Después de la revelación de Nadia y de intentar autoconvencerme, a la desesperada, de que Lore aún podía ser gay, salimos del baño.
Nos acercamos a los chicos. Nadia le echó morro y, a base de vaivenes de cadera, se hizo un hueco entre ambos. Yo me quedé de pie y revisé mi teléfono por enésima vez buscando señales de Víctor.
Miré a Lore de reojo. Me pregunté si era la luz tenue lo que le favorecía tanto o la serenidad de haberse quitado un peso de encima.
Ahí de pié me sentí aislada y busqué dónde sentarme. Carlos dio una palmada al reposabrazos del sofá e hizo un gesto para que acercara el oído.
—Nadia va a saco, ¿no? —balbuceó entre risas.
—Parece que trama algo… —sonreí como si me hiciera gracia.
—¡A pescar! —dijo simulando tener una caña en las manos.
No me hizo gracia pero me reí igual.
Pasó un rato.
Quería mirarles, ver lo que estaba pasando. Pero no me atreví.
Volví a la pantalla de mi teléfono.
¿Tan fácil era de borrar lo que acababa de ocurrir entre nosotros?
Y me envolvió esa sensación, otra vez.
La soledad.
Si me quedaba quieta iba a congelarme. Así que no lo hice.
«Podías venirte a mi casa».
Apreté el botón de “Enviar a Víctor” y justo pasó Lore por delante de mí.
Levanté la mirada y seguí su recorrido hasta el baño.
—Oye, yo me voy a ir ya… —avisé.
—¿Ya? Pero si es pronto aún —dijo una Nadia con la percepción del tiempo alterada.
—¿Vas a pillar taxi? —preguntó Carlos— Lore también se va, por si quieres aprovechar…
Parecía que todo me tenía que llevar a él. Y entonces el dilema se proyectó claro y preciso:
¿Y si lo importante nunca había sido si Lore era o no gay?
¿Y si no era más que un salvoconducto?
Frené la deriva de esos pensamientos en cuanto lo vi de vuelta.
Le intercepté antes de llegar al sofá.
—Me despido —le dije.
—Yo también me iba. ¿Crees que estos estarán bien?
Les miramos. Estaban coreando una canción de La habitación roja a todo pulmón.
—Creo que se las pueden apañar. Carlos no va tan mal…—sonreí.
Quería irme. Me ardía el estómago y no era de beber.
—¿Vamos a por un taxi? —ofreció encantador.
—Vale.
Salimos y andamos hasta encontrar una calle principal.
«¿Estoy nerviosa porque Lore no es gay? Qué absurdo es eso…», pensé.
No estaba en condiciones de plantearme toda nuestra relación en ese momento. Así que apague la maquinaria mental unos minutos. Pero me di cuenta de que llevábamos todo ese tiempo callados y me puse nerviosa.
—¿Cuál es tu canción de los Killers favorita? —se me ocurrió.
—Seguro que la tuya es Read my mind —dijo como sin nada.
Me paré en seco.
Me miró.
—¡No! —gritó entre risas—. Te juro que lo he dicho por decir…
Yo seguí mirándole paralizada, sonriendo y frunciendo en ceño contrariada.
—En serio, en serio, no lo sabía… —insistió al intuir que por mi mente pasaban teorías locas—Pero… no te voy a decir que no te pega muchísimo —vaciló satisfecho con su hazaña.
—¡Qué fuerte! —acerté a decir aún en shock.
—Venga, adivina la mía —me retó.
—Imposible —dije.
—Va, juégatela.
«Juégatela» repetí en mi mente y apreté los dientes.
—Déjame pensar…
Lore me miraba y de repente.
—¡Taxí!
Pegó tal grito que el corazón me subió a la garganta.
—¡Corre! Es imposible pillar taxi tan rápido a estas horas.
Me ofreció entrar y se quedó fuera con la puerta abierta.
—¿No vienes? —le dije.
—Creo que voy a ir dando un paseo. No estoy tan lejos.
«¿Qué ha pasado?», pensé. «¿Quiere estar solo?».
—Vale —le dije rápido—. Por cierto, avísame si te dicen algo de la entrevista.
—Sí, a ver si mañana…
—Seguro que mañana.
Fui a hacer el gesto de cerrar la puerta y noté que se agachaba y se acercaba a mi cara.
—Gracias por lo de antes.
Sentí un escalofrío y solo pude sonreírle.
Según arrancó el taxi, en mi cabeza comenzaron a sonar los primeros acordes de aquella canción.
«On the corner of Main Street, just tryna keep it in line… can you read my mind?».
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conflictos emocionales, novela de personajes, búsqueda de uno mismo
Editado: 21.07.2026