Los Colores de Jimmy

Capítulo 10

¿No te pasa que hay noches que intentas dormir pero mil cosas te vienen a la cabeza? TODAS a la vez.

Buena, esta noche es una de esas.

No sólo porque la aparición de Shain me ha dejado absorto y porque cada una de sus palabras ha quedado resonando en mi cabeza sino porque hay algo en él que me hace volver a mi pasado.

Sabe lo que ocurrió.

Sabe lo que hice. Por qué me expulsaron del instituto y por qué mis padres me sacaron de la ciudad.

Apenas consigo pegar los párpados y llegan las pesadillas.

Miradas desafiantes y enfurecidas me miran, puños se alzan y estallan contra mi rostro...para concluir en un despertar angustiado, paralizado por el miedo.

Me siento vacío, herido, traicionado por mis propios pensamientos. ¿Y si haberme acercado a Shain fuere un error? ¿Su sexualidad abiertamente asumida es tema público en la escuela? ¿Qué clase de reputación es la que piensa hacerse este año?

Me levanto; voy hasta el cuarto de baño de mi habitación y me mojo la cara, trago saliva y me miro al espejo tratando de encontrar al verdadero Jeremiah Blake que irradiaba felicidad hace unas horas... pero la alegría tiene su punto final, al parecer. Ahora me encuentro con un Jeremiah desolado y triste. Tan solo ese muchacho al que todos llaman por su diminutivo, «Jimmy» y en realidad no tienen idea de quién soy.

Vuelvo a la cama con un terrible nudo en la garganta y pego la cabeza a la almohada. En cuanto cierro los ojos, aparece una rosa llena de púas verdes que se expanden y forman un peligroso campo de espinas a mi alrededor. Luego éstas se masifican entre ellas formando una persona.

No es Shain pero lo conozco: Sus ojos verdes, los hombros anchos, el cabello ondulado. Su chaqueta de fútbol.

Se hace crujir los huesos de las manos y clava sus ojos verdes en los míos, muertos de miedo. Levanta su brazo y recibo de lleno el puño; aunque cuando está a milímetros de mi rostro, despierto.

Pero aún así, he recibido el golpe.

Despierto y descubre que me sangra la nariz... con el piso frente a mí.

Me he caído de la cama y dado un porrazo contra el suelo.

 

—No tengo idea sobre cómo se viste alguien que asiste al Baile de Bienvenida del instituto—digo al momento que llego con la bandeja de mi almuerzo a la ultima mesa lateral de la cafetería. Jena está conmigo y piensa un poco.

—Puede que una camisa, unos vaqueros presentables y tus zapatos más informales—opina mientras tomamos asiento.

Tras nosotros vienen Meredith y Britt con sus bandejas, cuchicheando acerca de la ropa que se pondrán el equipo de animadoras. Hay quienes cotillean que irán todas iguales, excepto la capitana del grupo; otros por el contrario dicen que este año lo harán muy diferente y planearán algo muy distintivo cada una sin el consejo de la otra con el fin de obtener un resultado que realmente las sorprenda hasta a ellas mismas.

Y a mi no me importa en absoluto. Sólo estoy seguro de que a Britt se le verá bien cualquier ropa que se ponga y Meredith escogerá perfectamente su vestido, este año. Algo me dice que tiene muy buen gusto y unos ojos bastante observadores.

Lo he decidido: Quiero que Meredith me acompañe a elegir mi ropa para el baile del viernes.

—¿Qué opinan, ustedes?—les pregunto a la rubia y a la chica de piel oscura en cuanto se sientan con Jena y conmigo.

—¿Sobre qué, gatito?—me pregunta Britt y me quedo pasmado al escucharla. Jena rompe en carcajadas.

—¡Hey, no me llames así!—le digo entre risueño y ofendido. ¿Acaso Brittany Montoya ha intentado hacer una broma? Lo corroboro, todos la observamos esperando que también rompa en carcajadas pero no lo hace.

—¿Por qué no? ¡Es tierno!—me dice Jena—. «Gatito».

—Como sea—me encojo de hombros y condimento mi comida—. ¿Qué se ponen los chicos de este instituto para ir al baile?

Digo «de este instituto» para que no se note mi pésimo sentido de la moda. Tampoco quiero que se escuche como una animadora que pone el grito en el cielo en cuanto no sabe cómo vestirse para una ocasión especial.

Me llevo un poco de puré a la boca y las tres muchachas se me quedan mirando. Esta vez Meredith trae unos anteojos de cristal transparente y borde morado, solo con el fin de un poco delicado adorno a su rostro. Se levanta las gafas y frunce sus labios de trucha antes de comentarme:

—Te vendría excelente una camisa negra y unos vaqueros del mismo color, pero con una corbata de moño al cuello.

—Parecerá un mesero—dice Jena algo incómoda porque Meredith tiene la vista fija sobre mí.

Meredith niega con la cabeza y tamborilea sus dedos contra un tenedor.

—No si el moño es rosa o morado—comenta y Britt asiente dándole la razón—. Además un cinturón blanco o que combine con el color del moño le sentará excelente.

—Y sensual—añade Britt.

Me dedica una sonrisa cálida que nuevamente nos deja a todos sin habla.

Noto que las mejillas de Jena se llenan de un rubor que le sonroja toda la cara. Me saturo la boca de puré y le doy un largo trago al delicioso zumo de naranja.




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