La confianza es un terreno fértil, pero también peligroso. Sobre ella se siembra el amor, la amistad, la lealtad; sin embargo, basta una mentira o un secreto oculto para que toda esa tierra se agriete y los cimientos se tambaleen. El protagonista —sin rostro, sin nombre, pero con una voz que es eco de todos— comienza a descubrir que confiar es un acto que puede sostener la vida o hundirla en la desolación.
—Creer en otro es como caminar sobre un puente de cristal—, piensa la voz que resuena en su interior. Mientras el puente permanece intacto, todo parece seguro. Pero si se quiebra, aunque sea en una sola esquina, la confianza desaparece y el miedo se instala.
En este tiempo de su existencia, el protagonista se encuentra rodeado de vínculos diversos: la familia que lo formó, los amigos que lo acompañan, la pareja que le ofrece la promesa de un amor distinto. Sin embargo, en cada uno de esos lazos percibe fisuras. En la familia, los secretos no dichos parecen pesar más que las palabras pronunciadas. En los amigos, el juego de las apariencias se convierte en velo que oculta intenciones verdaderas. En la pareja, el amor se mezcla con dudas, como si cada gesto afectuoso pudiera esconder algo que no se quiere mostrar.
El protagonista se debate: ¿a quién entregar la confianza? ¿Quién merece la llave que abre la puerta de lo más íntimo? La respuesta no es sencilla, porque cada posibilidad trae consigo tanto esperanza como amenaza. —La confianza se parece al fuego—: puede dar calor y luz, pero también puede quemar y reducir a cenizas lo más preciado.
En las conversaciones con la familia, el protagonista percibe silencios incómodos. Preguntas que no reciben respuesta, verdades que parecen enterradas bajo capas de costumbre. Cada vez que intenta indagar, encuentra evasivas. Y esa evasión siembra la duda: ¿qué ocultan? ¿Por qué parece haber una parte de la historia que nunca se cuenta del todo?
Con los amigos ocurre algo distinto. Allí, la cercanía se mezcla con la competencia, la lealtad con el interés propio. Hay risas compartidas y momentos de alegría, pero también hay frases ambiguas que suenan como cuchillos escondidos entre bromas. El protagonista siente que la amistad, aunque valiosa, no siempre es transparente. —La sombra de la desconfianza se extiende incluso en los lugares donde debería reinar la claridad—.
En la pareja, la tensión es aún más intensa. El amor apasionado convive con la sospecha. Cada gesto de ternura trae consigo la pregunta silenciosa: ¿será genuino o será una máscara? El protagonista se descubre espiando detalles, interpretando silencios, buscando pistas de algo que quizás no existe. Porque así es la desconfianza: una semilla que, una vez plantada, crece incluso en ausencia de pruebas.
El avance de este capítulo se construye en esa mezcla de amor y sospecha, de amistad y secreto, de familia y silencio. El protagonista empieza a sentir que ya no puede distinguir del todo quién es aliado y quién es amenaza. El terreno de la confianza se ha vuelto pantanoso. Cada paso puede ser seguro o puede hundirlo, y no hay manera de saberlo hasta darlo.
La voz omnisciente reflexiona: —la confianza es la materia más frágil de la vida humana—. Se construye lentamente, con gestos cotidianos, con palabras sinceras, con la repetición de actos que confirman lo dicho. Pero basta un solo engaño, una sola mentira, para que se derrumbe en un instante. Y lo más doloroso es que, aunque se intente reconstruir, nunca vuelve a ser lo mismo.
El protagonista revive recuerdos de promesas anteriores, de heridas que aún no terminan de cicatrizar. La promesa rota del pasado regresa como advertencia. Ahora comprende que cada nueva relación lleva consigo el fantasma de lo vivido antes. Y aunque intenta abrirse, el miedo de volver a ser herido lo mantiene en guardia.
—¿Es posible confiar plenamente después de haber sido traicionado?—. Esa pregunta martillea en su mente. Y la respuesta no llega, porque la vida no ofrece garantías.
En medio de esta lucha interna, surge un hallazgo inquietante: una mentira guardada durante mucho tiempo, oculta bajo capas de silencio. Aunque todavía no se revela por completo, el protagonista presiente su existencia. Hay miradas que se desvían, palabras que no encajan, gestos que parecen encubrir una verdad no dicha. La sospecha se convierte en convicción: alguien cercano ha ocultado algo importante.
El aire se vuelve denso. El protagonista siente que camina dentro de un laberinto de sombras, donde cada paso lo acerca más a una verdad que teme descubrir. La confianza, aquella que alguna vez fue un cristal brillante, ahora se percibe empañada, cubierta de grietas. Y aunque aún no se rompe del todo, está a punto de hacerlo.
El bloque se cierra en ese punto de tensión creciente: el protagonista se encuentra rodeado de vínculos que parecen sólidos en la superficie, pero que guardan secretos en su interior. La sospecha se instala como sombra inevitable, y el alma del protagonista comienza a comprender que la confianza no es un terreno seguro, sino un cristal delicado, siempre en peligro de quebrarse.
—Así avanza la vida—, murmura la voz omnisciente: entre la esperanza de creer y el miedo de descubrir que todo era mentira. Y en ese filo, en esa cuerda tensa, es donde se forja el destino humano.
El aire se vuelve espeso cuando la sospecha finalmente se convierte en verdad manifiesta. Durante días, semanas, quizás meses, el protagonista había percibido señales: silencios prolongados, respuestas evasivas, miradas que esquivaban la suya. Hasta que un detalle mínimo —una palabra que no encajaba, un gesto demasiado forzado, un documento olvidado en la mesa— se convierte en la llave que abre la puerta de lo oculto.
—La verdad siempre encuentra la forma de salir a la luz—, murmura la voz omnisciente. No importa cuánto tiempo se intente sepultar bajo tierra, ni cuántas máscaras se utilicen para disfrazarla: tarde o temprano, la mentira se resquebraja y revela su rostro.
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Editado: 02.01.2026