Madre Por contrato De las hijas del Ceo Frio..

CAPÍTULO 1

Kariza

—Lo siento mucho, Kariza, pero lo nuestro ya no puede continuar. Fue absurdo pensar en un futuro juntos cuando pertenecemos a mundos distintos.

Escucharlo me llenó de rabia. ¿Cómo podía ser tan miserable para decirme esas palabras que me desgarraban el alma y rompían mi vida en mil pedazos? Lo observé fijamente, esperando quizá una explicación, pero no dije nada. No valía la pena.

—Lo siento —murmuró.

Y en su mirada no encontré ni una pizca de sinceridad.

—Te burlas de mí. Vete al infierno. Y espero no verte jamás en mi vida. Sé feliz con tu nuevo amor.

—Lo seré, sin duda.

Esa respuesta me dolió tanto que no pude quedarme ahí ni un segundo más. Salí corriendo mientras la lluvia caía con fuerza, empapándolo todo, incluso lo que quedaba de mí. Increíblemente todo me estaba saliendo mal

—Ojalá nunca lo seas, imbécil.— musite con un horrible nudo en la garganta.

Cinco años después.

Mi corazón latía desbocado mientras Lucas me gritaba en la cara, cuando aquí el desvergonzado era él y Lineth. Ambos estaban intimidando en mi habitación, mientras mi abuela estaba sola en la sala viendo la televisión.

No podía creer que mi vida amorosa fuera un desastre.

—Jamás estás para mí, pasas en ese hospital trabajando. Por eso te engañé, ya me aburrí de tener una novia insípida que ni siquiera sale conmigo. Vengo a verte y la única que está es tu abuela enferma junto con la cuidadora. Eres una mojigata que se cree buena.

—De verdad que eres un descarado —esta vez me defendí—. Ya han sido demasiadas humillaciones. ¡Si ya terminaste vete!

—Eres una estúpida, deberías estar pendiente de tu novio. Te dije: deja el trabajo, vive conmigo, yo te iba a mantener bien, pero no aceptaste. Ahora te aguantas.

Solté un suspiro de cansancio. Lo miré a él y a Lineth con asco.

—Lárguense ahora mismo —les pedí con toda la paciencia del mundo.

—Lo siento, Kariza, me dejé llevar. Yo necesito el trabajo, no me eches, por favor.

—No te disculpes con ella, ni te paga bien —escupió Lucas, y yo apreté los puños con enojo.

—Entonces págale tú, ya que ella te prestaba sus servicios a ti y no a mi abuela, como era su deber.

Lucas rió a carcajadas.

—Estás celosa. No te preocupes, yo no pienso dejarte. Te amo, aunque me acosté con tu empleada. Ahora lo haré contigo, quizá de esa manera aprendas a servirme en la cama como se debe.

Apreté los puños con fuerza y le propiné una bofetada, sin importar que luego me doliera la mano.

—No soy una cualquiera, para tu información. Ya no deseo estar con un tipo tan arrogante y sucio como tú. Vete de mi casa ahora mismo y nunca vuelvas.

Lucas se acercó a mí y me devolvió la cachetada. En ese momento mi abuela gritó asustada.

—Aburrida e insípida, me amas y sé que me llamarás pronto.

Sin más, salió de mi apartamento. Me acerqué a mi abuela y la abracé con fuerza; ella trataba de calmarse.

—Tranquila, estoy aquí, Nani.

—Tengo miedo, no me gustan las guerras.

—No hay nada de eso, solo era Lucas gritando como un loco, pero ya se ha ido.

—Ese hombre es malo, que no vuelva más —murmuró mi abuela con miedo.

Observé fijamente a Lineth, que seguía de pie. Solté un respiro para luego acercarme a ella.

—Lo mejor es que te vayas. No puedo tener a una persona como tú cuidando de mi abuela.

Lineth bajó la cabeza, apenada. Moví la cabeza en negación, con ganas de reír. Su hipocresía me estaba irritando.

—Kariza, yo sé…

No le permití terminar de hablar.

—He dicho suficiente. Te daré el pago de este mes y listo.

—Pero fue él quien me exigió tener relaciones.

Apreté los puños, indignada. Me enfurecía escucharla.

—Vete y haz como si nunca nos hubiéramos conocido —repliqué enojada. Saqué de mi cartera los trescientos dólares que tenía para pagar la renta; sin embargo, lo mejor era pagarle y que se fuera de mi vista de una vez por todas.

Ella se echó a llorar, pero no me importaba su actuación. Jamás pensé que estuviera involucrada con Lucas. Le di confianza y ella me pagó de la peor manera. Sé que ellos dos llevaban tiempo haciéndolo, pero me hice la ciega. Ahora he abierto bien los ojos y no pienso caer en sus lágrimas de cocodrilo. He aprendido una cosa: no confiar en nadie, ni en tu propia sombra.

💞💕

Cuando la noche llegó, terminé de darle la cena a mi abuela para luego llevarla a su habitación a descansar. Ella sonrió levemente antes de decirme:

—Pronto todo estará bien, mi muñequita.

Asentí, besando su mejilla. Ella soltó un suspiro antes de caer dormida. Una lágrima bajó por mi mejilla; la limpié y salí de la habitación. Me tapé la boca y empecé a llorar, tragándome el llanto.

Lavé los trastos, me senté en el taburete de la cocina y cerré los ojos, llorando amargamente por haber sido una estúpida.

No tenía idea de qué iba a hacer de ahora en adelante, cómo iba a cuidar a mi abuela. Trabajar en el hospital era difícil; a veces tenía turno y otras pasaba trabajando más de doce horas. ¿Qué iba a hacer con mi abuela?

Limpié mis lágrimas al escuchar el sonido de la puerta.

—Hola, Kari. Venía a dejarle un poco de avena a tu abuela.

Le sonreí a mi vecina y acepté el tazón de avena.

—Muchas gracias, señora.

Ella sonrió y se despidió, pero antes de que se fuera me atreví a hablarle.

—Disculpe, ¿puedo pedirle un favor para esta semana?

La señora me miró por un segundo, pero luego me dedicó una sonrisa sincera.

—Dime, Kariza.

—¿Usted podría cuidar a mi abuela Sandra, por unos días mientras encuentro a una cuidadora? Le pagaré.

—Está bien, tranquila. Yo la cuido. Espero que encuentres a alguien pronto.

—Gracias, señora. Solo serán estos días.

Mi vecina asintió y luego se retiró. Respiré profundo, sintiéndome un poco más tranquila. Por lo menos, estos días me pondría a buscar a una señora especializada en cuidar ancianos.




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