Los Brazos de Morfeo.

73.

Noah:

«Soy una idiota, soy una idiota... ¿Por qué hice eso?»

-Es Morfeo... No Zeus, no los guardias... Morfeo... Soy tan estúpida -sollozo escondida tras las estanterías del fondo de la biblioteca, donde espero, nadie pueda encontrarme.

Siento que mi cuerpo es asqueroso, que no es mío. Tan flaco, tan débil... Tan usado por otros. Tan desgarrado.

Es espantoso.

Espantoso...

No puedo repararlo, lo sé. Nunca podré recuperar lo que me arrancaron, lo que me robaron sin piedad. Nunca podré olvidar lo que me hicieron, lo que Zeus me hizo y lo que no pude impedir.

- ¿Hay alguien ahí? -pregunta una voz completamente desconocida para mí y abrazo mis rodillas contra mi pecho.

No quiero que nadie me encuentre, quiero estar sola.

Los pasos se acercan y me resigno a que me encontrarán, así que me limpio rápidamente las lágrimas y tomo un libro cualquiera de la estantería contra la que estoy apoyada, para simular que si lloro, es por el libro que tengo entre mis dedos.

Sus tacones hacen un ruido extraño y agudo al caminar contra el suelo. Nunca me agradó mucho el sonido de ese tipo de zapatos.

Arrugo la nariz y respiro hondo, tratando de alejar las lágrimas que aún quieren salir. Ni siquiera puedo procesar el idioma o las letras que están frente a mis ojos.

- ¿Y tú, pequeña niña, eres la famosa clave de guerra? -dice la voz en mi oído y doy un respingo, algo asustada.

Los ojos oscuros que me observan son totalmente desconocidos, el cabello de la mujer frente a mí es verde y sus rasgos finos.

Es bastante bella, pero leves y pequeños tatuajes decoran su rostro, opacando un poco esa belleza.

- ¿Quién eres? -exclamo y me tiembla la voz.

Se incorpora, efectivamente trae unas botas con tacones, unos pantalones cortos grises y una remera de The Doors, la cual no tiene mangas y me deja apreciar todos los tatuajes que llenan sus brazos y parte de su cuello.

-Dime Maine -Una sonrisa que pretende todo menos amabilidad se asoma por sus labios y logro ver el famoso piercing "smile" sobre sus dientes-. ¿Qué haces aquí escondida...?

-Noah, me llamo Noah -Me presento cerrando el libro y dejándolo en su lugar.

-Oh, vaya, es un bonito nombre -dice ayudándome a levantarme de un tirón-. ¿Has estado llorando?

-Es que... Era un libro muy bueno.

-No sabía que era tan bueno que se podía leer al revés.

«No puedes ser más tonta, ¿O sí, Noah?»

-Yo... Tuve un pequeño problema, no es nada importante. -digo negando con la cabeza.

-Dime, Noah -dice rodeando mis hombros con su brazo de forma muy confiada y quisiera apartarla, pero comienza a caminar, arrastrándome con ella-, ¿Conoces la historia de Medusa?

Frunzo el ceño, pero asiento.

-Una bella mujer, tan bella que cautivó los ojos de Poseidón, el cual la arrastró hasta el templo de Atenea y abusó de ella -explica y trago duro-, Atenea, ofendida por tal acto vulgar en su templo, la maldijo a ella, dándole una cabellera de víboras y la capacidad de convertir en piedra a todo aquel que la mirara a sus oscuros ojos.

-U-Una historia horrible.

-Claro que sí, terrible. Pero así son ellos, ¿Sabes?, Toman lo que quieren cuando quieren, como si fuese suyo, como si la carne de los cuerpos les perteneciera, rompen a las mujeres y las llevan al borde de la locura, a desear su propia muerte. -explica haciéndome sentar en el sillón bordó que hay en la habitación.

Mi mirada se pierde en la infinidad de libros, mientras mi mente me sigue torturado una y otra vez, haciéndome recordar sus gemidos, sus voces, su tacto bruto y destructivo. Me abrazo con mis brazos y cuando Maine chasquea sus dedos, salgo de mi trance.

-Perdona, pero tengo cosas que hacer -digo rápidamente tratando de irme, pero me obliga a sentarme nuevamente.

-Tranquila, muñeca, no trato de hacerte daño. -dice tomándome por los hombros y con más razón quisiera empujarla lejos-. Pero lo veo.

- ¿Q-Qué?

-Cuando una mujer es abusada cambian muchas cosas en ella, hay marcas, marcas de dolor, marcas de sufrimiento y tú las tienes -Toma mis muñecas y las gira para que pueda ver su interior, es entonces cuando marcas negras de manos aparecen en ellas.

Como si fuesen moretones que nunca han sanado.

Quiero gritar, quiero retorcerme y alejarla.

- ¿Qué mierda es esto? -espeto con furia.

-Las marcas de tus recuerdos, niña -dice y levanta mi remera para mostrar más marcas de manos en todo mi torso y en mi espalda.

-Déjame, ¡Déjame! -exclamo empujándola finalmente y bajo mi camiseta enseguida.

-Noah, no debes negarlo, debes aceptarlo, es algo que sucedió -dice-, no eres la única que sufrió eso, debes seguir adelante, los cortes sobre nuestra carne nos hacen lo que somos. No debes sentirte avergonzada de algo que no fue culpa tuya.

- ¿Y tú quién eres para decir eso?, ¿Qué puedes saber tú?, ¿Acaso sufriste lo mismo?, ¿Acaso te violaron entre diez tipos?, ¿Acaso te arrastraron por el suelo y te golpearon hasta que rompieron tu mente?, ¿Han abierto la herida incontables veces sin que puedas impedirlo?, No sé si mucha gente ha sufrido lo que yo y no me importa, porque me interesa mi propio sufrimiento, porque yo fui la que trato de matarse y la trajeron de vuelta, porque yo fui la que se arrastró en su propia sangre y miseria durante lo sucedido, nadie más que yo y nadie lo impidió. Nadie.

-Y aún así, aquí estás, ¿No es verdad?, Aquí estamos, tú y yo.

Entonces su melena verdosa brilla y se deforma, hasta que soy capaz de ver víboras de distintos tonos moverse y retorcerse en su lugar.

-Yo fui violada y castigada por un crimen que no fue mío, por toda la eternidad -dice y me quedo sin palabras.

Estoy viendo a Medusa.




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