Después del entrenamiento, Ramé se quedó sentada mirando la pista.
Meraki estaba cerca.
El silencio entre ellos era cómodo.
Ramé habló de repente.
—Cuando tenía seis años… mis padres murieron en un accidente.
Meraki levantó la mirada.
—Mis tíos me criaron.
Ramé sonrió suavemente.
—Tienen una granja en Francia. Con viñedos.
Meraki escuchaba en silencio.
—Es un lugar muy tranquilo —continuó—. A veces extraño ese silencio.
Meraki observó el hielo.
Y por un momento imaginó algo que no había imaginado en años.
Un lugar tranquilo.
Sin competencia.
Sin recuerdos.
Ramé se levantó.
—Debería irme.
Comenzó a alejarse.
Entonces Meraki habló.
—Ramé.
Ella se giró.
—¿Sí?
—Mañana practica tu eje antes del salto.
Ramé sonrió.
—Sí, entrenador.
Y por primera vez en mucho tiempo…
Meraki sintió algo parecido a una paz momentánea.