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Daren quería matarme.
Lo vi en sus ojos.
No esperaba que yo, la tonta Aurora Braum, la hija del jardinero, me atreviera a aceptar su rechazo delante de todos.
Se quedó mirándome fijamente con esos ojos zafiro que durante semanas me hicieron sentir especial. Esos ojos que me hicieron creer que era su universo. Que cuando la diosa creó el vínculo… yo era su compañera sagrada.
Qué cruel puede ser una mirada cuando deja de amar.
Acepté su rechazo. El vínculo no se rompió. Pero dentro de mí, todo lo que alguna vez existió entre nosotros quedó reducido a cenizas.
Ni la vida eterna ni la muerte me harían arrodillarme por amor. Jamás permitiría que él volviera a tocarme.
Era un lobo indigno.
Mi vida debía continuar, eso creí, porque aún no entendía el precio que debía pagar por haber sido su mate.
Él seguía mirándome.
Mi lobo no había despertado, pero mi oído era agudo. Escuché el crujido de sus nudillos al apretar los puños.
Estaba conteniendo la ira.
De pronto, Thyara emergió de entre el grupo y tomó su mano con posesividad.
Me miró como si yo fuera polvo bajo sus zapatos.
—¿De verdad creíste que ibas a trepar? —su voz fue dulce, pero venenosa—. ¿Que de la noche a la mañana entrarías a nuestro círculo?
Solo fuiste una distracción para el heredero, ¿verdad, mi amor?
Daren tensó la mandíbula.
—Cállate Thyara. —dijo en mal tono.
—Es una trepadora.
—Dije que te calles.
Soltó su mano de ella. No sabía con quién estaba más enojado, si con ella o conmigo.
De repente, un sonido comenzó a repetirse.
Notificaciones.
Una tras otra.
Celulares vibrando. Pantallas encendiéndose.
El murmullo se convirtió en silencio tenso. Todos miraban sus teléfonos, a todos les llegó la misma notificación. Vi la expresión de asombro que se dibujó en sus rostros.
Luego sus miradas se dirigieron hacia mí…. como jueces. Como verdugos.
Thyara puso una sonrisa retorcida.
—Ya lo vieron, ¿no? —alzó la voz—. Esta es la verdadera razón por la que dice que aceptó su rechazo. Quiere salvar su reputación, pero la diosa jamás los unió.
Sentí que el aire desaparecía.
—Ella sedujo a mi novio —continuó—. Se acostó con él creyendo que así subiría de rango. Su cuerpo es su moneda de cambio.
Alguien soltó una risa incómoda.
—Aurora es una zorra.
Las palabras me golpearon antes de que pudiera entenderlo.
Tomé el teléfono de Rachel con las manos temblorosas….
Y las vi.
Las fotografías.
Daren y yo en aquella habitación. Fotos íntimas. Demasiado íntimas.
Momentos que creí sagrados.
Pero ahora estaban expuestos.
Convertidos en espectáculo.
Mi garganta se cerró.
Había aceptado que no me amara.
Había aceptado que me rechazara.
Pero esto… Esto era destruirme.
Miré a Daren.
No sabía si él las había publicado.
Pero tampoco hacía nada por detenerlo. Y ese silencio me dijo todo.
Las lágrimas ardieron. Intenté contenerlas, pero no lo logré.
Mis labios temblaban, pero no pronuncié palabra. No podía.
Di media vuelta y salí del edificio.
Cada paso era más pesado que el anterior.
Pero no solo ese grupo había recibido la notificación. Toda la universidad se enteró.
Todos.
El guardia en la entrada.
Los estudiantes en la cafetería.
Profesores. Mi mundo se rompió en segundos.
Mi reputación quedó hecha trizas.
Y lo peor… aún no había comenzado.
Daren destruyó mi vida, por eso voy a destruirlo. No por rechazarme ni por permitir que Thyara destruyera mi reputación, lo voy a destruir porque él causó mi tragedia, me condujo a la muerte, a la tumba de dónde mi lobo me sacó.
Me observo en el espejo mientras deslizo el labial rojo sobre mis labios.
Rojo como el fuego que arde en mi alma.
El vestido que llevo puesto fue confeccionado exclusivamente para mí en la casa de diseño más prestigiosa de la región donde ahora vivo junto a Gabriel… mi esposo.
El tío de Daren.
Editado: 04.03.2026