Maemuki

Capitulo 17 Sombras del pasado

El silencio que quedó después de que el entrenador Duvall hablara se volvió pesado.

El hielo crujía bajo los patines de otros atletas en la pista, pero alrededor de Ramé y Meraki parecía haberse formado un pequeño vacío.

Duvall observaba a Meraki con atención.

No era una mirada casual.

Era la mirada de alguien que analizaba cada detalle.

—No sabía que tenías formación en ballet —repitió.

Meraki permaneció inmóvil.

—Fue hace mucho tiempo.

Duvall entrecerró los ojos.

—El cuerpo no olvida ese tipo de entrenamiento.

Ramé miró a Meraki.

Era la primera vez que alguien mencionaba algo así frente a ella.

Había visto los movimientos.

La elegancia.

La forma en que cada giro parecía demasiado natural para alguien que solo había entrenado patinaje.

Pero nunca lo había preguntado.

Duvall continuó.

—La transición que hiciste… no es de patinaje.

Hizo una pausa.

—Es de danza clásica.

Meraki sostuvo su mirada.

—Tal vez.

El entrenador no sonrió.

—No me gustan los misterios en mis atletas.

Ramé intervino suavemente.

—Entrenador, solo estábamos probando una secuencia.

Duvall desvió la mirada hacia ella.

—Eso veo.

Volvió a observar a Meraki.

—Pero no fue improvisado.

Meraki respondió con calma.

—No.

El entrenador cruzó los brazos.

—Quiero hablar contigo después del entrenamiento.

Luego se dio la vuelta y se alejó.

Ramé exhaló lentamente.

—Eso fue… incómodo.

Meraki ya estaba alejándose hacia el otro extremo de la pista.

—Entrena.

Ramé lo siguió.

—Oye.

Meraki se detuvo.

Ramé lo observó con curiosidad.

—¿Ballet?

Meraki se quedó en silencio un momento.

Luego dijo simplemente:

—Hace muchos años.

Ramé inclinó la cabeza.

—¿Te gustaba?

Meraki respondió sin emoción.

—Era bueno.

Y siguió patinando.

Ramé lo miró alejarse.

Sabía que esa conversación había terminado.

Por ahora.

Una conversación incómoda

El entrenamiento terminó dos horas después.

Los atletas comenzaban a abandonar la pista mientras el sonido de las máquinas alisadoras preparaba el hielo para la siguiente sesión.

Meraki guardaba sus patines cuando Duvall apareció detrás de él.

—Oficina. Ahora.

No fue una invitación.

Meraki caminó detrás de él sin decir nada.

La oficina del entrenador estaba en el segundo piso del complejo.

Desde la ventana se podía ver toda la pista.

Duvall cerró la puerta.

—Siéntate.

Meraki permaneció de pie.

El entrenador lo observó unos segundos antes de suspirar.

—Está bien.

Se apoyó en el escritorio.

—Takahashi… eres uno de los atletas más disciplinados que he entrenado.

Meraki no respondió.

Duvall continuó.

—Pero siempre he sentido que hay algo que no dices.

Sacó una tablet del escritorio.

Tocó la pantalla varias veces.

Luego la giró hacia él.

En la pantalla había una noticia antigua.

Una fotografía.

Un escenario.

Un joven bailarín en el centro.

Meraki.

El titular decía:

"Promesa del ballet japonés expulsado tras escándalo familiar."

El aire de la oficina se volvió frío.

Duvall habló con voz tranquila.

—Encontré esto esta mañana.

Meraki no miró la pantalla.

—Entonces ya sabe.

El entrenador lo observó.

—Quiero escucharlo de ti.

Meraki levantó finalmente la mirada.

Sus ojos eran completamente tranquilos.

—Mi hermano mintió.

Duvall esperó.

Meraki continuó.

—Y todos le creyeron.

El entrenador cruzó los brazos.

—¿Y tú no intentaste defenderte?

Una pequeña sonrisa amarga apareció en el rostro de Meraki.

—Lo hice.

Se encogió ligeramente de hombros.

—No fue suficiente.

Duvall guardó silencio.

—¿Por eso dejaste el ballet?

Meraki respondió con frialdad.

—No lo dejé.

Hizo una pausa.

—Me expulsaron.

El entrenador lo observó durante varios segundos.

Luego dijo algo inesperado.

—No me importa.

Meraki frunció ligeramente el ceño.

Duvall continuó.

—Lo único que me importa es si ese pasado puede afectar tu carrera aquí.

Meraki respondió sin dudar.

—No.

Duvall lo estudió.

Finalmente asintió.

—Bien.

Se dirigió hacia la puerta.

—Porque las cosas van a ponerse más difíciles.

Meraki levantó una ceja.

—¿Por qué?

Duvall abrió la puerta.

—Porque dentro de tres semanas es la selección nacional para el campeonato mundial.

Meraki ya lo sabía.

Pero el entrenador añadió algo más.

—Y solo uno de ustedes obtendrá el lugar principal.

Meraki frunció ligeramente el ceño.

—¿Uno?

Duvall lo miró directamente.

—Tú o Ramé.

El silencio llenó la habitación.

Duvall habló con calma.

—Los jueces no quieren dos estilos similares en el equipo.

Se apoyó en el marco de la puerta.

—Quieren un líder.

Sus ojos se fijaron en Meraki.

—Y si ambos quieren ese lugar…

dejarán de ser compañeros.

La puerta se cerró.

Meraki permaneció solo en la oficina.

Sus manos estaban quietas.

Pero algo dentro de él se tensaba lentamente.

El inicio de una rivalidad

Ramé estaba sentada en las gradas cuando Meraki regresó.

Balanceaba suavemente las piernas mientras bebía agua.

—¿Te regañó?

Meraki dejó su bolsa en la banca.

—No.

Ramé levantó una ceja.

—Eso suena sospechoso.

Meraki la miró.

Durante un segundo dudó.

Luego decidió decir la verdad.

—Duvall anunció la selección nacional.

Ramé se enderezó inmediatamente.

—¿Qué?




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