Los Brazos de Morfeo.

82.

Noah:


El Espíritu Santo me envuelve completamente, siento su gélida llama filtrarse en mi piel y todo el vello de mi cuerpo erizarse ante todo éste poder.

Amón me mira con algo de nerviosismo mientras se para en medio del área de entrenamiento.

La casa de los Malcolm es enorme. Al parecer son un grupo de cantantes de pop rock que hicieron un trato con Abaddon, por lo que ahora no solo tienen fama y fortuna, sino también la casa de veraneo donde los Príncipes del infierno van a pasear cuando están en el mundo humano.

Si no me equivoco, estamos en Chile, un condominio llamado Vista Santuario.

Lo poco que he logrado ver de él, luce hermoso, con casas enormes y un paisaje muy bello.

—Vamos, ¿quién será el primero en ayudarme? —digo mirando a los demonios.

Realmente quiero mi venganza porque ellos me durmieron  en la camioneta la otra vez.

Son parte del infierno, sé que podría hacerlos sufrir con mi poder.

—Vamos, cariño —dice Maine entrando en la sala de entrenamiento, vestida con ropa deportiva y cómoda—, dame duro.

—Vaya, eso se escucha muy bien —dice Diego, el mayor de los integrantes de la banda, debe tener unos veintisiete—. Quiero ver eso del entrenamiento, nunca había visto algo así tan de cerca.

Toma asiento junto a Abaddon, quien lo mira sorprendido su acción.

— ¿Quién te dio permiso de sentarte en mi banca, humano? —espeta.

—Noah, tus ojos puestos en mí —dice Maine parándose frente a ellos para que le preste atención—, ataca.

—No quiero hacerte daño...

—Soy inmortal. —Se encoge de hombros.

—Bien —murmuro retrocediendo unos pasos más.

Me quedo quieta, con la energía aún envolviéndome, tratando de recordar qué fue exactamente lo que hice las veces anteriores para canalizar mi poder.

«Si me dieras una mano, Espíritu Santo, no estaría nada mal...»

"Bien." Oigo su voz y todo ocurre muy rápido.

Tan solo estiro mi mano para que el torrente de poder golpee a Maine y la mande a volar contra la pared con una fuerza abismal.

Voy a relajarme un poco, cuando algo impacta mi espalda y me estrella contra el suelo, trato de levantarme, pero una roca enorme me da en el rostro, causando que el dolor estalle en mí y caiga nuevamente al suelo.

—No creas que no voy a atacarte también, mi vida —dice ella acercándose, su pelo ahora son las serpientes de colores vivos retorciéndose—. No debes relajarte tanto, en una guerra si derrotas uno vienen dos más contra ti.

—Bien —digo aceptando la mano que me extiende para ayudarme a levantarme

Pero entonces aprovecho para atacarla, enterrando mi rodilla en su estómago y dándole un codazo en la columna que la deja en el piso. La levanto por el tobillo y me sorprende la fuerza que poseo ahora, la arrojo una y otra vez contra el suelo, pero se recupera y sus ojos brillan en verde antes de que flexione la rodilla y su pie libre me de en la barbilla.

—Bien hecho —dice sonriendo—, pero no deberías repetir tanto un mismo movimiento, en especial uno tan simple.

—Hora de entrenar, ¿eh? —dice Thor entrando en el lugar y suspiro.

—Dos contra uno no es muy justo —digo retrocediendo.

—Como si no pudieras hacerlo —Rueda los ojos el dios del trueno y entonces su martillo aparece en su mano.

Maine se endereza y estira. Escupe la sangre que había en su boca a un lado y entonces ataca.

Esquivo su golpe y la empujo lejos, pero el martillo de Thor me golpea en la cintura y no me da tiempo suficiente a recuperarme para esquivar su puño que me da en el estómago, robándome el aliento.

— ¡Hey, Noah! —exclama Sacha corriendo hacia nosotros y me arroja algo.

Lo atrapo en el suelo y lo veo, parece ser una especie de látigo roto. Frunzo el ceño, pero dejo fluir mi energía hacia el arma, causando que ésta complete el lo que falta, se ve inestable y altamente peligrosa. Me levanto y sin pensarlo demasiado dirijo el arma hacia el pie de Maine, donde se enrosca y tira de ella, aprovecho el movimiento para derribar a Thor y dejarlos caer contra la pared. Ganándome los aplausos de los demonios.

—Bien, hora del descanso, a comer todos —dice Sach acercándose a mí nuevamente—. Te hice tu plato preferido.

— ¿En serio? —Sueno emocionada.

—Arroz con huevos y mayonesa, además de dos hamburguesas que ruegan que las comas.

—Sabes que te adoro.

— ¿Quién no?

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Cuando ya es hora de cenar, siento que tengo mi corazón en la garganta, me siento desbordada y cansada.

He estado pensando en Morfeo.

He estado pensando en él y sus palabras, en su mirada el día de mi cumpleaños, en la suavidad con la que me ayudó a bañarme aquella vez, en sus labios contra los míos y luego me destrocé recordando sus insultos, cada maldita palabra clavándose en mí como cuchillos.

No me permití soltar lágrima alguna por eso en ese momento ni quiero hacerlo ahora. El dolor que oprime mi pecho es de la impotencia, es de la confianza que deposité en él y desgarró como si no fuese nada, como si yo no fuese nada.

—Noah —dice Thor entrando en la habitación que me dieron.

—No voy a cenar, vete —digo tratando de que mi voz suene firme, no quiero que me vea así.

— ¿Ya vas a decirme qué te dijo ese tipo? ¿Por eso estás así? —pregunta tomándome del brazo para que me firme a mirarlo.

Sus ojos me escanean, su cabello está peinado levemente y su rostro luce compasivo.

—Estoy cansada de que me consuelen, Thor —digo destilando orgullo—, estoy cansada de verme tan frágil porque trato de no serlo.

—No lo eres, Noah. Has luchado mucho para llegar a donde estas y lo que sea que Morfeo haya dicho, puede irse bien al infierno —dice—. Estás volviéndote aún más fuerte y vas a vencer. Vas a hacerlo.

—Lo haré —Asiento poniendo mis manos en su pecho—, pero aún así me duele.




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