"Luchando Por Amarte"

CAPÍTULO 17: LA PRIMERA PELEA: EL PRUEBA DE FUEGO

La primera pelea llegó a los dos meses de haber vuelto a los entrenamientos. Se celebró en una ciudad grande, en un estadio lleno de gente que esperaba ver el regreso de la leyenda. Su contrincante se llamaba Mateo "El Roca" Castillo, un luchador de fuerza bruta, conocido por ser muy pesado y difícil de mover, que solía ganar sus combates simplemente empujando y golpeando con potencia, sin mucha técnica, pero con una resistencia inagotable.
Leo entró al ring con la cabeza alta, con su mirada seria y determinada. Ya no era el chico roto de antes. Era un hombre completo, enfocado, sabiendo exactamente lo que quería.
La pelea fue distinta a las que solía hacer. Mateo atacaba sin parar, lanzando golpes fuertes que hacían vibrar el aire. Intentaba acorralarlo, usar su peso para dominarlo, hacer que Leo perdiera el equilibrio. Pero Leo ya no luchaba solo con fuerza. Ahora usaba la inteligencia. Se movía con agilidad, esquivaba los golpes con precisión, dejaba que su contrincante gastara energía atacando y luego aprovechaba los momentos de debilidad para atacar él.
Cada golpe que recibía, lo recibía con la mente tranquila. Sabía que el cansancio era el peor enemigo. En el tercer asalto, cuando Mateo empezó a respirar con dificultad y sus movimientos se volvieron más lentos, Leo vio la oportunidad. Lanzó una combinación rápida, precisa, y en el momento exacto, un golpe seco y fuerte que impactó justo en la mandíbula de su rival.
Mateo cayó al suelo como un saco de patatas. El árbitro empezó a contar, y cuando llegó al número cuatro, ya no se movía.
¡FIN DE LA PELEA!
Leo fue declarado ganador por nocaut técnico. La gente lo vitoreaba, los aplausos retumbaban en todo el estadio. Pero él no celebraba como otros. Se puso de rodillas un instante, mirando al cielo, y en su mente estaba ella.
Esa noche, Sofía estaba en su casa, recostada en el sofá con la pierna aún con vendas y sin poder moverse mucho, cuando encendió la televisión y vio el resumen de la pelea.
Lo reconoció al instante. Reconoció esa postura, esa forma de moverse, esa mirada. El corazón le dio un vuelco. Lo vio ganar con facilidad, con esa seguridad que antes solo ella había visto. Se sentó un poco más derecha, mirando la pantalla con los ojos muy abiertos, con una mezcla de sorpresa y alegría.
—Es él... —susurró ella, sin poder evitarlo—. Está de nuevo. Es fuerte. Es increíble.
Y mientras veía cómo él recibía los aplausos, sintió cómo poco a poco volvía a sentir lo que creía olvidado. Esa admiración, ese cariño, ese amor que había intentado enterrar. Porque aunque ubiera estado con otro, aunque todo fuera mentira, lo que sentía por Leo era real, y verlo de nuevo, verlo luchando y ganando... le hacía sentir algo que nadie más le había hecho sentir nunca.




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