"Luchando Por Amarte"

CAPÍTULO 20: LA SEXTA Y ÚLTIMA PELEA: LA PRUEBA DEFINITIVA

Llegó el momento de la sexta y última pelea. Esta era la más importante hasta ahora. Su contrincante era Adrián "El Destructor" Moreno, un luchador muy peligroso, que había ganado todas sus peleas anteriores por nocaut, y que tenía una reputación de ser muy fuerte y muy peligroso. Era el reto más difícil al que se había enfrentado desde su regreso.
El estadio estaba lleno a reventar. Había mucha gente que quería verlo ganar, mucha gente que creía en él, y también había muchos que dudaban de que pudiera ganar contra alguien tan fuerte.
Sofía estaba en su casa, ya un poco mejor, caminando con ayuda de bastón y con la pierna todavía recuperándose, pero decidida a verlo. Encendió la televisión y se sentó en el sofá, con el corazón latiéndole muy rápido. Sabía que esta pelea era la última barrera que tenía que superar para poder pedir la revancha por el título.
La pelea empezó con mucha intensidad. Adrián atacó con mucha fuerza desde el primer momento, lanzando golpes muy fuertes que hicieron que Leo se moviera rápido para esquivarlos. Era una pelea donde la fuerza y la técnica se enfrentaban. Adrián quería acabar la pelea rápido, Leo quería resistir y buscar su oportunidad.
Pasaron los asaltos. En el segundo, Adrián logró acertarle un golpe fuerte en el lado sano, haciendo que Leo se tambaleara un poco. La gente se quedó en silencio, asustada. Pero Leo se recuperó rápido, sacando fuerzas de su interior. Recordó el dolor que había sentido cuando lo dejaron solo, recordó el dolor que había visto en ella cuando cayó, y se llenó de una fuerza inmensa.
Cada golpe que recibía, lo sentía como una prueba más. Cada paso que daba, lo daba pensando en que tenía que ganar, no solo por él, sino por todo lo que había sufrido, por todo lo que ella había sufrido.
En el quinto y último asalto, todo se decidió. Adrián estaba cansado, sus movimientos eran más lentos, y Leo vio su oportunidad. Atacó con una combinación rápida, moviéndose con agilidad, y en el momento exacto, lanzó un golpe potente que impactó justo en el punto débil de su rival.
Adrián cayó al suelo. El árbitro empezó a contar: uno, dos, tres, cuatro... cinco, seis, siete... Adrián no se movía.
¡¡¡GANADOR!!!
Leo fue declarado vencedor por nocaut técnico. El estadio estalló en aplausos y gritos. Los gritos de su nombre resonaban por todo el lugar. Él se puso de pie, con el pecho levantado, con la mirada fija en lo lejos, como si pudiera verla a ella desde allí. Levantó los brazos en señal de victoria, pero su mente estaba con ella.
En la televisión, Sofía vio todo. Vio cómo ganaba, vio cómo luchaba con todo su ser, vio cómo salía victorioso. Y en ese momento, algo dentro de ella se llenó de luz. Todas las dudas, todos los miedos, todo el dolor que había sentido... desaparecieron. Lo amaba. Lo amaba con toda su alma, más que nunca. Sabía que él era el único hombre que podía darle lo que ella necesitaba, lo que ella siempre había querido.
Mientras los reporteros se acercaban a él para hacerle entrevistas, Leo hablaba con voz firme, mirando a las cámaras, sabiendo que ella lo estaría viendo:
—He trabajado mucho para llegar hasta aquí. He sufrido, he dolido, he luchado contra mis propios límites. Pero lo he hecho con un objetivo claro: volver a ser el mejor, y demostrar que nada ni nadie puede vencer a alguien que tiene una razón para seguir adelante. Ahora... ahora es el momento de recuperar lo que me pertenece. El título que me quitaron injustamente. Y cuando lo tenga... sabré que todo ha valido la pena.
Los reporteros le hicieron preguntas sobre su vida, sobre sus sentimientos, pero él solo respondió con calma, sin dar detalles, pero con una seguridad que decía todo lo que no quería decir con palabras.
Mientras tanto, Javier "El Lobo" estaba viendo todo desde su casa, con la cara llena de ira. Sabía que Leo estaba más fuerte que nunca, sabía que era muy peligroso, pero no iba a rendirse. Tenía que prepararse para la revancha, tenía que estar listo para defenderse. Y seguía planeando cómo podría hacerle daño, aunque sabía que ahora era más difícil que nunca.
Pero Leo ya no le temía. Sabía que cuando llegara el momento, estaría listo. Y lo más importante: sabía que al final, todo saldría bien. Porque sabía que ella estaba ahí, esperando. Aunque estuviera lejos, aunque no pudiera estar a su lado en ese momento, sabía que su amor era la fuerza más grande que tenía. Y cada paso que daba, cada golpe que lanzaba, cada victoria que conseguía, era pensando en ella, era por ella.
En su casa, Sofía apagó la televisión lentamente, dejando la imagen de su rostro grabada en su mente. Sus ojos brillaban con una luz nueva, una luz de esperanza y de amor que llevaba mucho tiempo oculta. Su pierna seguía sin estar del todo bien, seguía sintiendo el dolor de la caída y de los meses de recuperación, pero ya no le importaba. Nada importaba ya, excepto lo que sentía en su corazón.
Se levantó con cuidado, apoyándose en el bastón, y se acercó a la ventana. Miraba hacia la calle, hacia el cielo gris de la ciudad, pero en su mente solo veía a él: luchando, ganando, fuerte e invencible. Recordaba cada momento que habían compartido, cada palabra, cada mirada, cada promesa que se habían hecho en silencio. Recordaba cómo él le había enseñado que el amor no es perfecto, que no es elegante ni suave como el hielo, sino que es fuerte, leal y protector. Y se dio cuenta de que todo lo que había vivido con Thiago, todo lo que había intentado construir con mentiras y apariencias, no era nada comparado con lo que sentía por Leo.
—Volveré —susurró ella para sí misma, con una voz llena de convicción—. Volveré a patinar, volveré a ser la que era, pero esta vez... no seré perfecta para los demás. Seré feliz para mí. Y tú... tú eres mi felicidad.




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