Me desperté de golpe y desorientada. Miré a los lados y tardé unos segundos en darme cuenta de que estaba en mi cama. Me quedé mirando al techo repasando las escenas de la noche anterior.
La cara de Lore cuando me fui.
Derrumbarme en plena calle.
«¿De dónde salió todo eso?».
Inspiré y el aroma de café, que entraba por la puerta, bajó las revoluciones de mi mente. Por los sonidos que me llegaban deduje que Nadia estaba colocando cosas en la mesa del comedor. Miré el reloj, eran cerca de las doce. No recordaba cuándo me había quedado dormida. Pero sí la conversación que habíamos tenido al llegar a casa.
—¿En serio crees que haría algo a tus espaldas?
—Bueno… no me dijiste que Lore… —respondí a la defensiva.
—Tía, me parecía evidente… Creía que lo sabías… Lo sabías, ¿no?
—Pero estaba con Iñaki…
—Y por eso no te dije nada…
—Pero…
—Osea que crees que lo sabíamos todos menos tú… ¿no? —resumió muy seria—. Déjame decirte que Carlos y yo lo hablábamos porque lo veíamos clarísimo, pero Lore nunca nos dijo nada —su tono rozaba el enfado—. Y lo intentamos, no te voy a mentir. Pero nunca le sonsacamos nada…
—Lo siento… Estoy hecha un lío.
—Es más, y fíjate lo que te digo, —rebajó un poco el tono— creo que a él ya le valía con ser tu amigo…
—No me digas eso…
Nos quedamos en silencio moviéndonos por el piso evitando cruzar las miradas. Al meternos en la cama Nadia me dio la espalda.
—Nadia.
—¿Qué?
—¿Te puedes girar?
Se dio la vuelta y me miró seria.
—Perdona.
—¿Qué te pasa? —endulzó su voz.
—Mañana lo hablamos.
—¿Seguro?
—Sí.
Me miró con ternura.
—No me gusta verte así.
—Ni a mí. Lo siento.
Inspiré profundo. Y me quedé dormida más rápido de lo que preveía.
Al levantarme, fui al baño, me lavé la cara, me recogí el pelo y salí al salón.
—Buenos días —dijo Nadia sonriente—. Tenías la nevera pelada, he hecho lo que he podido… —bromeó.
—Gracias —me acerqué y le di un abrazo.
Apreté fuerte.
—¿Cómo estás? —preguntó sin soltarme.
—Peor que una resaca.
—Es que… —rio con cierta sorna.
—Ya.
Nos sentamos una frente a la otra. Con el primer sorbo de café cerré los ojos y volví a ver la cara desencajada de Lore.
—Espero que no te moleste pero he hablado con Carlos. Están preocupados… ¿Has mirado el móvil?
—Aún no.
—¿Vas a hablar con él?
—¿Con Lore? No lo sé… —perdí la mirada en el movimiento de la cortina— ¿Crees que debería?
—Pues no sé… eso tú… Si lo que te molestó fue pensar que él nos había contado algo a nosotros antes que a ti… ya sabes que no fue así.
«¿Esto es orgullo o vergüenza?», pensé.
—Igual me pasé… —reconocí— Saqué conclusiones…
—A veces te adelantas un poco… —dijo con cautela.
—Siempre me ha costado lidiar con el no saber…
—¿Por lo de Iñaki?
—No, viene de antes.
Nadia no preguntó nada.
Tomó un trago largo de su café.
Y esperó.
Sentí que algo que había estado dormido, se estaba despertado. Se me mezclaban las emociones presentes con las pasadas. Como si, de algún modo, todo estuviera conectado.
—Nunca te he hablado de mi padre…
Me miró extrañada.
—Pensaba que solo erais tu madre y vosotros.
—Sí, lo somos. Pero no por decisión propia.
—¿No?
—Mi padre se marchó cuando nací yo.
—Ostras… —susurró Nadia.
—Mi madre nunca me ha hablado de por qué se fue… Siempre he sentido que había una parte de mi historia que he tenido que escribir sola… Y aún tengo preguntas por responder…
Nadia seguía mirándome, manteniendo una expresión de interés.
—¿Y si se fue por mí? —paré para decidir si iba a sincerarme del todo— ¿Y si fue mi culpa?
—¡Cómo va a ser tu culpa! Bruna —me interrumpió indignada— Eras un bebé, ¿qué culpa vas a tener tú?
Con las emociones a flor de piel.
Y el cuerpo engarrotado.
Sabía que si intentaba soltar un poco de tensión, el resto iría detrás.
—¿Y si nunca que quiso?
Jamás había pronunciado ese pensamiento en voz alta. Y escucharlo fue aún peor de lo que esperaba.
—Demasiado peso para cargarlo durante tanto tiempo…
—¿Y qué hago?
Nadia levantó las cejas. Era la primera vez que le pedía ayuda directamente.
—¿Alguna vez le has preguntado a tu madre?
—No, nunca me he atrevido. Tengo miedo de hacerle daño…
—Lo entiendo, es complicado. Pero quizá ella no se esté dando cuenta de lo importante que es para ti…
—¿Y si piensa que me falta algo, que con ella no me basta?
—¿Por qué iba a pensar eso?
—No sé… Me intento poner en su lugar…
—Y está bien que quieras protegerla… Pero, ¿y si eso te está haciendo daño a ti? ¿No crees que es lo último que ella querría?
Quizá Nadia tenía razón y al intentar protegerme también había dejado de cuidarme, sin darme cuenta.
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conflictos emocionales, novela de personajes, búsqueda de uno mismo
Editado: 04.08.2026