Maemuki

Capitulo 14 La noche en que el silencio habló

La noche en el viñedo era distinta a cualquier noche que Meraki hubiera vivido en la ciudad.

Allí no existía el murmullo constante del tráfico.

Ni las luces artificiales que borraban el cielo.

El silencio era profundo.

Completo.

Y las estrellas parecían infinitas.

Ramé seguía sentada en los escalones del porche, con las rodillas abrazadas contra el pecho. Su respiración formaba pequeñas nubes blancas en el aire frío.

Meraki permanecía apoyado contra una de las columnas de madera.

Ambos miraban el cielo.

Durante varios minutos ninguno habló.

No era necesario.

Ramé fue la primera en romper el silencio.

—Deberías quedarte.

Meraki desvió la mirada hacia ella.

—¿Quedarme?

Ramé asintió.

—Es tarde.

Miró hacia el camino oscuro que llevaba de regreso a la ciudad.

—Y conducir con hielo en la carretera no es buena idea.

Meraki siguió su mirada.

Las sombras del campo se extendían en la distancia.

—Puedo manejarlo.

Ramé sonrió ligeramente.

—Sí, claro.

Se levantó.

—Pero mis tíos tienen habitaciones vacías.

Se encogió de hombros.

—Y creo que les gustaría que te quedaras.

Meraki dudó un momento.

No estaba acostumbrado a quedarse en casas ajenas.

No estaba acostumbrado a… quedarse en ningún lugar.

Pero antes de que pudiera responder, la puerta del porche se abrió.

Mateo apareció con una taza de té en la mano.

—¿Están hablando de quedarse?

Ramé levantó una ceja.

—Estábamos considerando la posibilidad.

Mateo miró a Meraki con tranquilidad.

—La habitación de invitados está lista.

Meraki frunció ligeramente el ceño.

—¿Lista?

Mateo sonrió.

—Laurent siempre prepara todo por si alguien decide quedarse.

Como si hubiera estado esperando ese comentario, Laurent apareció detrás de Mateo.

—Las visitas inesperadas suelen ser las más interesantes.

Ramé se rió.

—Eso significa que sí.

Meraki los observó.

Había algo en la naturalidad de la invitación.

No había presión.

No había expectativas.

Solo hospitalidad.

Finalmente habló.

—Está bien.

Ramé sonrió inmediatamente.

—Perfecto.

La habitación

La habitación de invitados estaba en el segundo piso.

Tenía una ventana grande que daba directamente al viñedo.

Las paredes eran de madera clara.

Había una cama sencilla con una colcha gruesa y un pequeño escritorio cerca de la ventana.

Laurent dejó una vela encendida sobre la mesa de noche.

—Si necesitas algo, estaremos abajo.

Meraki asintió.

—Gracias.

Laurent se detuvo en la puerta antes de salir.

Lo observó durante un segundo.

—Dormir en un lugar nuevo siempre revela cosas interesantes.

Meraki levantó una ceja.

—¿Como qué?

Laurent sonrió suavemente.

—Lo que la mente intenta olvidar.

Y salió de la habitación.

Meraki se quedó solo.

El silencio volvió a llenar el espacio.

Se acercó a la ventana.

Desde allí podía ver las hileras del viñedo extendiéndose bajo la luz plateada de la luna.

El paisaje parecía casi irreal.

Durante años había vivido rodeado de concreto.

De ruido.

De presión.

Aquella calma le resultaba extraña.

Pero no desagradable.

La conversación

Más tarde, Meraki bajó las escaleras.

La casa estaba tranquila.

La chimenea aún estaba encendida en la sala.

Laurent estaba sentado frente al fuego con un libro abierto sobre las piernas.

Levantó la mirada cuando escuchó los pasos.

—No podías dormir.

No era una pregunta.

Meraki se detuvo cerca de la chimenea.

—Estoy acostumbrado al ruido de la ciudad.

Laurent cerró el libro.

—El silencio puede ser intimidante.

Meraki se sentó en el sillón frente a él.

Durante un momento ninguno habló.

El fuego crepitaba suavemente.

Laurent rompió el silencio.

—El ballet.

Meraki levantó la mirada.

—¿Qué pasa con él?

Laurent lo observaba con atención tranquila.

—No se abandona algo así sin una razón profunda.

Meraki desvió la mirada hacia el fuego.

—A veces las cosas terminan.

Laurent negó lentamente.

—No.

Su voz era suave pero firme.

—Las cosas terminan cuando alguien las destruye.

Meraki sintió que algo se tensaba en su pecho.

Laurent continuó:

—Mateo y yo también perdimos todo una vez.

Meraki lo sabía.

Pero escucharlo de esa forma…

lo hacía más real.

—El mundo puede ser cruel con lo que no entiende —dijo Laurent.

Miró las llamas.

—Pero lo más difícil no es perder el escenario.

Meraki levantó la mirada.

Laurent lo miró directamente.

—Lo más difícil es cuando las personas que amas creen las mentiras.

Las palabras golpearon algo profundo dentro de Meraki.

Durante un momento largo no habló.

El fuego seguía crepitando.

Finalmente Meraki dijo en voz baja:

—Mi hermano.

Laurent no reaccionó.

Simplemente esperó.

—Su nombre es Elias.

El nombre salió con dificultad.

Como si llevara años atrapado en su garganta.

—Bailábamos juntos.

Meraki miró el fuego.

Las llamas se movían lentamente.

—Éramos inseparables.

Laurent escuchaba sin interrumpir.

Meraki continuó.

—Un día… todo cambió.

Sus manos se cerraron ligeramente.

—Mi novia dijo que yo había hecho algo.

Su voz se volvió más baja.

—Algo que nunca ocurrió.

Laurent no preguntó qué.

—Elias confirmó la historia.

El silencio llenó la habitación.

Meraki apretó los dedos contra sus rodillas.

—Mi familia le creyó a él.

Laurent cerró los ojos por un momento.

—Y te expulsaron.

Meraki asintió.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.