Los cachorros perdidos del alfa cruel

Capítulo 37: Debemos luchar juntos por Lunaire

*Raisa*

Los dos terminamos en el suelo de la cueva, completamente rendidos y sin casi poder respirar. Aun así, Leif no suelta mi mano y me mira como si temiera que me desvaneciera.

Pero es todo lo contrario. A diferencia de aquella primera vez, me siento fuerte, incluso capaz de continuar. Siempre supe que el amor que siento por él nunca desaparecería, pero jamás imaginé que pudiera aumentar y estallar en mi pecho como está ocurriendo ahora.

—¿Por qué, Raisa? —me reprocha al girarse hacia mí—. ¿Por qué?

—¿Te das cuenta de que esta es la primera vez que hablamos de verdad? —contesto con seriedad—. ¿Cómo iba a tener la confianza de contarte todo?

Leif esboza una leve sonrisa antes de asentir, avergonzado.

—Perdóname —suplica, besando mi mano—. Tienes toda la razón.

—¿No me odias? —pregunto con un hilo de voz—. Es decir, ¿me creerías si te digo que no cambié a nuestra hija por mejorarme? Leif, nuestros cachorros son mi razón de vivir.

—Calma, mi luna, yo creo en ti —me asegura, colocándose sobre mí—. No te niego que estuve furioso y desesperado, pero no contigo. Me odié a mí mismo por no ser capaz de hacer bien las cosas. Intenté protegerte de mí mismo, pero todo salió mal.

—Sí, hemos sufrido toda una vida por no haber hablado. No fue solo tu culpa, también fui una cobarde.

—No, tú eres la mujer más valiente que existe —replica, observándome con esa adoración que siempre deseé—. Otra en tu lugar habría acabado con la vida de nuestros cachorros, habría elegido salvarse. Pero tú estás aquí, soportaste dolores que pudieron matarnos a los dos, todo por amor a ellos.

—Y también a ti —le aclaro mientras acaricio su perfecto rostro—. No podía deshacerme del fruto del amor que te tuve y que aún te tengo.

—No, de nuestro amor —me corrige—. Siempre te amé, aunque nunca supe cómo demostrarlo. Y ahora que por fin estaremos juntos…

—Leif, aún no estoy segura de que esto sea lo correcto —digo con preocupación—. Tienes que entenderme, nuestra Lunaire…

—No, definitivamente no.

Leif se incorpora de golpe, y yo aparto la mirada. Aun después de lo que hicimos, no puedo verlo así sin sonrojarme.

—Puedo venir a verte, a informarte sobre cómo están…

—No me vas a separar de nuestros hijos —me interrumpe con una mirada aterradora—. Son míos, Raisa, tan míos como tuyos. Y tú no volverás a marcharte.

—No quiero irme, pero tengo tanto miedo. Ni siquiera has logrado recuperar las muelas que perdiste tratando de salvar a nuestra hija. ¿Crees que quiero que salgas herido?

—Es lo menos que puedo hacer, Raisa —replica, vistiéndose con una velocidad inhumana—. No, no volverás a irte, aunque traigas contigo a un ejército de dioses del sol.

—Bueno, no lo tengo —esbozo una pequeña sonrisa—. Pero sí conozco a Lirio, la bruja a través de la cual mis padres pudieron contactarlo.

—Tienes que decirme dónde está —dice con desesperación, arrodillándose a mi lado—. Tenemos que salvar a nuestra hija, Raisa.

—Leif…

—¿O acaso ella está del lado de tus padres? —pregunta con horror.

—No, por supuesto que no —niego con la cabeza—. Leif, hice algo terrible y no sé si soy digna de ser tu luna. Claro, si es que quieres que lo sea.

—Lo eres. Siempre lo fuiste —declara con vehemencia—. Que te haya arrebatado tu lugar injustamente es otra cosa. Prefería tenerte a salvo, que no te ocurriera lo mismo que a todas esas mujeres en mi pasado.

—Entiendo —murmuro, sintiendo un dolor profundo en el pecho.

—No, ninguna significó nada para mí —me asegura, angustiado—. Raisa, solo has sido tú. ¿Qué fue lo que…?

—Me deshice de ellos —confieso con voz temblorosa—. Esperé el momento justo y los envenené.

Leif frunce el ceño y se queda sin palabras por unos segundos. Mi corazón late tan rápido que siento que va a estallarme, pero entonces él me envuelve entre sus brazos.

—Cálmate, por favor —me susurra con dulzura—. No pasa nada.

—Soy una…

—Eres una madre que haría cualquier cosa por su familia —me interrumpe—. Hiciste lo que tenías que hacer, y no sabes lo agradecido que estoy por eso.

—Pero…

—Yo también acabé con los míos —me confiesa—. No pude soportarlo. Los dos me impidieron saber lo que había hecho. Por eso te pido perdón, que me des una oportunidad para reparar mis errores.

—Leif, mi amor, te daría todas las oportunidades del mundo —susurro—. Pero esta vez, no depende de nosotros si podemos estar juntos o no.

—Claro que sí —replica, cubriéndome con su camisa—. Vamos a luchar contra quien sea que intente arrebatarnos a nuestra hija. No podemos permitirlo, debemos hablar con él.

—Me encantaría que las cosas se resolvieran hablando, pero no es un dios que acepte tratos con facilidad. Tienes que ser consciente de que rebelarnos puede llevarnos a la desgracia.

—O también podría llevarnos a la victoria —replica, tomándome de las manos—. Por ser tan precavido, terminé perdiéndote, mi amor. ¿Qué habría pasado si tan solo hubiera cuidado de ti y de nuestros cachorros?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.