Maemuki

Capitulo 19 El nombre que nunca desapareció

El entrenamiento de esa mañana había sido brutal.

Saltos repetidos.

Secuencias completas.

Correcciones constantes.

El entrenador Duvall parecía decidido a llevar a todos al límite desde que había anunciado la selección nacional.

Pero especialmente a Meraki y Ramé.

—Otra vez —ordenó desde la barandilla.

Ramé respiró profundamente.

El sudor frío recorría su espalda a pesar del hielo bajo sus patines.

Había repetido la misma combinación al menos quince veces.

Aun así se impulsó nuevamente.

El salto fue alto.

La rotación rápida.

Pero el aterrizaje fue inestable.

Su cuchilla raspó el hielo.

Perdió el equilibrio.

Cayó.

El sonido seco del impacto resonó en la pista.

Ramé cerró los ojos por un segundo.

El dolor subió por su cadera.

—Levántate —dijo Duvall.

No fue cruel.

Pero tampoco amable.

Era la voz de alguien acostumbrado a la dureza del deporte.

Ramé se levantó.

Meraki estaba a unos metros observando.

Sus ojos se movieron brevemente hacia su tobillo.

Evaluando.

Ramé volvió a colocarse en posición.

—Otra vez.

Meraki habló.

—No.

Toda la pista pareció quedarse en silencio.

Duvall lo miró.

—¿Perdón?

Meraki se deslizó hasta quedar junto a Ramé.

—Está perdiendo estabilidad en el tobillo.

Ramé lo miró con sorpresa.

Duvall cruzó los brazos.

—¿Ahora eres médico?

Meraki respondió con calma.

—No.

Señaló el hielo.

—Pero si la obligas a saltar otra vez, va a lesionarse.

Ramé abrió la boca para protestar.

Pero Duvall la miró.

—¿Es cierto?

Ramé dudó un segundo.

—Solo… un poco.

El entrenador suspiró.

—Diez minutos de descanso.

Se alejó.

Ramé se sentó en la banca.

Meraki se apoyó en la barandilla.

—No necesitabas decir eso.

Meraki respondió sin mirarla.

—Sí.

Ramé lo observó.

—Podría haberte ganado puntos con el entrenador.

Meraki finalmente la miró.

—No quiero ganar así.

Ramé no supo qué decir.

Entonces una de las atletas del equipo apareció con su teléfono en la mano.

—¿Han visto esto?

Varias personas se acercaron.

—¿Qué pasó?

—Es tendencia.

Ramé se inclinó ligeramente.

—¿Qué es?

La atleta giró el teléfono.

En la pantalla había un video.

Un escenario enorme.

Luces brillantes.

Un bailarín en el centro.

Elegante.

Preciso.

Magnético.

El título del video decía:

"Elias Takahashi deslumbra en el estreno mundial del Ballet Imperial de París."

Ramé frunció ligeramente el ceño.

—¿Takahashi?

Alguien habló detrás.

—Sí, es famoso.

—Dicen que es uno de los mejores bailarines de su generación.

Ramé miró el video.

El bailarín ejecutó un giro perfecto.

El público estalló en aplausos.

Entonces vio algo que la hizo quedarse completamente quieta.

El apellido.

Takahashi.

Ramé levantó la mirada.

Meraki estaba completamente inmóvil.

Sus ojos estaban fijos en el hielo.

La atleta siguió hablando.

—También hubo un escándalo hace años con su familia.

Otro atleta respondió.

—Sí, recuerdo algo.

—Su hermano también era bailarín, ¿no?

Ramé sintió que el aire desaparecía lentamente de su pecho.

La otra persona continuó.

—Sí, pero fue expulsado.

—Algo sobre sabotaje.

—Dicen que intentó arruinar la carrera de Elias.

El silencio que siguió fue pesado.

Ramé giró lentamente hacia Meraki.

—Meraki…

Él se levantó.

Su expresión era completamente fría.

—Entrena.

Y se alejó hacia el centro de la pista.

La confrontación

El entrenamiento terminó una hora después.

Ramé salió del vestuario con el corazón latiendo con fuerza.

Meraki estaba afuera del edificio.

De pie junto a las escaleras.

Mirando la calle.

Ramé se acercó.

—Meraki.

Él no se movió.

—No quiero hablar de eso.

Ramé se detuvo frente a él.

—No ibas a decírmelo.

No fue una pregunta.

Fue una afirmación.

Meraki respondió con calma.

—No.

Ramé lo miró.

—¿Por qué?

Meraki se encogió ligeramente de hombros.

—No importa.

Ramé frunció el ceño.

—Claro que importa.

Meraki finalmente la miró.

Sus ojos estaban completamente cerrados emocionalmente.

—No cambia nada.

Ramé negó.

—Cambia todo.

Meraki respondió con frialdad.

—Entonces deberías creer lo que dicen.

Ramé lo miró con incredulidad.

—¿Qué?

Meraki dio un paso atrás.

—Soy exactamente lo que dicen.

Ramé negó con fuerza.

—Eso no es verdad.

Meraki soltó una pequeña risa amarga.

—No estuviste ahí.

Ramé lo observó.

—Pero te conozco.

Meraki respondió inmediatamente.

—No.

Su voz fue más dura.

—No me conoces.

El silencio cayó entre ellos.

Ramé sintió un nudo en la garganta.

—Meraki…

Pero él ya estaba retrocediendo.

—Concéntrate en el campeonato.

Ramé frunció el ceño.

—¿Qué?

Meraki la miró con una calma peligrosa.

—Ese lugar en el equipo.

Hizo una pequeña pausa.

—Es tu oportunidad de ganar.

Ramé sintió un golpe extraño en el pecho.

—¿Eso es lo que crees?

Meraki respondió sin emoción.

—Es lo que quieres.

Ramé lo miró durante varios segundos.

Luego su expresión cambió.

Algo en ella se endureció.

—Bien.

Meraki levantó una ceja.

Ramé cruzó los brazos.

—Entonces dejemos algo claro.

Sus ojos brillaban con una mezcla de orgullo y dolor.

—No voy a tratarte diferente por esto.




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