Terminamos el desayuno y Nadia me propuso ir al Retiro a pasear y despejarnos.
—Podemos pillar un bocadillo en ese bar de la última vez y buscamos una sombra.
Yo estaba convencida de que ningún paseo iba a apartarme de mis pensamientos. Aun así, acepté. Si la idea venía de Nadia, no me salían fuerzas para decir que no. Mientras ella se duchaba, yo hacía la cama. Trataba de no pensarlo. Pero el móvil, sobre la mesita, parecía estar esperándome. Me quedé unos segundos observándolo desde el otro lado de la habitación. Entonces la pantalla se iluminó.
Mi corazón dio un salto.
>>Bruna ¿todo bien?
Respondí al instante.
>>Sí, Nadia sigue aquí
>>Por eso, me extrañó que se quedara. ¿Te ha pasado algo?
>>No, se nos hizo tarde y no queríamos irnos solas a casa.
>>Bueno…
>>Luego hablamos que vamos a salir.
>>Vale, te quiero.
>>Y yo.
Al cerrar la conversación con mi madre, se me fue el ojo hacia el resto de mensajes que tenía pendientes. Apagué la pantalla y dejé el aparato sobre la mesa.
No duró ni dos segundos.
Lo volví a coger.
Todos los mensajes eran de Lore. El primero había llegado minutos después de que me marchara de su casa.
>>Siento el mal entendido. No quería que pensaras eso. Ni que fueran así las cosas…
El siguiente una hora después.
>>Estoy preocupado. ¿Podemos hablar?
Y el tercero, por la mañana.
>>Cuando puedas, escríbeme o llámame. Me gustaría que habláramos.
Dejé el móvil y cerré los puños con fuerza mientras inspiraba profundo. Quería hablar con él pero mi cabeza era un ring en el que cada pensamiento se enfrentaba a su contrario.
«No sé qué me pasó», pero sí que lo sabía.
«¿Podemos olvidarnos de la noche de ayer?», pero era imposible que pudiera hacerlo.
«Siento que todo es confuso», pero nada de lo que me había dicho Lore lo era en realidad.
Dijera lo que dijera, necesitaba responderle. Si algo tenía claro era que no se merecía mi silencio.
>>Hola. Siento lo que ocurrió. Me pilló por sorpresa y reaccioné de la peor manera.
Lo envié, pero me supo a poco. Estuve un rato tratando de añadir algo más, pero todo lo que escribía, lo borraba después.
«Necesito aclararme…»
«Me da miedo lo que vayas a decirme…»
«No quiero decepcionarte…»
Activé el sonido para estar atenta a su respuesta.
—Uff, qué gusto de ducha —dijo Nadia saliendo del baño.
—Te he dejado ropa interior ahí y pilla lo que quieras del armario.
—Vale —me miró a los ojos y me agarró del brazo—, ¿estás bien?
—Sí, nada, mi madre —dejé el teléfono de nuevo en la mesilla de noche.
Me metí en la ducha. El agua caliente siempre lograba desentumecerme el cuerpo. Cerré los ojos y durante unos segundos dejé de escuchar mis pensamientos.
—¡Bruna!
Abrí los ojos de golpe, saqué la cabeza de debajo del chorro y traté de afinar el oído para comprobar si el grito había sido real o imaginario.
—Bruna… —dijo Nadia entrando en el baño alzando mi móvil.
—¿Qué?
—Te ha sonado el móvil…
—Tranqui, ahora lo miro.
—Es Lore —abrió los ojos y levantó las cejas.
La miré sin decir nada.
—Está preocupado —continuó ella.
—Ya, sí… le he escrito antes…
—Ah, vale… ¿Quieres que te lo lea? —propuso con la expresión de tener más ganas que yo de hacerlo.
—No hace falta, salgo enseguida.
—Fijo que quiere quedar… —dijo como la que cree saber el final de una historias antes de llegar al último capítulo.
Apagué la ducha y al ir a por la toalla me di cuenta de que aún tenía jabón en el cuerpo.
—Luego lo miro —dije seria y volví a activar el agua.
Nadia salió del baño dejando mi teléfono en la pica. Lo miré y me mordí el labio inferior con más fuerza de la que pretendía.
Nos terminamos de preparar y salimos. En el metro viajamos varios minutos sin decir nada. Pero notaba la mirada de Nadia cada vez que levantaba la vista del suelo.
—¿Qué?
—Escríbele.
Saqué el teléfono del bolso.
—Es que no sé qué decirle.
—¿No quieres quedar con él?
—Sí…
—¿Te da miedo que te diga que le gustas? —sonrió levemente.
—¿Ahora tenemos quince años? —respondí sarcástica.
—Para…
—No, para tú.
Nos reímos.
—No, ahora en serio, ¿qué te da miedo?
—Confundirme…
—¿Sobre qué?
—Es pronto.
—¿Lo dices por Iñaki?
No respondí.
—Pero no tienes que decidir nada ahora… A ver, imagina que fuera al revés. Que Lore sale huyendo de tu casa y no tienes ni idea de por qué, ¿cómo te sentirías?
—Ya… fatal —agaché la cabeza.
—No esperes tenerlo todo claro de repente… Eso no pasa.
—Pero… ¿no debería ir preparada?
—¿Preparada para qué? ¿Para decidir antes de escuchar?
—Bueno, pero...
—Creo que sabes lo que quiero decir.
—¿Soltar...?
—Sí, soltar.
Miré el teléfono. Respiré hondo. Y escribí a Lore.
—Ya está. Hemos quedado… ¿Contenta?
—Pues sí.
—Solo vamos a hablar… —dije en voz alta más para mí que para ella.
Nadia sonrió.
De inmediato, empezamos a conversar sobre las tonterías de siempre. Nos reímos, paseamos y nos comimos un bocadillo de calamares con extra de mayonesa bajo un árbol al lado del estanque. Logré que mi inminente encuentro con Lore se quedara al fondo de mi cabeza durante un buen rato, hasta que no pude dilatar más el tiempo.
—Se está haciendo tarde.
—Ya… Debería ir tirando, ¿no?
—No estés nerviosa, es Lore.
—Por eso…
Nos dimos un abrazo. Uno de esos que dicen «aquí me tienes para lo que necesites». Y me fui pensando en qué debía darle yo a Nadia para recibir tanto de ella.
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conflictos emocionales, novela de personajes, búsqueda de uno mismo
Editado: 04.08.2026