Maemuki

Capitulo 15 Cuando el amanecer revela lo que la noche guardó

El amanecer en el viñedo llegaba lentamente.

Primero aparecía una línea tenue de luz detrás de las colinas.

Luego el cielo comenzaba a cambiar de gris oscuro a azul pálido.

Después, poco a poco, la tierra despertaba.

El viento movía suavemente las ramas desnudas de las vides.

Los pájaros comenzaban a cantar en los árboles cercanos.

La casa de piedra seguía en silencio cuando Ramé bajó las escaleras.

Llevaba un suéter grande que claramente no era suyo. Las mangas cubrían parte de sus manos mientras caminaba descalza hacia la cocina.

Había despertado temprano.

No porque quisiera.

Sino porque había escuchado voces durante la noche.

La conversación entre Meraki y Laurent había llegado hasta el pasillo del segundo piso.

Ramé no había querido escuchar.

Pero cuando escuchó el nombre Elias

algo en el tono de Meraki la hizo quedarse quieta detrás de la puerta.

No escuchó toda la historia.

Solo fragmentos.

Traición.

Mentiras.

Expulsión.

Familia.

Y algo en la forma en que Meraki pronunció esas palabras… había dolido incluso a la distancia.

Ahora, mientras preparaba café en la cocina silenciosa, Ramé pensaba en eso.

En la mirada que Meraki siempre llevaba.

En esa dureza que parecía parte de su personalidad.

Tal vez no era dureza.

Tal vez era defensa.

El sonido de pasos suaves la sacó de sus pensamientos.

Meraki apareció en la puerta de la cocina.

Ya estaba vestido.

Como siempre.

Impecable.

Ramé levantó la mirada.

Durante un segundo ambos se quedaron en silencio.

—Buenos días —dijo Ramé.

Meraki asintió ligeramente.

—Buenos días.

Ramé le sirvió café sin preguntar.

Él aceptó la taza.

Se sentaron en lados opuestos de la mesa.

La luz del amanecer comenzaba a entrar por la ventana.

Durante unos minutos ninguno habló.

Ramé fue la primera.

—¿Dormiste bien?

Meraki miró la taza de café.

—Sí.

Ramé sabía que no era cierto.

Pero no lo dijo.

En lugar de eso, tomó su abrigo de la silla.

—Ven.

Meraki levantó una ceja.

—¿A dónde?

Ramé abrió la puerta trasera.

El aire frío entró inmediatamente.

—Quiero mostrarte algo.

Meraki la siguió.

El viñedo al amanecer

La tierra estaba húmeda por el rocío de la madrugada.

Las hileras de vides parecían interminables bajo la luz suave del amanecer.

El cielo estaba pintado con tonos rosados y dorados.

Ramé caminaba lentamente entre las plantas.

—Cuando era niña venía aquí todas las mañanas.

Meraki caminaba a su lado.

—¿Antes de la escuela?

Ramé asintió.

—Mis tíos siempre estaban trabajando.

Tocó una de las ramas con suavidad.

—Así que yo exploraba.

Meraki observó el paisaje.

—Es hermoso.

Ramé sonrió ligeramente.

—Lo es.

Se detuvo en medio de una de las hileras.

Miró el horizonte.

—Escuché parte de tu conversación anoche.

Las palabras quedaron suspendidas en el aire.

Meraki se quedó completamente quieto.

Ramé bajó la mirada hacia la tierra.

—No quería escuchar.

Hizo una pequeña pausa.

—Pero escuché tu nombre… y el de tu hermano.

Meraki no respondió.

Ramé levantó la mirada lentamente.

—Lo siento.

Meraki habló después de unos segundos.

—No tienes que disculparte.

Ramé lo observó.

—Debió haber sido terrible.

Meraki desvió la mirada hacia las montañas lejanas.

—Fue… suficiente.

El silencio volvió.

Ramé dio un paso más cerca.

—Mi familia también desapareció de repente.

Meraki la miró.

Ramé continuó con voz suave.

—Un día estaba en el asiento trasero del coche con mis padres.

Sus manos se cerraron ligeramente dentro de las mangas del suéter.

—Y al siguiente… todo había terminado.

El viento movió suavemente su cabello.

—Durante mucho tiempo pensé que era injusto.

Meraki escuchaba en silencio.

Ramé lo miró directamente.

—Pero mis tíos me enseñaron algo.

Meraki levantó una ceja.

—¿Qué?

Ramé sonrió con una tristeza suave.

—Que el dolor no tiene que definir toda tu vida.

Meraki bajó la mirada hacia el suelo.

—Es fácil decirlo.

Ramé negó suavemente.

—No.

Se acercó un poco más.

—No lo es.

El silencio entre ellos era distinto ahora.

Más cercano.

Más honesto.

Ramé levantó la mano lentamente.

Durante un segundo pareció dudar.

Luego la colocó suavemente sobre el antebrazo de Meraki.

No fue un gesto romántico.

No fue dramático.

Fue simplemente… humano.

Meraki se tensó al principio.

No estaba acostumbrado al contacto.

Pero no se apartó.

Ramé habló con voz tranquila.

—No tienes que confiar en todo el mundo.

Sus dedos se movieron apenas sobre la tela de su chaqueta.

—Pero tal vez podrías intentar confiar en algunas personas.

Meraki la observó.

Sus ojos estaban completamente sinceros.

Sin expectativas.

Sin presión.

Solo una calma profunda.

Después de un momento, Meraki habló.

—Eres demasiado buena.

Ramé rió suavemente.

—Eso dicen muchos.

Meraki negó con la cabeza.

—El mundo no es amable con las personas así.

Ramé se encogió de hombros.

—Entonces supongo que tendré que ser más fuerte.

Meraki la miró durante un momento largo.

Luego dijo algo que ni él mismo esperaba.

—Lo eres.

Ramé parpadeó.

—¿Eso fue un cumplido?

Meraki apartó la mirada.

—Tal vez.

Ramé sonrió.

El sol comenzaba a elevarse sobre las colinas.

La luz dorada iluminó el viñedo.

Durante unos segundos ambos permanecieron en silencio.




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