Gracias -digo tomando su mano-, Señor, ¿por qué ha tardado tanto en encontrarme?




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