Los Colores de Jimmy

Capítulo 11

No tengo idea de cómo ha sucedido pero estoy sentado en el asiento de acompañante dentro de la Sprinter de Steve. ¿Quizás él me ha pedido que lo haga? Como sea, estoy ahí.

Y él también: con su entrecejo fruncido y las manos cerradas en dos puños contra el volante mientras se oye en volumen muy bajo una radio en la que están pasando una canción de rock: un estilo de música completamente diferente a los Bee Gees o Flashdance que tanto le apasiona.

“He tenido ese sueño unas mil veces” dice la ronca voz del cantante. “Mis ojos están rojos, las calles están rotas”.

—Dime ¿me amenazarás?—inquiere él—. ¿Qué me pedirás a cambio para que mantengas el pico cerrado y no le cuentes a nadie lo que oyes y ves por cada vez que vienes a parar a mi casa?

Sus palabras me dejan helado. Tanto que me debo pensar varias veces eso que acabo de escuchar…

Steve tiene miedo de lo que yo pueda hacer con lo que he presenciado: primero él disfrutando la música disco y luego, él de nuevo, llorando encerrado en su camioneta.

Esto destruiría completamente la imagen que los demás tienen de Steve Morgan, aunque es algo que jamás le haría y posiblemente, jamás se lo haría a nadie. Porque sé lo que se siente que destruyan la imagen de uno, por más invisible que sea. Debe ser caótico tener el ideal de alguien tan popular, que se vaya al diablo por mi culpa.

No.

Yo no le haré eso.

Se produce un silencio prolongado y durante un instante, todo dentro de casa de Steve se tranquiliza. Quién sabe, no esté precisamente tranquilo el panorama, pero notablemente se encuentra menos denso que hacía unos momentos.

—Steve...

Él me mira perspicaz como queriendo saber cómo diablos me sé su nombre, no obstante es común que cualquier persona en el instituto lo sepa ya que es el mariscal de campo del equipo. Alguien más que deseado y popular entre los pasillos del instituto.

—¿Qué?—me pregunta con la guardia en alto—. ¿Ya pensaste cómo utilizarás esto?

—Nada de eso—conservo la calma—. ¿Quieres venir a cenar a mi casa esta noche? —Un rubor extraño se me impregna en el rostro y de repente me siento acalorado. Trato de zafarme de esa incomodidad cuanto antes—: Quizás apartarte de tu familia unos momentos resulte una buena opción.

Steve me dirige una mirada que espero, sea cargada de furia pero lejos de eso evidencia cierta humillación.

Diablos, apenas lo conozco y ya conozco cada uno de sus semblantes. Eso no tiene que ser bueno.

—¿Qué dices?—pregunta ante la dificultad de tener que escucharme.

—No creo que estar encerrado pueda ser la mejor opción.

—Eres un jodido perseguidor nato, ¿eh?

Sus palabras son punzantes pero trato de ser inmune por un instante. Sé que lo dice porque está lastimado. No sé qué es lo que ha abierto esas heridas en él pero me niego a dejar que esa sangre se pudra.

—¿Crees que estar solo puede ser la mejor opción?

Se encoge de hombros.

—¿Qué eres, acaso? ¿Un ángel de la guarda?—pregunta de modo retórico.

De inmediato me pregunto ¿qué diría Shain ante algo así?

Y las palabras salen de mi boca sin siquiera preverlo:

—Si quieres que lo sea, puedo cuidar…de ti.

Mierda.

Mi yo interior rasguña las paredes de mi cabeza.

Los segundos de tensión se hacen interminables hasta que él opta por abrir la puerta de su lado en la camioneta.

Creo tener la sensación de que me sacará a patadas de ahí hasta que dice sin más:

—Si hacemos de cuenta que no dijiste esa chorrada me iré contigo, ¿estamos?

Y ambos rompemos en carcajadas.

 

 

Steve baja de su camioneta y lo sigo.

Cierra la portezuela de su garaje en cuanto estamos fuera y le da un último vistazo a su casa.

No pretendo que Steve me cuente qué sucedió con su familia puesto que sé lo frustrantes que son las peleas familiares y tener que comentarlas a los demás se pone aún peor porque es repetir nuevamente ese momento.

Noto que se esconde bajo la capucha de su chaqueta mientras vamos en completo silencio por la acera. De seguro no quiere que lo reconozcan, si algún colega suyo pasa por ahí y lo ve caminando conmigo. Con este chico nuevo y raro...

Y lo comprendo.

No le obligo a aceptarme; yo solo le estoy dando un poco de ayuda puesto que tiene problemas por los que he pasado antes y sé a la perfección cómo ha de sentirse alguien con tales escrúpulos.

Lo único que él dice cuando ya estamos a pocas casas de llegar a la de mis abuelos es comentarme sobre su madre:

—Temo que pueda hacer alguna locura—la preocupación es palpable en su voz—. Tiene un carácter muy explosivo al igual que el de su pareja y odio cuando ambos se ponen así, tan a la defensiva.




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