Los Secretos

14. Lo que no vi venir

«¿Qué quiere decir?», pensé.

Mis ojos se movían de un lado a otro haciendo, incluso, un poco de fuerza, como si quisieran meterse hacia adentro y ver mis pensamientos.

«¿Cómo que le gusta?».

Era incapaz de juntar la línea de puntos aun teniéndola delante. Como si lo que me decía Nadia y todo lo que yo creía saber de Lore pertenecieran a dos realidades distintas.

—Últimamente os he visto congeniar bastante. ¿Te ha dicho algo de mí?

—¿A mí? —reaccioné como si me estuviera acusando— No. ¿A mí? —enfaticé.

—Estás rara.

—No, no —traté de relajar mis facciones—. Es que me ha sorprendido.

—¿Que me guste o que te pregunte si sabes algo? —insistió.

—Yo no sé nada.

«Pero tiene que ser gay», era todo lo que podía pensar. Y algo de rubor se asomó por mis mejillas.

—Bueno, olvídalo… Tampoco creo que le guste. Va mucho con las de su trabajo que son todas modelos…

—¿Se lo has dicho a Carlos?

Cuando me ponía nerviosa solo se me ocurrían preguntas que pudieran desviar el foco hacia otro lado que no fuera yo.

—Quería contártelo a ti primero. Pero Carlos me dijo el otro día que Lore está raro, que se pasa el día mandándose mensajes con alguien un poco a escondidas… dice él… no sé…

—Pero, raro… —me pudo la curiosidad —¿en qué sentido?

«¿Por qué no le digo que creo que es gay? —pensé mientras la escuchaba hablar— Es gay, ¿no? —insistí entrando en el ciclo de centrifugado— No puede no ser gay…».

—Él dice que tiene toda la pinta de que está pillado por una tía…

«O un tío —seguía en el diálogo interno sin prestar mucha atención a las señales—. Aunque Carlos le conoce mejor. Al menos mejor que yoDios, qué cagada».

Había algo de culpa en darme cuenta de lo rápido que había asumido que Lore era gay. Como si, esa conclusión, hubiera venido menos de la observación y más de la comodidad.

Siempre me había llevado mejor con los hombres. Mi sentido del humor y mis rarezas conectaban antes con los chicos. Pero me había ocurrido que alguna amistad se había enrarecido. Sobre todo al saber que tenía novio.

Con Lore nunca interpreté señales contradictorias. Nunca comentó nada, nunca me hizo sentir otra cosa que no fuera comodidad y certeza. Pero, con lo que me había dicho Nadia, empecé a preguntarme si aquella tranquilidad era real o si la había construido yo para no complicarme la vida.

Me fastidiaba un poco no haberle dicho, en su día, que tenía novio. Aunque, de un modo u otro, podría haber llegado fácilmente a esa información. Ya fuera por Nadia a través de Carlos o, simplemente, deduciéndolo. Estaba claro que había dado por hecho ciertas cosas solo porque me convenía.

Y el dilema se proyectó claro y preciso en mi mente.

¿Y si lo importante nunca había sido si Lore era o no gay?




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