STELLA
Está noche es el baile real.
Al día siguiente llegamos a La Capital del reino de Lycan, es una ciudad cerca de las tierras bravas que está más modernizada que ninguna otra. Killian y yo nos alojamos en un lujoso hotel, ubicado en el centro de la ciudad, a una calle de distancia del palacio real donde se llevará a cabo el baile.
Las ciudades que he visto tenían edificios altos y la naturaleza escaseaba, este lugar es todo lo contrario, en el centro de la ciudad hay un gran bosque que conecta con el palacio. Las calles están plagadas de árboles, flores silvestres, el asfalto de calidad, los edificios son grandes, cristalinos y de oro brillante. Los coches rugen como leones, las personas visten a la moda con las telas y los patrones más preciosos y lujosos que he presenciado en mi vida.
Este lugar parece el paraíso.
Pero tengo un mal presentimiento.
Solo que las apariencias a veces te pueden engañar.
—Vaya, señorita, Stella, ese vestido es...
La doncella que ha contratado Killian se queda paralizada cuando ve mi vestido.
Mis tripas se encogen del miedo, no me gustaría que dijera que es horrible porque llevo desde esta mañana que llegamos creando esta prenda para el baile.
Y ya son las seis de la tarde.
Faltan cuatro horas para que el baile comience. Killian dijo que no hacía falta, que me compraría el más bonito, pero yo insistí, así que él se encargó de hacerme llegar todo el material de costura.
—¿Horrible? ¿Feo? ¿Anticuado? —inquiero miedosa.
Pero su expresión no parece la de una persona horrorizada.
—Irreal.
Levantó las cejas sin entender.
La veo adentrarse más a la habitación, trae en una bandeja con un vaso de limonada de fresa con un aspecto apetecible. Se detiene junto a mi lado, estoy cosiendo la última piedra preciosa extraída de las minas del reino de los vampiros, Vampyr creo que era su nombre. Son preciosas, brillantes y doradas.
—¿Qué quieres decir con eso? —le preguntó sonriéndole.
—¿Es creación suya? Por la Diosa, este vestido parece creado por ella —la doncella por fin muestra su asombro —. Jamás vi algo tan brillante y atrevido. Estoy segura de que si monta una boutique en el reino se haría millonaria.
Mis mejillas se tiñen de un rojo intenso, no pensé que está creación podría resultarle agradable a alguien.
—Gracias —musito.
—Oh, se me olvidaba. El duque Wolf me ordeno que le trajera una limonada de fresa para usted. Y también dijo que vendría pronto, está ocupado reuniéndose con el príncipe Devon —informa ella, amablemente. Tomo con mis manos el refresco, doy un sorbo y ese sabor que tanto me gusta explota en mi paladar.
La doncella se marcha sin decir nada más.
¿Cómo sabe él que me gustan la limonada de fresa? Cómo sea, no puedo hacer que mis sentimientos se confundan más. Ya tengo un nuevo plan para mi criatura y para mí.
Killian parecía ser el príncipe azul de mi cuento.
Y resultó ser un villano más que miente en mi lista.
—Auch.
Una lágrima de sangre se resbala por mi dedo, aterrizando en mi panza. Lo siento como un mal presagio. Me he pinchado con una aguja mientras aprieto la piedra preciosa. Me alejo del maniquí para analizar mi creación desde lejos. Chupo de dedo para remitir la sangre que emana.
Es una apuesta arriesgada porque estoy embarazada, no sé si me quedara como espero, pero no pierdo más tiempo, llamó a la doncella para que me ayude a prepararme para el baile.
🐺
KILLIAN
La luz de la luna es extraña, demasiado brillante para ser una noche nublada. La ventana que tengo al lado de las escaleras me da una vista hacia el gran bosque, mientras espero a Stella aliso mi corbata y coloco las condecoraciones pegadas en la solapa de mi traje chaqueta negro. Un capitán de la realeza licántropa jamás debe ir sin sus medallas, aunque la misma realeza por poco me expulsa de ella.
El vestíbulo del hotel este atestado de hombres lobo que han llegado para asistir también al baile. Tengo que evitar algunas miradas traviesas de mis familiares lejanos, ellos saben que tengo que ser yo el primero que inicie una conversación, sobre todo porque saben que les contesto de mal humor.
Cuando levanto la cabeza al escuchar el sonido de sus pasos en medio del ruido. La veo en la primera línea de la escalera con unos tacones dorados, sus piernas permanecen al aire libre gracias a la abertura del vestido.
Joder.
Mi mujer está impresionante.
Lleva un vestido de piedras preciosas de color amarillo con un escote corazón, la luz de los candelabros del vestíbulo iluminan las piedras cosidas al escote formando pequeñas gotas que se expanden llenas de luz, creándole un aura angelical. Cada peldaño que desciende, su presencia de vuelva más magnética. Su cabello rubio bien peinado en ondas suaves. Un maquillaje impecable.
Nos tiene a todos hipnotizados.
Aunque tenga una silueta hermosa, la barriga de embarazada le sobresale peligrosamente. Eso me mantiene alerta. Reviso cada uno de sus movimientos por si su pie desliza un poco más de lo debido y se resbala. Debe tener unos ochos meses de embarazo ya, en cálculos de humanos. Pero como el bebé tiene gen de lobo, el proceso de gestación es más rápido.
—¿Quién demonios es ella? —me pregunta mi segundo al mando.
Maddox es mi amigo y mi mejor guerrero de mi antiguo ejército.
Después de mi juicio en la corte de los lycans, mandaron algunos de mis guerreros al palacio real, donde se encargarían de la seguridad de algunos integrantes de la realeza. Aunque los lobos de la realeza tengan más poderes y más fuerza, es necesario tener a los guerreros para asegurar la supervivencia. Tres lobos son mejor que uno.
—Es mía.
—Es una humana, ¿no? Creía que no estaba permitido que...
Lo interrumpo antes de que mi buen humor se vea ennegrecido.