Maemuki

Capitulo 20 El peso de un apellido

Los días siguientes se volvieron más fríos.

No por el clima.

Sino por la distancia que apareció entre Ramé y Meraki.

Antes entrenaban juntos cada mañana.

Se corregían.

Se observaban.

Se desafiaban.

Ahora…

entrenaban en la misma pista, pero como si existiera un muro invisible entre ellos.

Ramé llegaba temprano.

Meraki también.

Pero ya no hablaban.

Si coincidían en el hielo, cada uno se movía hacia lados opuestos.

El sonido de sus cuchillas sobre la pista era lo único que compartían.

Una ciudad llena de rumores

Una tarde, mientras Ramé se cambiaba en el vestuario, escuchó a dos atletas hablar detrás de ella.

—¿Lo viste?

—Sí.

—Es impresionante.

Ramé levantó la mirada.

—¿A quién?

Una de ellas respondió sin pensar.

—A Elias Takahashi.

Ramé sintió una pequeña presión en el pecho.

La otra atleta levantó su teléfono.

—Va a estar aquí esta semana.

Ramé frunció el ceño.

—¿Aquí?

—Sí.
—Hay una gala de ballet en el Teatro Nacional.

Deslizó la pantalla.

—Mira.

Ramé vio el anuncio.

“Gala Internacional del Ballet Imperial – Presentación especial de Elias Takahashi.”

Debajo del título había una fotografía.

Elias.

Alto.

Elegante.

Con una presencia magnética incluso en una simple imagen.

Su postura era perfecta.

Su mirada segura.

El tipo de artista que parecía haber nacido para el escenario.

Ramé sintió algo incómodo en el estómago.

—¿Es tan famoso?

La atleta la miró con sorpresa.

—¿No lo sabías?

—Es enorme en el mundo del ballet.

La otra añadió:

—Dicen que es el mejor bailarín masculino de la última década.

Ramé tragó saliva.

—Ah.

La conversación continuó.

—También tuvo un escándalo familiar hace años.

—Sí, con su hermano.

—Pero nunca volvió a hablar del tema.

Ramé cerró su casillero.

No dijo nada más.

Pero mientras caminaba hacia la pista…

su mente estaba llena de preguntas.

El entrenamiento

El hielo estaba lleno cuando Ramé entró.

Duvall había organizado un entrenamiento intensivo para preparar la selección nacional.

Los atletas realizaban secuencias completas.

El ambiente estaba cargado de tensión.

Meraki estaba en el centro de la pista.

Ejecutando saltos.

Su precisión era casi mecánica.

Cada movimiento perfecto.

Cada aterrizaje limpio.

Ramé lo observó por un momento.

Era imposible no admirarlo.

Pero ahora también había algo más.

Una pequeña duda.

¿Y si lo que decían era verdad?

La idea apareció sin que quisiera.

Y eso la hizo sentir culpable.

Meraki ejecutó un salto cuádruple.

Perfecto.

Pero cuando aterrizó, su mirada se cruzó con la de Ramé.

Por una fracción de segundo.

Luego ambos apartaron la vista.

Duvall dio una orden.

—Programa completo.
—Ahora.

Ramé respiró profundamente.

Se colocó en posición.

La música comenzó.

Su programa fluía con naturalidad.

Saltos.

Giros.

Transiciones.

Su cuerpo se movía con la mezcla única de patinaje y danza que la caracterizaba.

Cuando terminó, el silencio duró un segundo.

Luego algunos aplausos suaves de los entrenadores asistentes.

Duvall asintió.

—Bien.

Ramé salió del hielo.

Meraki ya estaba en posición.

La música comenzó.

Su programa era distinto.

Más intenso.

Más técnico.

Cada salto era poderoso.

Cada movimiento tenía una precisión casi intimidante.

Ramé lo observaba desde la barandilla.

Y entonces algo cambió.

En medio de una transición…

Meraki dudó.

Fue un instante.

Pero fue suficiente.

El siguiente salto salió mal.

Aterrizó con fuerza.

El hielo raspó bajo su cuchilla.

Perdió equilibrio.

Cayó.

El sonido del impacto resonó en toda la pista.

El silencio fue inmediato.

Meraki se quedó en el suelo unos segundos.

Nadie se movió.

Luego se levantó.

Intentó continuar.

Pero su siguiente giro también fue inestable.

Duvall habló.

—Detente.

Meraki se quedó quieto.

Respiraba con fuerza.

El entrenador se acercó.

—¿Qué te pasa?

Meraki respondió con calma.

—Nada.

Duvall negó.

—No.

Señaló el hielo.

—Eso no es nada.

Meraki guardó silencio.

Ramé observaba desde la barandilla.

Su corazón latía rápido.

Nunca había visto a Meraki perder el control en el hielo.

Nunca.

Duvall suspiró.

—Tómate cinco minutos.

Meraki salió de la pista sin mirar a nadie.

La noticia

Ramé estaba revisando su teléfono cuando lo vio.

Una nueva noticia.

“Elias Takahashi llega a la ciudad para la Gala Internacional de Ballet.”

Había fotos del aeropuerto.

Periodistas.

Fans.

Elias sonriendo a las cámaras.

Ramé sintió un nudo en el estómago.

Entonces notó algo más.

Un párrafo pequeño al final del artículo.

“El bailarín evitó responder preguntas sobre el escándalo familiar que marcó su carrera temprana, en el que su hermano mayor fue expulsado de la academia por sabotaje.”

Ramé cerró el teléfono lentamente.

Cuando levantó la mirada…

Meraki estaba de pie frente a ella.

Había regresado.

Su expresión era completamente cerrada.

Ramé dudó.

—Meraki…

Él habló primero.

—No lo digas.

Ramé se quedó quieta.

—¿Qué?

Meraki la miró.

Sus ojos eran oscuros.

Cansados.

—La pregunta que estás pensando.

Ramé sintió el peso de esas palabras.

—No iba a preguntarlo así.




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