Los Brazos de Morfeo.

78.

Morfeo:

No sé qué decir para que Noah deje de llorar, para que Santiago aparezca, para que Hipnos se calme ni para que Sacha salga de su habitación. Las muertes nos están afectando demasiado.

Ya no sé qué hacer, no sé hacia donde ir.

Es espantosa la situación, primero Susanowo, luego Freya, ahora Nale. Pandora también ha muerto, supongo que arrastrada por Hefesto al Inframundo, no hay nada que se pueda hacer. No hay palabras que logren su resurrección, no hay lágrimas que lo compensen, no hay nada.

Zeus debe estar eufórico con nuestra situación, ellos deben ir de fiesta en fiesta, celebrando una victoria que creen suya, sea lo que sea, por más que vayamos con diez guerreros, yo haré lo mío y todo acabará.

Todo.

Miro a Hades, del otro lado de la habitación en donde yo duermo, luce deprimido, decaído.

- ¿Ya tienes la dimensión? -pregunto para romper el incómodo silencio en el que hemos estado sumidos desde que él me informó la muerte de Nale.

-Sí, pero, ¿Y si no funciona?, ¿Qué se supone que haga? -musita mirándome-. No tienes idea de las ganas que tengo por conocerlo o conocerla y jamás podré. Jamás podremos.

-Funcionará, Hades, lo prometo.

- ¿Estás seguro de que es la única salida?, ¿Es la única forma de ganar?

-Hades -digo levantándome-, sabes perfectamente que somos hormigas al lado del bando que nos espera, sabes que si hubiese una mejor salida... Por favor, ¿Crees que a mí me encanta la idea?, ¿Crees que no me lastima tener que alejar a Noah para que sufra menos después?, ¿Crees que no quiero llevármela a cualquier lado menos aquí? -espeto-, todos perdemos algo con esto; tu a Skadi y a tu hijo; yo a Noah; Vincent a Artemisa; el Kitsune perdió a Pandora; Tánatos a su novia...

- ¿Qué? -exclama él-, ¿Tánatos... Novia?

-Sí, resulta que Noah vino a decirme que se estaba comportando muy raro con ella, así que hablé con él -Me cruzo de brazos-. Hades, deberías averiguar antes de hablar.

-Oh, vaya... ¿Y quién es esa mujer?

-Una mortal, la he visto antes, justamente con Tánatos, creí que ya se había alejado de ella luego de la advertencia de Nyx, pero al parecer no lo hizo -explico-, Noah le recuerda a ella, solo eso, no pretende nada más.

-Bueno, cuando se lo pregunté no lo negó, ¿Qué puedo decir? -Se encoge de hombros-. En fin, entiendo tu punto, pero no me preocupo por mí, me preocupo por la gente que dejaremos atrás. Morfeo, debes entender que tu ridículo plan de "que Noah me odie", solo hará que se odie más a sí misma, no sabes lo que haces.

-Tonterías, ella... -Mientras lo voy recapacitando y pensando en todas las veces que Noah de odió a sí misma antes que a los demás y cierro la boca.

-No lo hagas, Morfeo, no rompas su corazón.

-Pero el mío ya se está rompiendo, Hades -musito acercándome a la puerta-. No sirvo para el amor, maldita sea.

-Si Eros estuviese vivo, hubiese venido bien su ayuda -Se encoge de hombros-. No sirves porque solo estás pensando en ti mismo.

- ¡Eso no es verdad!

-Noah no tiene que hacer lo que tú en la guerra, además ella es parte humana, sabes lo que eso significa -dice cruzándose de brazos-. Te recomiendo que vayas con ella y dejes toda esa farsa de lograr que te odie. Ya fue suficiente, te destruyes a ti y a ella.

No digo nada, solo me marcho, quiero tomar algo de aire para poder pensar con claridad.

El aura pesada que hay en la casa desde la muerte de Nale es sumamente agobiante.

Todos están o demasiado tristes o demasiado incómodos como para decir algo, así que los únicos ruidos que se escuchan, son de los agentes entrenando.

Armin está bastante mal por la muerte del ángel, eran amigos o algo así escuché. Es terrible, no volverá nunca, el hecho no tiene nada que ver con nosotros.

Camino por los pasillos, siento que se me hacen eternos, y cuando estoy cerca de las escaleras, la puerta a unos metros, del lado izquierdo, se abre.

Lyell cae de bruces y comienza a vomitar un líquido negro, mientras gime de dolor.

-Maldición -murmuro acercándome rápidamente a él-. Lyell, ¿Qué te sucede?, ¿Qué es esto?

Trato de levantarlo, pero resbala en aquello que vomitó y vuelve a caer, aún más adolorido.

-Sácame de aquí -Logra decir retorciéndose-, por favor...

-Necesito que Sacha te vea.

-N-No lo e-entiendes -balbucea y comienza a negar frenéticamente con la cabeza.

- ¿Qué sucede aquí? -dice alguien a mis espaldas, Noah se acerca, confundida-. Oh, no...

Lyell comienza a darle cabezazos al suelo y no sé qué hacer, así que lo levanto como puedo, pero se retuerce y clava sus dedos en mis brazos.

- ¡Lyell, reacciona! -exclamo comenzando a correr hacia las escaleras y oigo los pasos de Noah tras de mí.

Entonces el demonio me golpea, con sus ojos totalmente blancos, caigo hacia atrás y él corre. Me levanto a tiempo para ver cómo se arroja sobre la Nefilim y ella chilla en respuesta, pero no tarda en atinarle un puñetazo y su poder lo envuelve, quemando a Lyell y causando que le devuelva un golpe desesperado, pero tan fuerte que la hace sangrar.

Retrocede unos pasos y cae sentada al suelo, con los ojos bien abiertos. El demonio vuelve en sí justo cuando lo giro con la intención de golpearlo, sus ojos verdes lucen sumamente alarmados.

Cae de rodillas, cansado y vencido.

-Esto es grave -dice recuperando el aliento-. Nefilim, concéntrate, no dejes que entre.

-Esto fue un error -dice Noah aterrada y estoy demasiado confundido-, no debí...

Entonces cae al suelo y comienza a retorcerse.

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Noah:

Quería un café, solo eso.

Cuando vi los ojos de Lyell, lo supe, tal vez tendría que haber salido corriendo, pero no pude evitar querer ayudar, querer quedarme a ver qué sucedía.




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